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Breve visita a las pirámides tecno-virtuales

La técnica traicionó a la humanidad y convirtió el lecho nupcial en un mar de sangre

Walter Benjamín, Calle de sentido único.

Antes que nada queremos proponer las siguientes preguntas: ¿Es honesto realizar una crítica contra la tecnología al mismo tiempo que se está sirviendo de ella? ¿Desde qué posición o lugar es posible hacerla? ¿A fin de cuentas, no son la mayoría de las críticas al capitalismo, al Estado o a la civilización occidental hechas por mismas personas occidentales, o aquellos que encarnan un estilo de vida capitalista y se mueven en torno a instituciones estatales? Sabemos que haber encarado este texto conlleva una contradicción fatal; la reconocemos y asumimos el peligro. Pero consideramos que podemos intentar- en la media de lo posible y con lo poco que disponemos- resistir y combatir esas contradicciones.

Por otra parte, no creemos en la supuesta objetividad de un texto, por eso aclaramos que nace de nuestras lecturas, búsquedas, incapacidades, deficiencias. No pretendemos en las siguientes palabras convencer de nada a nadie y nos disculpamos de antemano por el tinte de persuasión que pueda notarse.

Brevemente

Hace tiempo que se viene hablando de una colonización de la tecnología hacia todos los ámbitos de la vida. En las últimas décadas las redes sociales y las nuevas tecnologías se impregnaron fuertemente en la vida posmoderna. ¿Protagonistas? Celulares, tablets, computadoras y monopolios como Google, Microsoft, Apple, Facebook-Instagram y Twitter, pero principalmente todos los usuarios que participamos y consumimos.

Pero lo inquietante es que se ha naturalizado tanto su uso al punto de que vemos como extraño a alguien que no participa y no se somete al nuevo paradigma de la sociabilidad. Afirmar que aquel que desconfía de las nuevas tecnologías o simplemente decide no usarlas, o aquellos que a la hora de analizar la realidad ponen en cuestión crítica todo elemento que se naturaliza y acepta dócilmente, tienen una postura apocalíptica o pesimista es un reduccionismo que no permite transgredir. Caeríamos en una falsa dicotomía si consideramos que existen posturas pesimistas y optimistas. Tal vez lo interesante sea correrse de ese binarismo.

Actualmente existen una variedad de estudios y análisis sobre la relación entre el humano y el mundo tecno-virtual, tanto desde la sociología, la filosofía, la política, la teoría informática, la psicología social e incluso de colectivos u individuos que están al margen de toda etiqueta o saber académico. Pero como no nos podemos detener en todos los aspectos que hacen que la cuestión sea tan compleja; como no leímos todo lo que hay escrito al respecto; y además como consideramos que es un fenómeno que nos excede-ya que aún es muy reciente como para tener un conocimiento cabal y completo- solo reflexionaremos brevemente a partir de lecturas e interrogantes que muchos ya han hecho.

El progreso separa literalmente a las personas

¿En qué medida las redes sociales y los teléfonos inteligentes favorecen las relaciones humanas? ¿A qué se debe su éxito? Y sobre todo, ¿para qué están pensados/as? Muchos ya han dado algunas respuestas a estas preguntas, porque lo extraño es que una gran parte de lo que pasa en la red carece de importancia en nuestra vida cotidiana y sin embargo, como si fuera una droga, no es fácil abstenernos de ella. En el último tiempo de su vida, Zigmunt Bauman, afirmó que una posible razón del éxito de Facebook fue haberse percatado de que la humanidad contemporánea tienen miedo de uno de los sentimientos más antiguos: la soledad. Así como hace poco Noam Chomsky dijo que “ellos entendieron que era más sencillo crear consumidores que someter a esclavos”, quizá Facebook entendió que lo que más nos asusta es sentir la soledad o no ser parte del mundo que nos rodea. De todas formas, el foco transhumanista de Silicon Valley y todas las compañías tecnológicas conocen mucho más sobre el comportamiento humano, por lo que no resulta una locura pensar en que pretenden vigilar y rectificar nuestras conductas, es decir lo que podríamos llamar un control bio-psico-político del cuerpo y la mente. Pero no solo Bauman plantea esto, también otras voces de la sociología y “psicología social”. Una universidad de Arizona demostró en un estudio (1) que publicar en Facebook constantemente aumenta la “sensación de conexión social”; aunque esto no debería significar que el usuario que no publica seguido tenga más nivel de soledad o incluso que alguien conectado no se sienta solo.

Como casi todo, internet y las nuevas tecnologías tienen su doble rostro: el agradable que nos dice que está todo en orden; y el que la mayoría de las veces no vemos o tendemos a evitar. Por un lado, por la necesidad de sentirnos integradxs y “menos solxs”, esta cara bondadosa aspira a que nos conectemos, exhibamos y relacionemos con los demás pero siempre y cuando sea de cierta manera y bajo determinado modo de producción que favorezca a los CEOS y empresas que expresan el capitalismo tecnológico más desigual. Por otro, al mismo tiempo que nos conecta, nos termina aislando, nos distancia de nuestro entorno, y la naturaleza pasa a ser algo chocante que experimentamos ocasionalmente. Y claramente lo podemos observar en las horas que uno puede estar apartado en una habitación con una computadora o sumido en la pantalla de un celular en una reunión con amigos. Asistimos a un aislamiento sin silencio bajo el slogan “conexión, información y entretenimiento para todxs” pero éste no hace más que maquillar todo lo que termina fomentando. Probablemente en “Dialéctica de la Ilustración” (1944) T. Adorno y M. Horkheimer no se equivocaron al decir que “el progreso separa literalmente a los hombres”.

Con todo, podríamos considerar que la red permite, desde ciertos puntos de vista, una actividad y comunicación falsa e ilusoria. Falsa porque nos aleja de la práctica del arte del dialogo (aquel en donde no existe la opción de eliminar instantáneamente a quien no piensa como nosotrxs); e ilusoria porque en el fondo lo que buscamos es pertenecer, ocultar la soledad, ser reconocidos y figurar, ver el espejo de nuestras propias opiniones diseñando un “yo” digital. Pero de ilusión puede que haya más… porque cuando ingresamos a una red social percibimos la sensación de que acabamos de entrar a un “lugar”. Es decir, sentimos que se abre un sitio en donde no tenemos que esperar para estar acompañados y recibir información-ya que ésta llueve a cantaros. ¿No son estas “ilusiones” el claro reflejo de nuestra incapacidad para estar con nosotrxs mismxs y establecer vínculos más profundos?

Desde ya que no todo lo que se experimenta en el mundo virtual es irreal, pero hay que tener en cuenta, al menos a nuestro entender, que si toda droga coexiste con la adicción o atenta contra la autoestima, no es más que una falsa compañía.

El riesgo que corre nuestra salud

Por otra parte, Javier de Rivera, creador de un proyecto de investigación sobre comunicación on-line, nos dice que dar “likes” es una forma de mostrar un refuerzo o gratificación positiva y que al hacerlo se siente un importante estímulo emocional. Esta opción de dar “me gusta” no solo es un acto mecanicista sino que esta premeditada por la “recompensa inmediata” que ofrece. En efecto, según Rivera(al menos como los están fabricando las empresas que se mencionaron al principio) estos espacios “de interacción virtual están pensados para generar espacios sin roce, interacciones sociales sin sociedad, redes sin comunidad” (2). En parte esto no es errado ya que en la sociedad huxleyana (3) actual en la que vivimos lo que importa es estar entretenidos, distraídos y generar dopamina; por ende la manera más fácil y banal de encontrar reputación, recompensa y gratificación es mediante las redes sociales, aunque estas al mismo tiempo tengan otros beneficios interesantes. Pero al fin y al cabo no es lo que predomina, sino lo opuesto: que reforcemos nuestros pensamientos e interactuemos en nuestras propias “burbujas ideológicas” y muchas veces homofilicamente, relacionándonos únicamente con personas que piensen parecido a nosotrxs; que naturalicemos la entrega de datos personales y privados a las empresas; que se intensifique el consumo de información, imágenes, videos y que todo esto nos genere la ilusión de que tenemos más conocimiento; o lo más terrible, que se incremente el narcicismo, la ansiedad y el sedentarismo.

Sabemos, por otra parte, el riesgo que corre nuestra salud ante el celular y las redes sociales- además de los efectos de las ondas electromagnéticas en nuestra biología- (4). No solo debemos hablar de adicción, autopromoción, estrés y depresión, también hay un fuerte impacto en la concentración y el sueño (5). Inclusive ya hay estudios que hablan de Fomo, el miedo a perderse algo en el mundo online, y de Nomofobia, el miedo o la ansiedad que genera no tener con nosotrxs el celular. A pesar de la falta de solidez de estos términos, no dejan de ser útiles a la hora de entender como dichos aparatos están siendo diseñados para provocar adicción. Por qué es evidente que cuanta más dependencia contiene una tecnología más beneficios proporciona a las corporaciones encargadas de su fabricación. Así, se puede observar toda una estrategia política que, en beneficio de la economía digital, está destinada a intentar conquistar nuestra atención (6). El éxito y la lógica del móvil se sustenta en dos aspectos: la obsolescencia programada y el interés de satisfacer únicamente una necesidad individual.

Resistir desde el propio cuerpo

Entretanto, resulta evidente que existe un desconocimiento con respecto a la informática y la tecnología. La revolución digital comenzó hace décadas. Sin embargo, la mayoría (usuarios en busca de entretenimiento y conexión) no sabemos casi nada sobre tecnología digital e internet pero consideramos que dichos instrumentos ya son imprescindibles.

En consecuencia, cuando la ideología impuesta en la tecnología genera dependencia(al usarnos a nosotros y no nosotros a ella), carece de ética y cambia la percepción natural que tenemos con la realidad, quizás algunas prácticas neoluditas sean más necesarias que nunca. Replantear nuestros hábitos y emprender periodos de desconexión, reencontrarnos con nosotrxs mismxs, fortalecer lazos directos y confiables con las personas, desenchufarnos por un tiempo en pos de experimentar nuestra relación con el mundo de otras maneras.

Evgeny Morozov nos aclara que “Ni siquiera concebimos que sea posible organizar un proyecto de resistencia a estas empresas. Atacar a Facebook ahora es atacar al capitalismo más avanzado” (7). El problema parece radicar en que cuando una innovación tecnológica es introducida en la vida diaria, la sociedad, al no cuestionar sus políticas y efectos, la termina aceptando al considerarla como parte de la evolución humana y de un “progreso” que mejorará la condición humana. Eso mismo sucedió con el coche y la televisión y hoy sigue con las tecnologías de la información y comunicación, la inteligencia artificial y la nanotecnología, por mencionar algunas. Entonces, sin caer en derrotismo o resignación, la vuelta atrás nos resulta imposible. Por lo tanto, si una manera que queda de resistir es cada uno de nosotrxs como individualidades desde nuestro propio cuerpo, cabe preguntarnos lo siguiente: ¿Cuál es la forma más efectiva,  y al alcance de todos, de oponerse a la dictadura de dichas compañías? Al menos para cuidar nuestra salud ¿Debemos dejar de consumirlas y usarlas? ¿Cambiar de geografía digital, desobedecer sus normas y esquemas o abandonar Facebook y Google, exiliarse de ellos, renunciar radicalmente a la tiranía digital? ¿Está a tiempo la sociedad de emprender estrategias, por vías legales o no, para debilitar el poder que tienen? ¿Qué podría desarticular los discursos falaces del transhumanismo y el capitalismo tecnológico que siguen considerando a la tecnología como algo “neutral”? ¿Vamos a seguir permitiendo que una parte de nuestra identidad y afectos esté condicionada por algoritmos, pantallas, y un juego cada vez más mecánico y ritual -“me gusta”, “compartir”, revisar incesantemente el inicio, invertir tiempo en la construcción de una identidad virtual, etcétera-?

Pirámides tecno-virtuales

A medida que pasen los años y las sociedades sigan caminando por la vía del automatismo, el consumo y el entretenimiento, algunas de las anteriores preguntas no solo serán obsoletas, sino que el humano perderá capacidades y rasgos esenciales de la consciencia y la identidad del animal que es. Esto no implica que exista una “naturaleza humana” por excelencia, sin embargo, podría llegar un punto en el que la diferencia entre el humano y la maquina difícilmente sea discernible, independientemente que también la técnica forme parte de lo humano. Por eso siempre será necesaria la resistencia mediante el cultivo del arte y fuerzas refractarias que se opongan a los proyectos e intereses del transhumanismo, el capital tecnológico y el poder estatal.

El mito del “progreso” y del “crecimiento económico” y el pensamiento técnico-científico moderno son esencialmente antropocéntricos. Su aplicación y la acumulación constante del capital contribuyen de manera implícita una sobreexplotación de la naturaleza y el asesinato constante de especies animales y vegetales; en otras palabras, se podría decir que son los pilares que nos están llevando a un apocalipsis ecológico. Para tales mitos el mundo solo tiene un valor en la medida en que está al servicio de las necesidades humanas. Pero si hay algo que caracteriza a la cultura moderna es la creación constante de nuevas necesidades (ficticias) y con ello nuevas tecnologías, ya que parece ser que para todo tiene que haber una herramienta, un medicamento, una apps.

En el Reino Antiguo Egipcio las pirámides representaban, ante todo, los rayos del sol y el vínculo del faraón con la divinidad. En la actualidad, las pirámides tecno-virtuales simbolizan el triunfo del paradigma materialista en donde todo tiene que acontecer por medios materiales, ganando terreno la productividad, la eficacia, la vigilancia, lo instantáneo, lo efímero y desechable. No hay lugar para lo desconocido, el misterio, la contemplación, la introspección, el ocio, la paciencia,  el aburrimiento, el juego, la pasión y la revuelta. Nuestra necesidad de esperanza, de placer, de poder,  de realización, de que algo externo resuelva nuestras vidas y de desear la inmortalidad (anhelo del transhumanismo), de todo lo que se depositaba y esperaba de los dioses en la antigüedad y antes de la “razón moderna”, hoy lo estamos haciendo y esperando mediante la tecnología. La tecnología como dios, el consumismo como religión y las compañías como iglesias. De ahí que el celular se haya difundido por todo el planeta y Facebook tenga hasta la fecha más de 2 mil millones de usuarios.

Para finalizar y a modo de ejemplo dejamos una cita de Vicente Serrano Marín, filósofo español, autor de un libro llamado “Fraudebook”:

“Facebook, al llevar el capitalismo a los afectos, ha ido mucho más allá de la apropiación de la cultura que denunciaron Adorno y Horkheimer bajo el rótulo industrias culturales, más allá incluso de la idea de la sociedad del espectáculo desarrollado por Guy Debord. El dispositivo incide en el mismo ámbito en que han incidido siempre las religiones, genera las mismas expectativas de comunión afectiva con otros humanos, y lo hace desde esa dimensión intemporal que aspiraban a expresar las catedrales. Pero en esa catedral a la que acude como a su templo virtual el usuario no adora ya ningún Dios, se adora a sí mismo buscando la adhesión permanente de esa identidad fabricada y objetivada por el dispositivo en forma de biografía. Se trata de la afirmación narcisista de quien es empresario de su biografía y que al serlo alimenta esa nueva divinidad invisible que nos gobierna desde lo que Foucault llamaba ironía del dispositivo: al someternos nos hace creer que somos libres” (8)

*He puesto el último punto. He salido de la computadora. Ahora camino en círculos y pienso en la relación que he establecido con la tecnología: ¿Cómo hubiese sido mi adolescencia sin una computadora e internet? Examino mi mente y mi cuerpo civilizado, escolarizado, domesticado, tecnologizado. Resulta difícil no sentirme un ser  dañado y contradictorio. La mitad de mi vida frente a una pc y 7 años usando Facebook. No he dicho nada relevante, sin embargo, desconozco los peligros y obstáculos al haber escrito todo esto.

André Fanshawe

Publicado en https://lafugasilenciosa.wordpress.com/

Fuente: https://periodicogatonegro.wordpress.com

Notas

  1. Link del estudio: http://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/1948550612469233
  2. Javier de Rivera, “Un análisis sociológico del “me gusta””. http://sociologiayredessociales.com/2015/11/analisis-sociologico-del-me-gusta/
  3. Con esto nos referimos a la sociedad distópica imaginada por Aldous Huxley en “Un mundo feliz”y que en pocas palabras se caracteriza por el exceso de información, la búsqueda constante del placer y la distracción.
  4. “El grupo BioInitiative publicó en el 2007 un informe sobre los efectos de las ondas electromagnéticas sobre nuestra biología, recopilando cientos de trabajos científicos publicados sobre este asunto” https://quematumovil.pimienta.org/quema_el_cerebro.html#1
  5. Nicholas Carr con su libro “¿qué está haciendo internet con nuestras mentes? Superficiales” analiza, a partir de los trabajos de Marshall McLuhan y estudios neurológicos y psicológicos, como las nuevas tecnologías de la información afectan la capacidad de concentración y contemplación, además, de provocar un déficit en la capacidad de almacenamiento de hechos en la memoria y en el procesamiento de la información.
  6. Esta idea remite a un texto de Alejandro Martínez Gallardo en el medio digital Pijama Surf: https://pijamasurf.com/2017/10/que_es_la_dopamina_digital_y_como_se_convirtio_en_la_droga_mas_popular_y_adictiva_del_mundo/
  7. Link de entrevista a Evgeny Morozov hablando sobre su libro “La locura del solucionismo tecnológico”: https://elpais.com/elpais/2015/12/17/eps/1450358550_362012.html
  8. Artículo de Vicente Serrano Marín en el Diario El País: https://elpais.com/tecnologia/2016/04/28/actualidad/1461843482_526111.html
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