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Escuela, despensa y siete llaves al sepulcro de Durruti

LlavesHace siglo y medio el intelectual Joaquín Costa propuso la completa regeneración de España ante su decadencia y atraso y ante el shock que supuso el desastre del 98, con el desmoronamiento de lo que un día había sido un imperio.

Con ese lema - "Escuela, despensa y siete llaves al sepulcro del Cid" -  resumía Costa su propuesta para que hubiera alguna posibilidad de avance en la sociedad española.

Hace más de setenta años el anarquismo español se encontraba en una situación de enorme desarrollo: La CNT, como sindicato, estuvo al borde de reunir más de un millón de afiliados y su actividad y compromiso en la lucha de clases era inigualable; proliferaban aquí y allá los ateneos y escuelas libertarias; una organización específica como la FAI se erguía fuerte y orgullosa con los mejores elementos de la lucha por la liberación humana y otras organizaciones como la FIJA o Mujeres libres cumplían con una labor inestimable en la tarea de la formación de una conciencia social emancipada. Fueron años de avances.

Y sin embargo, vivimos nuestro particular desastre del 98, que se ha alargado durante más de medio siglo.

Tras nuestra derrota en el 39 por las fuerzas del fascismo internacional sobrevino el exilio y la clandestinidad. Nuestro anarquismo, el español, fue el último en ser derrotado de los anarquismos europeos. Nuestros compañeros rusos, una de las fuerzas que impulsó la revolución proletaria, fueron aplastados por el Estado leninista. Destino similar sufrieron los ucranianos, traicionados por el ejército ruso. Y tan solo una década antes el fascismo de Mussolini había desarticulado el movimiento en Italia. El desarrollo del anarquismo como alternativa acabó en los inicios del siglo XX. Mucho se perdió entonces.

Vimos una breve resurrección de nuestras ideas de manos de los movimientos de la contracultura. Sin embargo, el anarquismo había perdido ya entonces su carácter social. Tan solo ese lado de libertad entendida desde el punto de vista burgués, de vida bohemia, se había conservado.

Con todo, sobrevivimos al franquismo. La CNT daba en el 77 un mitin en Montjuic al que acudieron varios centenares de miles de personas. Tras ello, el desastre, la fragmentación y el desmoronamiento del movimiento libertario.

Desde entonces han pasado tres décadas en las que no nos hemos recuperado del golpe, manteniéndonos como un movimiento minoritario, residual según algunos libros de texto. No hemos sido capaces de reconstruir nuestras organizaciones ni de formarnos como una alternativa seria ante la realidad actual.
¿Por qué no ha sido así? ¿Cómo solucionarlo? Seguro que te has hecho estas preguntas en alguna ocasión, al menos si consideras que el anarquismo es la teoría encargada de la emancipación de la humanidad, y no una simple moda o un estilo de vida visto desde un punto de vista narcisista.

No me creo poseedor de la verdad absoluta y todo lo que se ponga a continuación no es otra cosa que mi opinión personal. Sin embargo, me tengo por un buen observador y me gustaría trasmitir algunas de las cosas que he podido ir observando en mi contacto con la realidad del anarquismo español.

Por eso, e igual que Costa hizo un día ante la decadencia de España, propongo tres puntos que deben ser llevados a cabo para luchar contra la decadencia del anarquismo:

Escuela.

Desde la transición y a lo largo de estos más de treinta años el anarquismo español ha ignorado algo fundamental para cualquier movimiento que aspire a su evolución y continuidad: La formación de sus militantes.

Ninguna de las organizaciones actuales del anarquismo organizado español hacen importantes esfuerzos en desarrollar planes de formación serios.

Como resultado, una buena parte de los anarquistas españoles carecen de los conocimientos más rudimentarios sobre la teoría y praxis libertaria. En particular, es en el conocimiento de los diferentes modelos organizativos del anarquismo y de las bases teóricas fundamentales donde hay una mayor carencia.

Se lee a autores de la postmodernia como Rodrigo Mora o Kaczynski pero las obras magnas de autores tan determinantes como Bakunin, Kropotkin o Malatesta son en su mayor parte poco conocidas por un importante sector de la juventud anarquista.

Todo ello conduce a la confusión de conceptos fundamentales, en una capacidad organizativa limitada por el desconocimiento y a un panfletarismo burdo y poco dado a calar entre la gente.

Es necesario emprender una tarea en la formación. Considero que es clave que los jóvenes anarquistas interesados en la revitalización del anarquismo emprendan esta tarea que no llevaron a cabo sus mayores, que se formen y que se conviertan en formadores. El anarquismo debe ser estudiado de nuevo. El trabajo teórico y práctico desarrollado por nuestros predecesores debe ser recuperado para no tener que empezar de cero en cada nueva generación y eso solo lo garantiza el darle una importancia capital a la formación.

Despensa.

Así como una familia necesita de una despensa que asegure su supervivencia, el anarquismo necesita de una organización que cumpla igual tarea.

Solo un anarquismo organizado que se fortalece en las luchas sociales puede tener oportunidades de convertirse en un moviiento determinante para el cambio social.

El anarquismo sin organización, atomizado y reducido al ámbito privado o al grupo de amistades es tan inofensivo para el Estado y el capitalismo como lo son los clubes de jugadores de dominó.

Alguien podría alegar que el anarquismo español ya tiene sus organizaciones, sus viejas organizaciones: La CNT, la FAI y las juventudes.

En efecto, tales organizaciones siguen existiendo, pero cometieron un error que, considero, las ha condenado.

Y es que el anarquismo español, tras perder a sus bases, quedando solo sus elementos más comprometidos, intentó reconstruirse desde arriba hacia abajo, al contrario de como corresponde al federalismo anarquista.

Así, nos encontramos con formas organizativas complejas, que corresponderían a un elevado nivel de desarrollo del movimiento anarquista, y que sin embargo están vacías y carentes de toda base. No es de extrañar ver sindicatos de la CNT vacíos de militantes, mantenidos tan solo por antiguos anarquistas ya jubilados o grupos de la FAI o de las juventudes que tienen más que ver con una pandilla de amigos que con un verdadero grupo de lucha y, a pesar de ello, sus estructuras están pensadas para ser mantenidas por enormes bases. Bases que un día existieron, pero que ya no existen.

Como resultado de esto nos encontramos con organizaciones rígidas, donde desde hace años prima lo viejo sobre lo nuevo. Los nuevos elementos, las nuevas ideas y formas, tienen una capacidad casi nula de cambiar estar organizaciones, controladas como están -aunque no sería correcto generalizar- desde hace décadas por elementos inmovilistas.

Esto ha derivado en sucesivas luchas de poder, escisiones y finalmente a la atomización del movimiento en múltiples organizaciones, casi todas ancladas en las viejas formas organizativas, que no se corresponden con la realidad de un anarquismo al que le queda muy lejos, incluso, la federación.

Si esas organizaciones quieren verse reconstruídas algún día deben abrir las puertas al futuro, a las nuevas ideas, a los jóvenes. Para así, verse libres de sus rígidas estructuras ancladas en el pasado y poder desarrollarse como se desarrollaron las antiguas organizaciones en su momento, desde la base y hacia arriba, como corresponde al movimiento anarquista.

Siete llaves al sepulcro de Durruti.

Que no se malinterprete este último titulo. Considero que hay que mantener viva la memoria de nuestro pasado, pues está lleno de grandes lecciones de las que aprender.

Sin embargo, el anarquismo español recurre a menudo a la mitificación de su pasado, y a la búsqueda de legitimidad en el mismo. No es raro ver como organizaciones anarquistas defienden su validez en que son "históricas" o "auténticas". Todo eso debe quedar atrás.

La mitificación del pasado es el recurso que busca toda sociedad para estancarse en el conservadurismo e inmovilismo.

Solo aceptando que ya no somos lo que fuimos, solo librándonos de esa carga podremos afrontar el futuro y volver a ser algo.

Toda época, toda crisis, todo pasado, deben ser superados para que haya un futuro posible. Ya no estamos en las barricadas barcelonesas del 36, ni en los movimientos sociales de los sesenta, ni escuchando a las viejas glorias en Montjuic en el 77. Estamos en 2012, vencidos y en el suelo, y debemos levantarnos.

Hay pues que estudiar y comprender nuestro pasado, para así dejar de mitificarlo y librarnos de sus cargas. Así como Nietzsche defendía la muerte de Dios como condición para el advenimiento del suprahombre, los anarquistas debemos defender la muerte de los viejos mitos para la evolución de nuestro movimiento.

Cabe decir que todo esto ha sido escrito para aquellos anarquistas que, en su juventud - sea cualquiera su edad - busquen el dar vida nueva a un movimiento que tantas derrotas ha sufrido durante tanto tiempo. Como diría Kropotkin: "A éstos me dirijo, que los viejos -los viejos de corazón y de espíritu, entiéndase bien- no se molesten en leer lo que no ha de afectarles en nada."

Es ahora cuando los jóvenes anarquistas tenemos que hacernos con las riendas de nuestro movimiento, sin renegar de nuestro pasado y de nuestros antecesores, pero sin que nuestro pulso tiemble a la hora de arrebatar la dirección del anarquismo de aquellas manos que durante tanto tiempo solo han contribuido, con o sin intención, a mantenerlo en la marginalidad.

Es posible que solo siguiendo estos tres puntos: Escuela, despensa y siete llaves al sepulcro de Durruti,  tengamos alguna oportunidad de futuro.

Yeray Campos
http://emancipacionblog.blogspot.com/2012/01/escuela-despensa-y-siete-llaves-al.html
Tags: escueladespensaanarquismollavessepulcroDurruti
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