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Nacionalistas contra anarquistas en la Cerdaña 1936-1937

Extractos del Prólogo al libro de A. Gascón y A. Guillamón “Nacionalistas contra anarquistas en la Cerdaña (1936-1937)”.

Ediciones Descontrol, 2018. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Antonio Martín Escudero, el Cojo de Málaga (Imagen), no fue un asesino en serie ni un ladrón, como explica la Historia Sagrada de la burguesía; sino un destacado militante anarquista, que merecería ser conocido como “el durruti de la Cerdaña”.

Propósito ineludible del libro radica en presentar el contexto histórico, social y político en el que se encuadran los hechos de Bellver del 27 de abril de 1937, sin el cual es imposible que el lector comprenda lo realmente acaecido en la Cerdaña durante la Guerra civil.

Los enemigos de Antonio Martín, con sus grandilocuentes y terribles falsificaciones, lo habían elevado a la categoría de arquetipo, paradigma y súmmum del mal, convirtiendo al Cojo en una especie de “bestia negra” a la que todo el mundo invocaba como chivo expiatorio, el hombre del saco con el que se asustaba a los críos; aunque en numerosas ocasiones resultaba evidente que le habían estado utilizando como excusa, tras la que se pretendía ocultar, en algunos casos, vergonzantes y vengativas conductas personales.

Esos difamadores, inventores de vampiros y forjadores de asesinos anarquistas sedientos de sangre, encarnados en la figura de Antonio Martín y los más destacados militantes libertarios ceretanos, eran los mismos individuos que en lugar de marchar al frente, como ya lo había hecho la gente comprometida con la causa republicana, se habían apoltronado en la retaguardia, instalados cómodamente en la  ociosidad, protegidos bajo el argumento de tener que “combatir” al enemigo interior ácrata, aduciendo en su descargo una serie de motivaciones que con el tiempo se mostraron falsas.

Daba la impresión de que muchas de las historias que circulaban en torno al legendario personaje intentaban encubrir algo muy grave, aunque impreciso, que finalmente desvelamos en el presente libro. Podemos avanzar que lo que intentaban ocultar no tenía nada que ver con la heroica misión que algunos “iluminados” se habían adjudicado: destruir, fuera como fuese, a aquel “mal demoníaco, anarquista y perverso” asentado en la Cerdaña.

Antonio Gascón, en el transcurso de sus pesquisas, tuvo la oportunidad de conocer personalmente a muchos de los principales protagonistas de los hechos. Gracias a ello pudo recoger múltiples testimonios de primera mano. Testimonios, como era de esperar, harto contradictorios entre sí.

Por otra parte, mientras los propagadores de leyendas han contado indiscretamente  con el interesado apoyo de poderosos medios editoriales, afines a su causa; el resto hemos tenido que ir fuera de Cataluña para poder explicar una historia que ha sido y es patrimonio de todos, o bien hallar refugio, acicate y aliento en editoriales alternativas, como Espartaco, Aldarull, El grillo libertario o Descontrol.

Historia que algunos se empeñan en secuestrar, envilecer y prostituir, manipulándola en función de los intereses del momento, dando así pie a esperpentos irreconocibles, tal como está ocurriendo en estos últimos tiempos.

De hecho, ése ha sido el motivo principal por el que Antonio Gascón y Agustín Guillamón hemos decidido unir fuerzas, con el objetivo de acabar de una vez por todas con las leyendas y los mitos que todavía hoy, de forma interesada, siguen circulando en torno a Antonio Martín y los hechos de Bellver.

Más aún cuando los archivos, tanto catalanes como foráneos, y los testimonios recogidos, desmentían la leyenda nacionalista y antilibertaria de la Cerdaña. Leyenda fomentada en diversas revistas o en diferentes webs, tanto aquí como al otro lado de la frontera, y que últimamente ha sacralizado el propio Memorial Democràtic en Bellver, con sus correspondientes paneles informativo-turísticos, al servicio de una versión sesgada, financiados con el dinero de  todos los ciudadanos de Cataluña.

Otra razón que nos ha movido a escribir este libro ha sido el descubrimiento de numerosos documentos que, hasta la fecha, nadie se había molestado en consultar; un material que abarca desde 1934 hasta junio de 1937. Destacan los juicios sumarísimos incoados en Puigcerdá después de la sublevación de octubre de 1934, que afectaron a muchos vecinos de la comarca, y que explican la violencia desencadenada en esa villa al inicio de la guerra civil, así como la matanza del 9 de septiembre de 1936.

Otra cuestión documentada en este libro, ignorada hasta hoy por la historiografía,  es la creación en Cataluña, tras los Hechos de Octubre de 1934, por orden directa del general Batet, capitán general de la cuarta región militar, de un nuevo partido político y guardia cívica españolista, denominada Agrupación Ciudadana, que sustituyó al antiguo Somatén catalanista. Esa Agrupación Ciudadana se encargó en toda Cataluña (y por lo tanto en la propia Puigcerdá) de la labor de detención, control y represión de los implicados en la sublevación de 1934, además del desempeño de las tareas de la administración local en las diversas localidades donde alcaldes y concejales habían sido represaliados. Este tema, esto es, la sustitución de las autoridades locales catalanistas por miembros de la Agrupación Ciudadana, adictos y leales al general Batet y al gobierno de Madrid, nunca ha sido tratada por la sagrada historiografía académica y universitaria. Quizás por desconocimiento, tal vez por desidia, o bien por omisión interesada y consciente.

Así es como se produjo, tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, el cambio de tornas, y aquella Guardia cívica o Agrupación Ciudadana (españolista) fue sustituida a su vez en el poder local por gente del somatén (catalanista) o por militantes de partidos republicanos.

Los catalanistas reprimidos desde octubre de 1934 y durante todo el año de 1935, pasaban a ser en 1936 los represores de los españolistas derechistas.

Al estallar la guerra, en julio de 1936, se abrieron las puertas a la persecución sin piedad de los antiguos componentes de la Guardia cívica creada por Batet, cuyos miembros en muchos casos ya habían militado anteriormente en Unión Patriótica, el partido único del dictador Primo de Rivera.

Esa persecución fue llevada a cabo con saña y afán de venganza por los protagonistas de la insurrección de octubre de 1934, duramente perseguidos hasta las elecciones de febrero de 1936. Toda la documentación existente así lo señala,  todas las pruebas así lo apuntan. Por tanto, no eran los anarquistas quienes ansiaban venganza en 1936, ya que estos en Puigcerdá, en octubre de 1934, apenas habían padecido dos semanas de cárcel, y por lo mismo poco o muy poco tenían que vengar, a gran diferencia de los militantes de ERC y Estat Catalá.

Represión que se repitió idénticamente en otros muchos pueblos de Cataluña, y por las mismas causas, fomentada ya antes de la guerra por el propio Companys en sus discursos a su salida del Penal de Santa María, y por toda la prensa afín a ERC. Esta temática, al parecer, no ha inquietado a nadie, pese a las pruebas existentes; ni siquiera a los historiadores especializados en “represión” y recuento clasificatorio de víctimas. Quizás porque esa represión siempre es contemplada en un sentido unidireccional, y en ese caso la protagonizada por los “suyos” no cuenta, ni existe. No existe porque la Historia Falsa y Sagrada de la burguesía (sea españolista o catalanista) cree realmente que sólo existe aquello de lo que sus historiadores tratan y escriben. Y quien paga, manda.

Otras facetas desconocidas son, por ejemplo, lo acaecido con los carabineros de Puigcerdá. Es un tema completamente inédito hasta hoy, que descubre y señala la impostura de muchos testimonios de la época respecto a la situación vivida en Puigcerdá durante los primeros días del inicio de la guerra. Este cuerpo de vigilancia se desmarcó de sus mandos y se situó al lado de la CNT, pero finalmente fue la causa principal, aunque indirecta, de la muerte de Martín.

Entre las muchas historias revisadas y corregidas está la del famoso “Penja-robes”, que finalmente ha resultado ser, no un exacerbado y sanguinario criminal anarquista, tal como nos han vendido durante muchos años JM Solé Sabaté y otros, sino un vulgar agente infiltrado del PSUC y, para más inri, con un comprobado y documentado pasado nacionalista.

Lo más novedoso del libro es la aparición de una serie de informes generados por la CNT, que abarcan desde la situación que se vivía en la Cerdaña a los propios incidentes de Bellver, o los asesinatos de la Serradora y la posterior represión que padecieron los anarquistas en la comarca, a manos de Estat Catalá, ERC y PSUC. Ello ha permitido reconstruir los hechos acaecidos en Puigcerdá de una forma totalmente diferente a la tradicional, y que por supuesto nada tiene que ver con la falsa versión hasta ahora mantenida gracias a documentos amañados que, sin crítica documental alguna, la historiografía académica y universitaria ha dado por buenos.

Esta versión anarquista de los acontecimientos vividos en la Cerdaña ha sido corroborada por la procedente del otro lado de la frontera: la de las autoridades policiales y administrativas francesas. De este modo, se cierra y desmiente de forma definitiva el mito heroico y sagrado de la resistencia de Bellver y se aclaran los brutales asesinatos de la Serradora. Asesinatos ejecutados al más puro estilo mafioso por elementos afines al PSUC, sin descartar la complicidad de sus  antiguos aliados de ERC, con quienes habían compartido responsabilidades en el Consejo Administrativo de Puigcerdá, en un intento por borrar huellas y pistas.

Desmanes y crímenes que no han conseguido ninguna atención, y menos aún del medio académico y universitario, quizás por la sucia implicación de ERC y del PSUC.

Tampoco ha merecido un estudio profundo y detallado de la Historia Sagrada la masiva fuga de muchos prohombres catalanistas, huidos en plena guerra civil, en muchos casos previo pago a Estat Català, ERC, o PSUC. Gracias a esto, muchos de esos próceres, patricios y/o potentados pasaron  directamente al bando franquista, e ingresaron en su ejército. Su posterior trayectoria social, económica y política, encubierta siempre bajo un supuesto manto de caridad cristiana, nos permitiría comprender y explicar muchas biografías actuales, pretendidamente puras e intachables, cuando no heroicas y “patrióticas”. Ya sabemos que siempre ha existido cierta confusión e imprecisión entre patria y patrimonio.

Del mismo modo, sigue pendiente un estudio de la contrarrevolución y de la represión antilibertaria que, en toda Cataluña, siguió a los sangrientos hechos de Mayo de 1937. Estudio que las universidades catalanas no han abordado, muy posiblemente a causa de la militancia ideológica neoestalinista o catalanista de la mayoría de historiadores, que les hace poco proclives a descubrir las miserias patrióticas o autoritarias de nuestra historia más reciente.   

Una mina informativa, no explotada suficientemente, es el importante fondo documental encontrado en el Archivo General Militar de Ávila (AGMA), que conserva un pormenorizado informe sobre lo acaecido en Puigcerdá, redactado por Jaime Palau,  un militante de ERC que desempeñó el cargo de alcalde de esa población desde julio hasta octubre/noviembre de 1936. Paradójicamente, en esas memorias olvidó todo lo referente a la represión que se había desencadenado en su ciudad mientras fue alcalde. Desmemoria harto sospechosa, que sirvió convenientemente para achacar todos los crímenes de esa época a los anarquistas. Esos papeles no fueron destruidos antes de su precipitada huida a Francia, ya que cayeron en manos de las tropas franquistas y fueron depositados finalmente en el AGMA. Ahora no sólo nos permiten recuperar muchos aspectos totalmente desconocidos, sino que cambian de forma radical el relato histórico sostenido durante ochenta años.

¡Por fin  podemos explicar lo que acaecía en la Seo antes y después del incidente de Bellver; por fin  podemos narrar con cierto detalle, desconocido en la época, qué luchas intestinas sufría la propia CNT!

Hemos tenido que tratar ineludiblemente el delicado tema de los asesinatos producidos en la Cerdaña en 1936-1937. Antonio Gascón y Agustín Guillamón queremos manifestar clara y rotundamente nuestra mayor consideración por todas las víctimas de la violencia, sea cual fuere su orientación política. En todo momento hemos mantenido firmemente la voluntad de reconocer su honorabilidad, sin renunciar a presentar nuestras novedosas tesis sobre tal cuestión. Creemos que la comprensión de las causas de esa violencia política no tienen por qué estar reñidas con el respeto a las víctimas y que ahí reside precisamente su mayor dignificación: encontrarles un sentido y explicación.

Entre el material gráfico destacan las fotos de Antonio Martín (sólo reproducida por Ruta y Blanchon), Segundo Jodra (inédita) y Josep María Benet. Mostramos las firmas de Antonio Martín, de Joan Solé (alcalde de Bellver) y de los presos por la insurrección de octubre de 1934. Por otra parte, los 26 documentos expuestos en el anexo son una espléndida colección de joyas preciosas de los que la historiografía no podrá prescindir a partir de ahora: un regalo inolvidable y duradero.

Objetivo importante del libro, que por sí sólo justifica su publicación, reside en desvelar la existencia de la llamada “lista negra” de Puigcerdá; lista que seleccionó a las víctimas de la matanza del 9 de septiembre de 1936. Demostramos que la masacre fue fruto de la venganza de los represaliados en octubre de 1934. Documentamos que la lista no fue redactada por los anarquistas, sino por los nacionalistas.

Se arroja nueva luz sobre lo ocurrido en Puigcerdá tras la llegada de los carabineros, después del asesinato de Antonio Martín; se investigan los Hechos de Llívia y los de Ripoll, donde acaecieron historias muy similares a la de Bellver, cuando los pequeños propietarios locales decidieron hacer un gran negocio con el ganado vacuno, excusándose en el sindicato agrario.

Hemos recuperado el testimonio escrito de un personaje que estuvo a punto de perecer en el puente de Bellver, unos minutos antes de que Antonio Martín cayera en la emboscada tendida por unos supuestos milicianos. Ese testimonio prueba, sin lugar a dudas, que la emboscada estaba preparada de antemano.

Avisamos además que hemos desmontado cruelmente una preciosa, cándida y estimada leyenda local: la de las campanas de Bellver. Algunos historiadores o testigos han afirmado que, ante el imaginario ataque a Bellver por parte de los anarquistas de Puigcerdá, las campanas de Bellver tocaron a somatén, pidiendo auxilio a los pueblos cercanos. Demostramos que tal cosa jamás sucedió. Campanas mudas, las de Bellver.

Del mismo modo, ahora, tenemos la certeza absoluta de que la única defensa que hubo en Bellver fue la de los intereses económicos de determinados propietarios muy concretos, y no la pretendida defensa de la República, de la legalidad o del nacionalismo catalán. Esas abstractas coartadas no han sido nunca más que diferentes opciones a elegir en función del gusto del historiador de turno, aunque siempre con la consideración común de que “fusilar” a placer a un confiado grupo humano (los cuatro componentes de la delegación cenetista que había sido autorizada a parlamentar con las autoridades de Bellver) fuera lo más habitual, evidente, normal, ético y “sano” del mundo... porque eran anarquistas.

Y tratamos muchas cosas más, que el curioso lector irá descubriendo poco a poco.

Antonio Gascón y Agustín Guillamón

Calendario de presentaciones del libro: Nacionalistas contra anarquistas en la Cerdaña (1936-1937)

 

27 de abril de 2018 en Arxiu Comarcal de la Cerdanya

Passeig 10 d'Abril 2,  Puigcerdà

A las 20h

 

9 de mayo en Anònims (“Menjars i Pensars”)

Carrer Miquel Ricomà, 57, Granollers

A las 19h

 

10 de mayo en la Biblioteca Pública Arús

Passeig de Sant Joan, 26, Barcelona

A las 19h

 

11 de mayo en la Biblioteca El Clot-Josep Benet

Plaça de les Glòries Catalanes, 37-38, Barcelona

A les 19h

Tags: historianacionalismoanarquistaCerdaña19361937
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