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Ito y Osugi, la trágica historia de una pareja de anarquistas

A caballo entre los siglos XIX y XX, con la era Meiji, el Japón intenta modernizarse siguiendo el modelo occidental. Se importan las tecnologías y los saberes de otros países. Comienzan a circular libros de Zola, Tolstói, Emma Goldman, Kropotkin o Bakunin. La contribución a la difusión de las ideas anarquistas llega a través de un valeroso grupo de intelectuales que, a comienzos del siglo XX, fundan periódicos y revistas, escriben libros, critican duramente las condiciones de los trabajadores, el confucionismo que relega a la mujer a las paredes del hogar, y la naturaleza divina del Emperador. La oleada de huelgas de estos mismos años verá su activa participación. Y la durísima represión no tardará en llegar.

En 1910, con la acusación de alta traición y de haber planeado el asesinato del emperador, son arrestadas veintiséis personas entre anarquistas, socialistas y simpatizantes. Un año después, doce de ellos fueron condenados a muerte.

La fortísima represión sufrida por el movimiento anarquista llevará a una breve y dura fase de inmovilidad, definida como “tiempo de invierno”.

No obstante todo esto, una joven generación de anarquistas se reorganiza en torno a la figura de Osugi Sakai, huido bajo la acusación de traición en la época del presunto complot porque ya estaba en prisión.

Osugi, detenido en varias ocasiones por su activismo político y por su participación en las luchas de los trabajadores, es recordado por haber creado la primera escuela de esperanto en Japón. En 1906 abrazó el ideal anarquista en la cárcel, donde lee y traduce a Bakunin y a Kropotkin. Escribirá sobre ellos: “Por Kropotkin siento respeto, no atracción. Hay un hombre que me resulta más querido. Un anarquista nato, un rebelde de constitución tal que habría sido rebelde incluso en una sociedad anárquica. Un hombre que no tenía nada de ordenado ni regular en sus costumbres, que ha vivido una vida bohemia y turbulenta. No puedo más que reírme de mí mismo cuando reflexiono sobre la vida de nuestro predecesor Bakunin”.

Efectivamente, la vida de Osugi es turbulenta. Casado y con una amante, en 1914 conoce a Ito, de diecinueve años. Escritora, periodista, traductora y feminista, Ito se había acercado al anarquismo un año antes, mientras participaba en una conferencia sobre Emma Goldman, cuyos textos traducirá al japonés.

Ito expresará su fervor político escribiendo duros ataques en defensa de la libertad de las mujeres, contra la falsa bonhomía, sexualidad y matrimonio combinados, aborto y prostitución. En 1916, cosa absolutamente prohibida e inmoral en Japón, pasean los dos cogidos de la mano y se besan públicamente en un parque de Tokio. La gente que los ve grita horripilada, el escándalo se extiende en un constante aumento de situaciones que terminarán con Osugi acuchillado en el hospital por su amante y abandonado por su esposa. Más peligroso y preocupante que todo eso son las continuas persecuciones, detenciones y vesanias de la policía, que lo considera un grave problema político a extirpar.

Continuamente espiados, censurados y detenidos, Ito y Osugi, por medio de su militancia cotidiana, ponen en tela de juicio el Kokutai, entendido como sistema de gobierno que tiene en el vértice al divino emperador, base indiscutible de la identidad nacional.

En septiembre de 1923, el terrible terremoto de Kanto provoca más de noventa mil muertos, dejando poblaciones enteras totalmente desplazadas. El jefe de policía, Tako Masahiko Amakasu, decide aprovechar la desbandada general y detiene a los dos anarquistas, junto con un sobrino de ocho años. Serán estrangulados en la celda y sus cuerpos arrojados a un pozo abandonado. Un amigo de Osugi descubrirá los cuerpos y denunciará lo sucedido.

Todos los periódicos sufren una censura total. Ninguno debe publicar fotos, ni citar los nombres o contar lo sucedido. La noticia, sin embargo, va de boca en boca.

La honestidad intelectual de ambos, la coherencia de sus ideas, su alto valor humano, junto a la muerte de un niño y la escuálida estratagema de la policía, provocarán manifestaciones de protesta en todo Japón.

El propio emperador se ve obligado a ordenar la detención y condena del jefe de la policía.

En 1969, el director Yoshida rememorará esta historia en una película titulada Eros plus massacre. Por deseo del director, la ambientación se traslada en el tiempo, y los espacios son impersonales. Esta triste historia no puede detenerse en esos días, sino que tiene que seguir siendo compartida por los corazones libres.

Saltamontes

Imagen: Osugi

Publicado en el Periódico Anarquista Tierra y Libertad, Enero de 2019

Tags: ItoOsugiJapónhistoriaanarquista
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