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¿En qué se diferencia un indignado de un antisistema?

ProsistemaEl Acratosaurio está ante el oficial de reclutamiento. Coleta, barba, mirada sonriente, joven… — ¿Qué sabes hacer? —me pregunta.

 — Buzo militar; técnico en demoliciones; experto en cerbatana; agente de la Guerra Fría; colocando en el asiento una chincheta con cianuro asesiné a…
 — Consenso de mínimos: a la Comisión de Higiene.
 
El Acratosaurio, humildemente, se ha pasado semanas recogiendo porquerías de las jodidas acampadas, acatando responsablemente el maldito mandato asambleario. Pensaba que sería el Gran Estratega. Pues no. Ni puto caso.
 
Mucha gente de las acampadas, muy rara. Mira que pedir buenos jefes, políticos incorruptibles y jueces justos. Igual podrían pedir leones vegetarianos.
 
No obstante, miles de personas se han manifestado (1). El fenómeno es, inevitablemente, multiverso. Junto con unas elucubraciones pacatas acerca del origen, desarrollo y solución de nuestros padecimientos sociales, se ha generando un proceso organizativo, que surge de las muchas voluntades. Por no declararse antisistema, el Sistema ha tolerado: los periódicos lo presentan con un puntillo simpático, como a ese sobrinito tonto que, a pesar de todo, se quiere. Los políticos no se atreven a cargar muchas tintas... Ambos están dispuestos a tirarse al cuello del indignado en cuanto haga falta, y llamarle antisistema. La diferencia entre un indignado y un antisistema es la siguiente: al indignado le parte la cara la poli, y canta el kumbayá. Al antisistema también le rompen la cabeza, pero responde cantando el cagüendios. El tránsito de una situación a otra, suele ser muy rápido. Una vez tiene el indignado rota la cabeza, le entran ideas antisistema por el bujero.
 
Proceso diverso, en el que convive la ceguera, la conspiranoia, el reformismo (2)…, con el análisis, la crítica y la resistencia. No puede ser de otro modo, ya que sus participantes son múltiples, heterogéneos, y así tienen que ser las ideas circulantes. Pero ahí están ellos también, diciendo que no tenemos futuro, que cualquier ley electoral es un abuso, que la corrupción política va de la mano del sistema…
 
Hay libertarios que se quejan del dominio de ideas absurdas. Dicen que disponen la mesa, el acta y la palabra…
 
 No hay que quejarse (3). Lo bueno y lo malo forma parte del proceso. Si se extiende, si los protestatarios pasan de miles a cientos de miles, no habrá manipulación posible, ni infiltración policial, ni idea sectaria, que pueda parar el embate social. Será inútil, porque no se detienen con policías ni con ejércitos los terremotos.
 
Motivos hay para no ir a procesos asamblearios como los que estamos viviendo. Claro. Pero el día que tengamos que avanzar con la mierda hasta el cuello, con el cetme sobre la cabeza, bajo el fuego de granada y de mortero, y sin merienda, también habrá buenos motivos para quedarse en casa, o a veinte kilómetros del ruido.
 
Ir…, a donde haga falta. Lo que es de uno es de todos, lo que es de todos es de nadie, lo que es de nadie es de uno.
 
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NOTAS
 
(1) Miles se han manifestado, pero recordemos, con modestia, que más de diez millones de personas votarán próximamente al PP, arrasarán en el Gobierno, ocuparán ministerios, secretarías, subsecretarías... Con un programa de privatizaciones, recortes, bajadas de sueldos de trabajadores y reducciones de impuestos a los ricos. Los que dicen que las ideologías han muerto y que los partidos han pasado a la historia, que hagan el favor de comprobar que el PSOE tiene en imprenta el reglamento de la negociación colectiva y el de los EREs.
 
(2) Supongo que lo de Revolución Española irá de cachondeo, o se referirá a la victoria del PP.
 
(3) La queja, en general, sólo sirve para quejarse. Estamos viendo formas de movilización que no sabemos hasta dónde pueden llegar. El 14-M demostró que con mensajitos de móvil puede caer un Gobierno. El 15-M que hay mucha gente con una inquietud soterrada, que no se puede expresar por los cauces oficiales. ¿Qué espasmo puede depararnos un 16-M? ¿Un desembarco alienígena?
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