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Proudhon, el apoyo mutuo y los contratos sinalagmáticos

En la naturaleza, ese complejo mundo que nunca se acaba de analizar, existe la lucha por la existencia conforme se ha demostrado, pero existe también el apoyo mutuo entre una especie o hasta con otras especies, conforme también se ha demostrado.

Esta solidaridad entre especies afecta de manera significativa a la humanidad en lo que respecta a la organización de la sociedad anarquista que nos planteamos.

Kropotkin ha demostrado brillantemente en su libro “El apoyo mutuo. Un factor de evolución”, que si bien es verdad que en algunas especies existe la lucha por la existencia, en las especies sociables el apoyo mutuo constituye una norma. Sin esta ayuda mutua las especies sociables degenerarían y/o desaparecerían devorados por sus depredadores o de hambre ante la imposibilidad de cazar de manera solitaria, pues la solidaridad en estas especies abarca no solamente los momentos de peligro, sino también a la hora de la caza.

Así, nuestra sociedad humana requiere esa ayuda mutua no solamente en las catástrofes naturales, sino también a la hora de laborar para producir, pues es bien sabido que la especie humana requiere laborar para producir su alimento y los productos de su necesidad, a diferencia de las demás especies humanas.

Esta solidaridad se da en nuestra especie también de manera natural salvando a la humanidad de peligros, ayudando en las catástrofes humanas y naturales y en el mismo puesto de trabajo, que no es otra cosa que la fuerza colectiva empleada en una misma actividad según ha demostrado también Proudhon. Esta fuerza colectiva constituye en economía lo que es el apoyo mutuo en la naturaleza: la cooperación de unos y otros individuos; ante el depredador y para cazar en la naturaleza, en la producción en la industria, el campo y el comercio. En ambos casos, la defensa, la caza y la producción, no son otra cosa que actos y productos fruto de la cooperación y la solidaridad, imperiosa en algunos casos, voluntaria en otros, pero en ambos fruto de la cooperación (1).

Pero esta solidaridad, este apoyo mutuo, no se da siempre de manera refinada, compacta, sólida, sino que a veces presenta ciertas fracturas a la hora de practicarse debido a la multiplicidad de pensamientos y concepciones de la vida.

La práctica de un concepto moral como el apoyo mutuo no se da de manera mágica en las personas, sino que exige un esfuerzo de la voluntad humana para ejercerse. Hay conductas antisociales fruto de la deformación social provocada por el capitalismo que empuja a unos y otros a la competencia, a ver primero por sí mismos, a buscar incluso en la desgracia ajena el beneficio propio, y estas conductas no desaparecerán de un momento a otro cuando estalle la revolución social e incluso cuando se instaure la sociedad anarquista por la que luchamos.

Serán conductas que se habrán de combatir, de erradicar con el ejercicio de la libertad, la justicia y el apoyo mutuo en los grados que se pueda practicar.

Las personas, lo hemos dicho infinidad de veces, no se transformarán en personas nuevas de un momento a otro. Es preciso que desde ahora se comience a hacer dejación de vicios autoritarios, que se practique la ayuda mutua y la fraternidad humana, pero es algo que solamente podrá ser superado cuando las personas se armen de voluntad para empujar en sentido contrario al actual. La flojera, el desánimo, son conductas que también obstruyen la práctica del apoyo mutuo. Se requiere, pues, que la gente tenga el ánimo, las ganas, la voluntad para ejercerlo.

Aunque inscrito en los genes humanos por ser una especie sociable, el apoyo mutuo no se realiza si las personas no se deciden a ejercerlo, no se ejercita de manera mágica y sin la voluntad humana.

Así, el apoyo mutuo depende de un factor externo (voluntad) que si bien no tiene la misma intensidad de todas las personas es algo que se debe ejercitar como un músculo, teniendo en cuenta que sin ello todo se convierte en dejación de actos.

El mismo precepto de apoyo mutuo tiene también sus múltiples variantes en las personas.

Hay para quienes el apoyo mutuo representa una norma de vida, una posición firme e inamovible en su vida, pero hay quienes de este concepto toman la mayor parte sin llegar a un compromiso tan estricto y firme, y hay quienes incluso tienen del apoyo mutuo un concepto más relajado.

Esta divergencia de un concepto es normal puesto que el ser humano no es único en su pensamiento. Este se diversifica sobre un mismo concepto, teniendo de él intensidades diversas.

“La verdad es una pero se nos aparece fragmentariamente desde los más diversos ángulos; nuestro deber es expresarla tal como la vemos, a reserva de contradecirnos, real o aparentemente" (2)

De esta manera Proudhon nos indica lo que venimos comentando: el apoyo mutuo y la solidaridad está en nuestra naturaleza, pero los vemos desde distintos ángulos e intensidades.

Así, hay quienes aman profundamente a su pareja, y hay para quienes el amor es un concepto más relajado; hay quienes de la amistad tienen un alto grado y quienes tienen un concepto más relajado de ello; todos estos conceptos, como el apoyo mutuo, difieren en intensidad en cada persona.

Y si el apoyo mutuo y la solidaridad presentan concepciones distintas en las personas, es entonces normal que a la hora de practicar la sociabilidad haya diferentes formas de organizarse, de solidarizarse y de entenderse unos con otros.

El apoyo mutuo no será, entonces, la fórmula mágica que hará posible la convivencia en sociedad dentro del anarquismo, sino solamente una concepción del asunto.

Para los temas en los que no haya entendimiento (y hemos de pensar en esas posibilidades) o que lo haya de manera difícil, existen diversas formas de entenderse: una de ellas es el contrato sinalagmático esgrimido por Proudhon.

Por contrato sinalagmático en el pensamiento proudhoniano se entiende un contrato entre dos o más partes en beneficio y obligación propios. No es el beneficio de una sola parte contratante en perjuicio de la otra; indica una igualdad de obligaciones y beneficios entre dos partes. Cada parte contratante se compromete con su homólogo a cumplir lo estipulado, y a recibir el beneficio del contrato en igualdad de condiciones y términos.

Así, la obligación y el beneficio del contrato va y vuelve una y otra vez de una parte a otra, en una circulación constante e imparable.

Estos contratos sinalagmáticos, como su nombre indica, no son unilaterales, no significan el beneficio de una parte a costa de la otra. El beneficio de una sola parte contratante del contrato haría de este un contrato unilateral, unidireccional.

El contrato sinalagmático indica un pacto, una relación, un entendimiento que va en dos direcciones, benéfico a ambas partes contratantes en un sentido de ida y vuelta, y nuevamente de vuelta e ida.

Entendido el contrato entre dos personas es sencillo de comprender, pero el problema se presenta a la hora de entender este contrato en varias direcciones.

Un contrato sinalagmático de múltiples direcciones implicaría un pacto que respetaran todas las partes participantes sin llegar por ello a una especie de constitución política.

Una constitución política implicaría la centralización política, y con ello la muerte de la libertad y del apoyo mutuo para ser remplazados por la esclavitud política y las relaciones sociales basadas en la competencia, en otras palabras, el beneficio sería solamente en una dirección que beneficiaría a una sola o unas solas partes en detrimento de las demás.

En esto se diferencia enormemente el contrato sinalagmático de Proudhon del contrato social (deberíamos decir político) de Rousseau.

En el contrato social de Rousseau el individuo entra a formar parte del pacto aún sin conocimiento alguno de su celebración. Al nacer entra a formar parte de la sociedad sin conocimiento de las implicaciones del contrato del que se supone forma parte, pero no solamente esto. El pacto Rousseuniano implica que el individuo acepta lo que no conoce, enajena su libertad y la justicia en aras de una sociedad que le esclaviza sin que siquiera lo advierta. Esa sociedad a la que entra se encuentra ya formada y entra en ella como esclavo, atado de pies y manos, haciendo dejación de su libertad por que no tiene sitio alguno al cual retirarse.

Ese contrato social reaccionario y demagogo es todo lo contrario de lo que se busca como anarquistas.

En el contrato sinalagmático proudhoniano el individuo entra a formar parte contratante sabiendo sus obligaciones y sus derechos. No hay centralización alguna, y puede retirarse de ese pacto y formar otros o ingresar a otros en los que se satisfaga mejor su concepción de libertad y justicia.

Trasladado a las comunas libremente federadas que propone el anarquismo, el rechazo de un determinado contrato sinalagmático por no satisfacer los deseos de un individuo, se traduce en dejar la comuna y formar parte de otra que sea más de su agrado o bien formar una propia con gente afín, federándose con las demás comunas también por un contrato sinalagmático de respeto mutuo o de intercambio y ayuda mutuas.

Tal contrato hace equivalentes en derechos y deberes, en lo político, lo económico y lo social a todo el que entre a formar parte de dicho contrato.

El contrato sinalagmático proudhoniano aplicado a la sociedad entera significaría el apoyo mutuo aplicado de una manera más imparcial y no tan fraterna necesariamente, pero justa: el respeto mutuo.

El apoyo mutuo implica una relación de simpatía y/o empatía para con quien se practica, pero esta simpatía y empatía no siempre existe, y ahí donde no existe sólo queda un remedio: el respeto mutuo.

Quizá no te tengo simpatía, ni siento empatía por ti, pero te respeto.

En el contexto del contrato sinalagmático pido respeto para mí y lo doy para quienes me lo dan (3).

Así, el respeto mutuo vendría a solucionar aquellas circunstancias en las que el apoyo mutuo varía en intensidad o incluso donde no existiese, excluyendo del contrato a quienes piensen someter a los demás a la esclavitud económica, política o social, con los cuales el contrato bidireccional de respeto se rompe y no puede existir.

Respeto de todos hacia todos, incluso cuando no haya simpatía, tal es el bastón de apoyo del apoyo mutuo kropotkiniano, la solución vista y aportada por Proudhon decenas de años antes de que Kropotkin formulara sus ideas.

El apoyo mutuo como ejercicio natural y humano, el contrato sinalagmático como solución de las posibles diferencias de carácter y pensamiento, la federación como articulación, el ser humano como células orgánicas del sistema social.

En el pensamiento proudhoniano el taller sustituye al gobierno, el mutualismo sustituye al capitalismo, la democracia industrial sustituye a la sociedad basada en la competencia, la posesión sustituye a la propiedad, el federalismo sustituye al centralismo y el contrato sinalagmático sustituye a las leyes.

Así, las leyes, los códigos escritos, la obligatoriedad para todos de obedecer a ciegas unas leyes caducas y anticuadas, son sustituidas por los pactos siempre rescindibles, siempre modificables por cada comuna e individuos. Nada de leyes, nada de represiones, nada de centralismo por obediencia a unas leyes.

A su vez, los contratos sinalagmáticos tienden a unir a los individuos en redes solidarias, lo que diluye las relaciones de poder y autoridad hasta hacerlas inexistentes, como bien apunta Pierre Ansart:

“Efectivamente, al ir evolucionando y creciendo las relaciones económicas y la iniciativa industrial, se va creando entre los productores un vínculo no basado en la autoridad de unos sobre otros, sino en un acuerdo mutuo, en un contrato, y en la medida que el número de grupos participantes es suficientemente grande, la iniciativa propia, el contrato, tienden a desplazar las relaciones de subordinación, de autoridad” (4)

La libertad, la más amplia libertad para el individuo. La solidaridad practicada en su más alto grado, y el respeto mutuo entre individuos y comunas garantizado.

Renunciamos voluntariamente a hablar de la democracia industrial y de los demás conceptos enunciados más arriba de manera detallada del pensamiento de Proudhon porque excede el tema principal de este artículo.

Es suficiente con haber hecho observar algunas cosas puntuales: el apoyo mutuo es un ejercicio de los animales sociables. Si bien es algo genético en el comportamiento humano, su aplicación por sí misma y como fórmula mágica e involuntaria no se da o se da en diversos grados y de lo que se trata es de que se dé de la manera más amplia posible. Para poder ser un pilar de una sociedad en armonía implica un alto grado de voluntad para ejercerse. Así, una sociedad anarquista no deberá basar su actividad social en el apoyo mutuo como algo mágico que florecerá por arte de magia una vez derribado el Estado, y será necesario que la voluntad salga a flote para practicar el apoyo mutuo y obtener unas relaciones sanas en una sociedad libre de la autoridad.

A su vez, y debido por la multiplicidad de caracteres y pensamientos, ahí donde la simpatía y la empatía no se presenten, será únicamente el contrato sinalagmático, base del respeto mutuo, el que limará las posibles discusiones y generará un ambiente mucho más favorable a la práctica de la libertad y la justicia.

El contrato sinalagmático será la erosión y aplastamiento definitivo de todo tipo de leyes escritas, facilitando no solamente el apoyo mutuo y el respeto mutuo, sino favoreciendo el federalismo del individuo y de las comunas libremente federadas.

Erick Benítez Martínez

Notas:

1.- Se entenderá que solamente se toca el aspecto de la cooperación para la producción en lo que a la industria se refiere. No tocaremos temas como la plusvalía generada de la fuerza colectiva (concepto proudhoniano) pues se sale de los propósitos del presente texto. Baste con demostrar que la cooperación, voluntaria o imperiosa por las propias necesidades de la producción se desarrolla también en la industria, lo mismo que, voluntaria o imperiosa por la caza o la defensa, se da también en la naturaleza.

2.- P. J. Proudhon. Carta del 4 de marzo de 1863. Citado según Víctor García, El pensamiento de P. J. Proudhon, página 19. Editores Mexicanos Unidos, México DF, 1982.

3.- Tal concepción de respeto aún hacia quienes no siento simpatía ni empatía no es nada nuevo. Cuando Diego Abad de Santillán formula la idea de comunas mixtas de organización política y hasta económica no hace más que hablar de este respeto mutuo; Malatesta también prevé que los anarquistas puedan no ser mayoría (posibilidad solamente) y que deban exigir para sí mismos el respeto y los medios necesarios para organizarse conforme ellos lo deseen.

En ambos casos se debe pensar, porque es muy probable que aún en una sociedad anarquista haya diferencias de concepciones hacia un concepto, como el comunismo en tanto que sistema económico de producción y distribución, y recurrir a la norma generalizada para todos sería la muerte del propio principio de libertad y justicia.

4.- Pierre Ansart, Sociología de Proudhon, página 137. Editorial Proyección, Buenos Aires Argentina, 1971. Impreso en Uruguay.

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