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¡Fútbol!

Pelota“El fútbol idiotiza”. Nunca una frase hubiera tenido tanta razón como ésta desde que el fútbol profesional se ha convertido en un negocio. Todos conocemos este deporte, cuyo origen es irrelevante en estos momentos, y sabemos que consiste en un juego entre dos equipos en el cual el objetivo final es meter un balón cosido por niños asiáticos en la portería contraria. Tampoco es muy relevante. Ahora nos preguntaremos el por qué de un deporte, como otros muchos, se ha quedado grabado en las mentes de mucha gente. Tal profundo es la marca incrustada en los sesos de la población que son capaces de llorar de emoción si el equipo al que simpatiza gana un título, de discutir si lo difaman, de gritar con todas sus fuerzas cuando éste mete un gol y de seguirlo allá donde tenga que jugar.

Por cuestiones de extensión, he tenido la preferencia de tratar este tema en el contexto actual. Analizando el entorno, nos damos cuenta de que vivimos en una sociedad en que el aburrimiento se ha entrometido en nuestras vidas, cada vez más mecanizadas por la rutina. Al tener la necesidad de deshacernos de ello, buscamos diferentes maneras para eludir dicho lastre en el entretenimiento fácil que nos ofrecen las grandes empresas. Entre ellas encontramos el fútbol profesional, todo un mundo donde los debates son infinitos y no se exige un gran esfuerzo a la hora de generar una opinión. Por ello, es fácil que cualquier aburrido que no le guste pensar se enganche.

Sobre todo hay que destacar que el fútbol-espectáculo tiene una gran difusión mediática donde está presente en diarios específicos dedicados a ello, un hueco entre la prensa comercial de siempre, en la red, en las radios y en la televisión. Con todos esos voceros detrás, no es de extrañar que tanta gente se deje la piel en “su” equipo. Contando además de los métodos que se utilizan generalmente para captar fieles como pueden ser curiosidades sobre jugadores, debates televisados etc, en el cual el lenguaje empleado principalmente contiene adjetivos valorativos que acompañan a los sustantivos para resaltar la subjetividad y de preguntas retóricas junto con un una entonación, en caso de ser oral, muy expresiva con el fin de transmitir emoción al ambiente para dejar al espectador embobado atacándole el subconsciente.

Otro aspecto importante a comentar, aunque no atine en todos los casos pero deduzco que en la mayoría sí, es que durante nuestra infancia hemos jugado al fútbol alguna vez con los amigos. Como entonces era considerado un juego, nos agradaba y, por tanto, se generaba un entorno propicio a engancharse ante la tele viendo partidos. Paralelamente a ello, brota en sus mentes el sentimiento de identidad, en el cual cada individuo se siente identificado con tal equipo y lo hace “suyo”. Surge así un sentimiento de pertenencia a un grupo de personas con un interés común para no sentirse aislado.

Y así, de generación en generación y de boca en boca, se va propagando esta forma de ocio y negocio, presentada malamente como un deporte, que deja a la población enganchada en la idiotez y en un bucle de pensamientos y opiniones inútiles dentro de un marco fútil. Que se den por aludidos incluso aquellos aficionados a cualquier otro tipo de deporte de élite. Y tanto es el grado de estupidez alcanzado que quienes, aun sabiendo que es un negocio que mueve miles de millones, no les importa en absoluto puesto que ellos, como excelentes ejemplos de conformistas, se quedan satisfechos por el espectáculo y la diversión que ofrece y además funciona como vía de escape ante una mecánica y deshumanizada rutina.

Sin embargo, no tengo nada en contra del fútbol como juego entre amigos para pasar el rato.

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