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Filosofía y Libertad

Ésta va para ese anónimo que me anima a escribir

No tengo duda. La filosofía no nació del estupor ante la naturaleza, ni de la necesidad de dar explicaciones a nuestro universo, ni de la curiosidad, ni de la pasión o el deseo de saber, la filosofía nació del deseo de libertad. Porque hay una condición que es necesaria y suficiente para que surja el conocimiento filosófico y que, por el contrario, elimina toda posibilidad de pensamiento regido por la razón, y es la necesidad de dar justificaciones que vayan más allá de la autoridad. La filosofía es cuestionamiento de la autoridad y continuo razonar en ese sentido. Sí, es cierto que también Platón no andaba desencaminado al darle un carácter erótico al proceso del conocer, pero eso nace de la propia condición humana y de la forma en la que tenemos de relacionarnos físicamente con nuestro entorno. No existe otra forma de acercamiento a la naturaleza que no sea física y todo nuestro cuerpo está diseñado para funciones que tienen que ver con la satisfacción de necesidades básicas que tienen que ver con la reproducción y la alimentación.

También es verdad que en sociedades en las que esas necesidades están cubiertas, la cultura puede hipertrofiar nuestro sentido del deseo sensual y estético y hacernos olvidar el fundamento primero de nuestros sentidos. Pero, lejos de ser una cárcel, ese cuerpo es el que da la libertad siempre que uno acepte ciertos principios básicos que tienen que ver con la comprensión y aceptación o rechazo de ciertos deseos y el poder que tienen aquellos que conocen nuestras pasiones y las manipulan a su antojo.

Como pequeña cuña que poco tiene que ver con este texto diré que en la antigüedad a aquellos capaces de condicionar nuestros deseos se los ha llamado brujas, magos, hechiceros, chamanes o alquimistas y que hoy en día se los llama creativos o publicistas por no relacionarlos con los propagandistas que tendrían su mejor representación en Goebbles. Extrañamente, a todos ellos se los ha repudiado históricamente. Hoy en día adoramos a los que yo tiendo a llamar “destructivos” porque no crean más que la ruina. La publicidad nace del estudio de los deseos y se canaliza a través de la perversión del arte y la cultura.

La filosofía es libertad en su origen. Sé que alguno ha considerado la filosofía como una tarea burguesa sólo posible en sociedades donde la clase trabajadora esclava permite a una élite dedicarse a pensar. Lejos de ser así, y a pesar de que es cierto que ha sido principalmente la burguesía la que se ha dedicado a la filosofía y que en Grecia eran los ciudadanos los que se dedicaban a ella, recordemos que gente como Diógenes el Perro también fue filósofo, así como Zenón de Citio o Antístenes. No existe ningún principio que obligue a la filosofía a apelar de ninguna forma a ningún distintivo de clase. Si ese es el caso es porque es un arma poderosa y los que detentan el poder la quieren para ellos.

Eso sí, la filosofía sólo lo es si busca la libertad y cuestiona la autoridad y deja de serlo cuando es condescendiente con el poder para transformarse en apologética. Suele ser el caso que sean los menos pudientes o aquellos con la sensibilidad suficiente como para solidarizarse con ellos los que se acercan al conocimiento de esta forma. Por otro lado, siempre han existido los que han sido cómplices de atrocidades, han apoyado regímenes totalitarios o se han confundido en su interpretación del momento histórico para después rectificar en su apreciación. Sería justo estudiarlos como quién lee cualquier otro texto, que es siempre el intento de convencer a alguien de algo, en ocasiones, incluso, de crear el mundo a través del texto.

Cuando uno afirma que filosofía es libertad, de pronto entiende cómo ha sido constantemente cuestionada en todos los planes de estudio de occidente. No es infrecuente que la legión de gestores y burócratas adoctrinados en la cultura del expolio empresarial lleven a cabo estudios de riesgo sobre los departamentos de las universidades. Y, parece ser, que los departamentos de filosofía suelen ser bastante arriesgados. A los filósofos no les sorprende. Saben que el camino hacia la verdad es una aventura perdida de antemano, peligrosa y atestada de miserables éxitos e incontestables fracasos. ¿Para qué la filosofía entonces? Porque si el pensar crítico con el poder y el dogma es una empresa difícil, el no hacerlo nos lleva a la desgracia asegurada. ¿Por qué optamos entonces por la desgracia? Sin duda porque hay gestores, burócratas, bachilleres, que diría don Quijote, junto con curas y barberos que apuestan al caballo perdedor. Por desgracia, amigo mío, el caballo perdedor eres tú. Y si tú consientes que la educación consista en asimilación conceptual y conocimiento de ciertas habilidades específicas que te habiliten para trabajar, estás abocado a los Tiempos Modernos de Charles Chaplin en sus múltiples versiones. Es decir, a vivir del trabajo mecanizado, a ser tarde o temprano substituido por una máquina y a contribuir a una sociedad basada en la producción (aunque sea sólo de humo, tanto carbónico como fantasmagórico-financiero) sin plantearse para qué ni por qué. Es decir, a la esclavitud y a la alienación. Alguno podrá decir que ha decidido estar así y que es feliz de esa manara y yo le recordaré que siempre ha habido esclavos que han decidido serlo y que eso no implica la justicia ni las bondades de la esclavitud.

En definitiva, la filosofía, al igual que otras muchas actividades que han sido usurpadas por ciertas clases pudientes, estoy pensando en la música, la literatura o el deporte, no son de suyo absurdas y conformistas. Ciertas historias de la filosofía, así como algunas formas de enseñarla tanto en los últimos cursos de de bachiller como en la universidad pueden resultar no solo condescendientes, inaccesibles, obsoletas e indulgentes, sino también constituir un simple argumentario a favor del poder establecido. Esa ha sido también la línea que han seguido algunos filósofos españoles post-franquistas que se han declarado no estar interesados en las corrientes filosóficas más importancia de su tiempo para ser “filósofos de compañía” comprometidos con “darse a la buena vida”, la que llevaban ellos, suponemos. Por supuesto, la filosofía de la libertad, la única que puede tomar el nombre de filosofía dignamente, también está dedicada a conseguir la buena vida, pero esto dista mucho de apelar a la ignorancia y a convertirse en decoración cortesana y quizá tenga mucho más que ver con la humildad, el trabajo en común y alguna dosis de cura de ego. En definitiva, sería un grandísimo error que renunciásemos también a la filosofía por considerarla un pasatiempo elitista y no una herramienta más para conseguir la libertad.

 Ioanes Ibarra
http://ioanesibarra.blogspot.co.uk/
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