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Biografía de Juan García Oliver (1902-1980)

Juan García OliverDestacadísimo militante anarcosindicalista. Camarero de profesión.  Nació en Reus el 19 de enero de 1902, en el seno de una familia numerosa y muy pobre. Su padre, José García Alba, de Xátiva, era albañil; su madre, Antonia Oliver Figueres, campesina. Ambos trabajaban once horas diarias como peones textiles en el Vapor Nou de Reus. Apenas cursó estudios de primaria. A los siete años oyó una frase a unos obreros insurrectos que le impresionó vivamente: ¡No se puede con el ejército!

Se inició en las luchas sociales en su comarca natal. En 1917 marchó a Barcelona, donde entró en contacto con el medio obrero y anarquista. Tras permanecer durante unos meses afiliado a la sociedad de camareros La Alianza, próxima a UGT, participó en la fundación del Sindicato de Camareros de la CNT. Se integró en el Grupo Regeneración, formado por Rico, Bover, Romano, Pons, Alberich y otros. Asistió como representante de ese grupo a la Federación Local (barcelonesa) de Bandera Negra. Breve detención en 1919 en la cárcel Modelo, donde conoció a Ramón Archs, Perelló Sintes (“Liberto Callejas”) y Tomás Herreros. A la salida de prisión se le encargó organizar la CNT en su localidad natal.

En 1921 se hizo cargo del Comité provincial de Tarragona, impulsando la creación de Sindicatos únicos y de grupos de acción. Se ganaron las huelgas planteadas en el textil y transportes por mejoras salariales, utilizando métodos de acción directa con la intervención de los grupos de acción contra los todopoderosos capataces del textil, a los que se exigió, con la pistola sobre su cabeza, absoluto respeto a las trabajadoras. A los patronos del transporte se les demolió la falacia de que el aumento de salarios implicaba su ruina. Pero la mayor victoria de estas luchas fue la recuperación de la dignidad y el orgullo de clase, así como el inmenso prestigio conseguido por el sindicato único y sus métodos de acción directa. García Oliver aplicaba una de las máximas de Salvador Seguí: las huelgas sólo comienzan si se han de ganar.

En el transcurso de ese año centenares de cenetistas murieron a tiros en las calles y las fábricas. Los presos eran asesinados en los traslados carcelarios o a la salida en libertad de las prisiones, mediante la criminal aplicación de la ley de fugas.

García Oliver fue a Madrid, encubierto bajo la falsa misión de crear con la patronal un comité algodonero, para colaborar activamente en los preparativos del asesinato del presidente del Gobierno, que fue ejecutado el 8 de marzo de 1921 por tres trabajadores del metal: Mateu, Nicolás y Casanellas. Eduardo Dato era el principal responsable del terrorismo gubernamental y patronal anticenetista en curso. García Oliver intervino en la compra de la moto usada en el asesinato y dibujó el plano de un posible escenario del atentado.

En Reus se vivían tiempos de guerra civil entre los pistoleros del Libre y los sindicalistas del Único. Fue detenido en un registro domiciliario rutinario. Salió de la cárcel gracias a la muerte de Dato, ya que el nuevo gobierno restableció las garantías constitucionales, lo que implicaba la inmediata liberación de los presos gubernativos.

En la CNT existían, en aquel momento, tres tendencias: la sindicalista de Salvador Seguí, la marxista de Maurín y la anarcosindicalista de Manuel Buenacasa y García Oliver.

En 1922 contribuyó a la creación del Grupo Los Solidarios, alentada por el CR, junto a Durruti, Ascaso, Jover, Sanz, Aurelio Fernández, etcétera, para responder al terrorismo combinado del Estado y de la patronal, enfrentándose a los pistoleros del Sindicato Libre. El CR que decidió la creación de Los Solidarios estaba formado por Pestaña, Peiró, Piñón y Marco, todos ellos (en agosto de 1931) destacados trentistas. Lo que estaba en juego era la propia supervivencia de la CNT y no existía más opción que la defensa de la vida de los sindicalistas y la respuesta al terror de sus verdugos, o bien, la desaparición de la Organización, si se mostraba incapaz de protegerse y de combatir con mayor dureza y efectividad que el enemigo de clase.

El grupo Los Solidarios, que editaba la revista Crisol, participó en numerosos atracos y atentados, entre los que destacó el homicidio del arzobispo de Zaragoza, cardenal Soldevila, fascista y monjeriego (adecuada palabra nacida del cruce entre monja y mujeriego), el gobernador de Vizcaya Regueral e incontables enfrentamientos con grupos de requetés[1] y pistoleros de la patronal.

El 25 de agosto de 1922 el destacado cenetista Ángel Pestaña fue gravemente herido en Manresa, en un atentado de los pistoleros del Libre. El 10 de marzo de 1923 los cenetistas Salvador Seguí (“el Noi del Sucre”) y Francisco Comes (“el Peronas”) fueron asesinados en Barcelona, en la esquina de la calle Cadena con San Rafael, acribillados a tiros por un grupo de pistoleros financiados por la patronal.

En 1923 García Oliver se instaló en Manresa, a petición de los organizadores del atentado contra Dato, para enfrentarse al auge de los Sindicatos Libres en esa localidad, donde fue detenido a causa de un encuentro sangriento (con resultado de cuatro heridos, el 6 de abril en el bar Alhambra) con el grupo de pistoleros del Libre liderado por Juan Laguía (que resultó ileso), al que algunos responsabilizaban del asesinato de Salvador Seguí. Tras intervenir en repetidas acciones armadas, como los atracos a la Fonda de Francia y a la Empresa Arrendataria de Contribuciones de la barcelonesa calle Aviñó, fue finalmente detenido. Estuvo preso un año en el penal de Burgos.

En 1924 se exilió en París, tratando con partidarios de Maciá (para una invasión que acabara con la Dictadura) y con “furisciti” italianos, para asesinar a Mussolini. Se unió a Durruti, Ascaso y Jover, que habían regresado de su “gira” americana, para preparar un atentado contra Alfonso XIII, en julio de 1925. Descubierto por la policía, consiguió huir a Bruselas sin que le detuvieran, gracias a la ayuda prestada por Aurelio Fernández y Manuel Pérez, “el canario”.

Residió brevemente en Bruselas con Aurelio Fernández. En mayo de 1926 asistió al Congreso de Marsella, donde se pusieron las bases de la fundación de la FAI. Se enfrentó a Manuel Pérez y a Sousa, que defendían el apoliticismo de la CNT y se oponían a cualquier alianza o colaboración con partidos burgueses; abandonando el congreso cuando fue derrotada su ponencia favorable a un pacto con Maciá, con vistas a una colaboración militar con los independentistas catalanistas.

En el otoño de 1926, participó en el intento de invasión de Cataluña por los nacionalistas de Maciá (hechos de Prats de Molló). Detenido en Pamplona y condenado, no salió de la prisión de Burgos hasta la proclamación de la República, el 14 de abril de 1931.

Tuvo un destacado protagonismo en el mitin del Primero de Mayo de 1931, en el que apareció por primera vez la bandera rojinegra, por superposición en diagonal de las banderas de los grupos Bandera Roja (sindicalistas) y Bandera Negra (anarquistas), enfrentados hasta entonces por el color de la enseña, así como por cuestiones ideológicas y tácticas, ya superadas por el anarcosindicalismo. El dinero ganado en la lotería por Aubí, de Badalona, sirvió para comprar los palos de las banderas y fabricar con antelación las telas de unas enormes enseñas rojinegras, partidas en diagonal, según diseño ideado por García Oliver, que en el mitin del Arco del Triunfo explicó el concepto de gimnasia revolucionaria, término que aparecía en la octavilla distribuida entre los asistentes. Arturo Parera finalizó el mitin presentando unas conclusiones escritas, que debían presentarse a Maciá en la Generalidad. Se inició una manifestación que al llegar a la plaza de Sant Jaume fue rechazada por los mossos de escuadra, quienes, ante el temor de que se asaltaran los palacios de la Generalidad y del Ayuntamiento, dispararon contra los manifestantes, iniciándose un tiroteo entre mosssos y cuadros de defensa que duró 45 minutos, y que sólo cesó cuando García Oliver, después de entregar el escrito de reivindicaciones a la autoridad, ordenó el cese del fuego desde el balcón de la Generalidad.

Ya desde abril de 1931, en el Pleno de Regionales reunido en Madrid el 25 de abril de 1931, García Oliver optó por la formación de Comités de defensa de la CNT, capaces de defender los derechos (aún no reconocidos) de reunión, asociación, sindicación y manifestación de los obreros y cómo método para radicalizar los sindicatos, frente al gradualismo de los sindicalistas puros (que más adelante serían llamados trentistas) y su reformismo integrador. También promovió las reivindicaciones de los inquilinos, que protestaban contra la carestía de los alquileres. Asumió la secretaría peninsular de la FAI, en un momento de dispersión y ausencia de coordinación de los débiles grupos de afinidad existentes.

En el Congreso Extraordinario de la CNT, reunido en Madrid en junio de 1931, participó como delegado del Sindicato de la Madera de Barcelona. Se opuso a la creación de las Federaciones de Industria y defendió la táctica de la gimnasia revolucionaria. En este congreso la CNT tuvo el inmenso acierto organizativo de crear los sindicatos de barrio.

En octubre de 1931 ingresó como redactor en la plantilla de la “Soli”.

El 27 de diciembre de 1931 habló en un emotivo mitin en el Gran Kursal de Manresa, junto a Durruti, Parera y Corbella.

A petición del CR formó parte del grupo organizador de la insurrección de enero de 1932, que condujo a la proclamación del comunismo libertario en diversos pueblos del Alto Llobregat. Fue detenido y encarcelado en la Modelo. Desde la cárcel, acusó públicamente a Ángel Pestaña de impedir una huelga de solidaridad con los detenidos y deportados, consiguiendo su dimisión. El 10 de marzo de 1932 había sido uno de los firmantes de la respuesta al Manifiesto de los Treinta. Liberado en mayo de 1932, participó en una intensa gira de mítines por toda Cataluña.

El 20 de septiembre de 1932 fue brevemente detenido en una redada policial efectuada en el Sindicato del Fabril y Textil.

Fue detenido, de nuevo, por su destacada participación en la insurrección del 8 de enero de 1933, junto a Gregorio Jover, Antonio Ortiz, Pérez “el Valencia” y cinco militantes de un cuadro de defensa de Pueblo Nuevo. Iban armados con pistolas star de 9 milímetros, varios cargadores y tres cajas de municiones. Todos ellos fueron torturados y sometidos a feroces palizas en Jefatura de Policía de Vía Layetana, antes de ser encarcelados en la Modelo. Peor les fue en Casas Viejas (Cádiz), donde se ametralló a los sublevados y se les quemó en una choza en la que se habían refugiado.

Salió de prisión poco antes de las elecciones de noviembre de 1933. Durante la insurrección de diciembre de 1933 se mantuvo en un discreto segundo plano. Se integró en el grupo Nosotros, en cierto modo continuidad parcial del grupo Los Solidarios, constituido por Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti, Gregorio Jover, Antonio Ortiz, Aurelio Fernández, Ricardo Sanz, Rafael Torres Escartín, José Pérez Ibáñez (“el Valencia”), Julia López, Pepita Not, Ramona Berni y María Luisa Tejedor, entre otros. El grupo Nosotros estaba constituido por unos veinte hombres de acción, en primera fila. Sumaba además a los que eran sus colaboradores, informadores, auxiliares, protectores, etcétera, llegando en total a unos ochenta militantes.

En octubre de 1934, García Oliver estaba en Madrid como redactor del periódico CNT, empeñado en una campaña a favor de la amnistía y liberación de los numeroso presos anarcosindicalistas. Se mostró contrario a que la CNT participara, en Cataluña, en las Alianzas Obreras.

Durante la campaña electoral de febrero de 1936 intervino en incontables mítines en favor de la amnistía. Era partidario de la participación de los cenetistas en las elecciones, rompiendo con el tradicional abstencionismo ácrata. Argumentaba que si ganaban las derechas el golpe fascista sería inmediato, pero que si ganaban las izquierdas el golpe derechista se retrasaría medio año, los revolucionarios podrían prepararse con tiempo suficiente y los presos saldrían a la calle.

En enero de 1935 el Grupo Nosotros formó parte del Comité Local de Preparación Revolucionaria, que organizó los comités de defensa como un ejército revolucionario capaz de enfrentarse y vencer al ejército profesional, y planificar la transformación de la industria catalana en una industria de guerra.

En mayo de 1936 asistió al Congreso de Zaragoza. Juan Montserrat, Francisco Ascaso y García Oliver acudieron en representación del Sindicato del Fabril y Textil de Barcelona.  Fue partidario de la unificación con los cenetistas escindidos y presentó una ponencia sobre comunismo libertario, que fue totalmente desfigurada en su redacción final, y otra sobre la formación de un ejército revolucionario, que concretaba en la extensión a toda España de la organización de los comités de defensa, ya existente en Barcelona. Cipriano Mera le preguntó irónicamente de qué color quería los entorchados.

 El 19 y 20 de julio jugó un papel destacadísimo en los combates callejeros, como organizador y estratega, en el seno del grupo Nosotros, constituido en Comité de Defensa Confederal que coordinó la insurrección obrera. A propuesta de García Oliver se adoptó la táctica de dejar que las tropas salieran a la calle sin hostigarlas, porque sería más fácil derrotarlas fuera de los cuarteles.

Los líderes anarcosindicalistas predicaban mediante el ejemplo, interviniendo directamente en las luchas callejeras. Entre las once y las doce del mediodía del 19 de julio, las tropas sublevadas habían sido derrotadas, tras más de seis horas de combate en la Brecha de San Pablo. Las tropas de los cuarteles de Pedralbes y Lepanto, en la periferia, conectaban con el cuartel de caballería de la calle Tarragona, y desde allí, pasando por plaza de España y la Brecha de San Pablo enlazaban con el núcleo central de la sublevación, sito en Capitanía-Atarazanas. Esa conexión había sido rota por los comités de defensa de la CNT. La victoria en la Brecha de San Pablo, que se extendió inmediatamente a todo el Paralelo, era el principio del desastre de los sublevados. Mientras Francisco Ascaso saltaba de alegría blandiendo el fusil por encima de su cabeza, García Oliver no dejaba de gritar: “¡sí que se puede con el ejército!” En este punto crucial de la ciudad los anarcosindicalistas, entre los que se encontraban Francisco Ascaso, Juan García Oliver, Antonio Ortiz, Gregorio Jover, Ricardo Sanz, Quico Sabaté y tantos otros combatientes anónimos, habían derrotado al ejército por primera vez en la historia.

El 20 de julio, por la tarde, García Oliver formó parte del Comité de Enlace, junto a Buenaventura Durruti, Josep Asens, Abad de Santillán y Aurelio Fernández (éste último en sustitución del fallecido Francisco Ascaso), que se entrevistó con Companys en la Generalidad, aceptando debatir su oferta de colaborar con el resto de fuerzas antifascistas en un organismo común.

En el Pleno de Locales y Comarcales del 21 de julio de 1936, reunido en la Casa CNT-FAI, la propuesta de García Oliver de “ir a por el todo” fue derrotada con el único voto favorable de la Comarcal del Bajo Llobregat. Se aceptó mayoritariamente la propuesta de Federica Montseny (por convicción) y de Abad de Santillán (por temor a una intervención extranjera) de colaborar con el gobierno de la Generalidad y el resto de fuerzas antifascistas en el nuevo organismo denominado Comité Central de Milicias Antifascistas (CCMA). En las reuniones del CCMA García Oliver desempeñó un papel de liderazgo, encargándose de la secretaría de Guerra.

El 23 de julio propuso al resto del grupo Nosotros aprovechar la aglomeración de fuerzas milicianas del día siguiente, esto es, de la Columna Durruti hacia Zaragoza y de la Columna Ortiz hacia Caspe, para “ir a por el todo” en la ciudad de Barcelona, antes de partir al enfrentamiento con los fascistas en tierras de Aragón. Su propuesta fue rechazada de nuevo “hasta después de la toma de Zaragoza”.

En el seno del CCMA asumió un papel decisivo e indiscutible. A primeros de agosto de 1936 vetó la entrada de ministros del PSUC en el gobierno de la Generalidad. Intervino en la creación de la Columna Los Aguiluchos, que más adelante se convirtió en la División 28. A la disolución del CCMA, el 1 de octubre de 1936, asumió el cargo de secretario general del Departamento de Defensa.

El 4 de noviembre de 1936 aceptó el cargo de Ministro de Justicia en el gobierno de Largo Caballero. La entrada de cuatro ministros en el Gobierno de la República (García Oliver, Montseny, López y Peiró) sirvió para justificar y arropar la miserable huida del Gobierno de la República de un Madrid que parecía destinado a caer en manos fascistas.

Promovió la creación de la Escuela de Guerra y la Escuela de Militantes. Aprobó la fundación de campos de trabajo para los fascistas, que en 1938 alojaron ya a poumistas y anarcosindicalistas.

En mayo de 1937 fue uno de los líderes anarquistas más destacados en el llamamiento al alto el fuego. Pronunció su famoso discurso del “beso”, fortísima apuesta contrarrevolucionaria por evitar la ruptura de la unidad antifascista.

Con la caída del gobierno del socialista Largo Caballero, el 17 de mayo de 1937 García Oliver dejó de ser ministro de Justicia.

El 28 de junio de 1937 había aceptado el cargo de consejero de Servicios Públicos del gobierno de la Generalidad, que quedó en mero proyecto nonato ante la negativa de la CNT a consentir el nombramiento por Companys, a última hora, de Bosch Gimpera como consejero sin cartera.

En el verano de 1937 formó parte de la Comisión Asesora Política (CAP) que asesoraba y dirigía al CRTC. En septiembre de 1937 abogó por la rendición a los estalinistas y a la policía de la Generalidad de los cenetistas insurrectos en el edificio de Los Escolapios, sede del Sindicato de Alimentación y del Comité de Defensa del Barrio del Centro. En 1938 trabajó por la formación de un Comité Ejecutivo del Movimiento Libertario.

Estuvo exiliado en Francia desde el 27 de enero hasta el 15 de julio de 1939. El 28 de mayo había nacido su hijo Joan en París. Tras una estancia de varios meses en Suecia, fue acusado de querer formar un Partido Obrero del Trabajo. En noviembre de 1940 obtuvo un visado individual de tránsito por la Unión Soviética. El 18 de noviembre voló a Moscú y luego tomó el transiberiano hasta Vladivostok, donde se embarcó con rumbo a Estados Unidos. Aunque su destino final era la república Dominicana, finalmente decidió probar suerte en México. A primeros de enero de 1941, gracias a las gestiones de Indalecio Prieto, obtuvo el visado para entrar en ese país, en el que se exilió definitivamente, residiendo primero en México DF y luego, durante muchos años, en Guadalajara. En abril de 1941 su mujer Pilar y su hijo Joan habían llegado a Veracruz. García Oliver trabajó en la organización de la CNT, de la que sería secretario nacional en 1944.

En los años sesenta participó brevemente en Defensa Interior[2]. El 19 de enero de 1964 fallecía su único hijo en un accidente de automóvil. A finales de 1968 sufrió un accidente de circulación, seguido de un largo período de recuperación tras la operación de una pierna. A consecuencia del accidente, abandonó su proyecto de crear con Aurelio Fernández un Partido del Trabajo. Tuvo que jubilarse, cobrando una misérrima pensión. En los años setenta, en plena Transición, con una CNT aún ilegalizada, propuso provocativamente que todos los responsables cenetistas en el exilio tomaran aviones con destino al aeropuerto de Barajas para hacerse detener.

Escribió un polémico libro de memorias, titulado El eco de los pasos, publicado por Ruedo Ibérico en 1978, de lectura imprescindible para profundizar en su biografía y en la historia del anarcosindicalismo español.

En junio de 1979 fue entrevistado en París por Freddy Gómez. La entrevista fue filmada y posteriormente publicada una transcripción parcial de la misma.

Nunca volvió a pisar las calles de Barcelona y de Reus. Murió en Guadalajara (Jalisco, México) el 13 de julio de 1980.

Agustín Guillamón

Correspondencia entre Abel paz y García Oliver

Descontrol, Barcelona, 2014

Notas

[1] Organización militar carlista. El carlismo fue un movimiento antiliberal y contrarrevolucionario, partidario de una monarquía absolutista y de la defensa de los bienes de la Iglesia Católica, en peligro por la desamortización liberal. Durante el siglo 19 se produjeron tres guerras carlistas contra la monarquía liberal de Isabel II y Alfonso XII. En los años veinte y treinta se afiliaron masivamente a los Sindicatos Libres, financiados por la patronal, con el objetivo de crear un sindicalismo católico.

[2] Grupo armado antifranquista de ideología libertaria, que entre 1962 y 1965 prosiguió la lucha armada del extinto maquis. Estaba formada, entre otros, por Acracio Ruiz, Cipriano Mera, Joan García Oliver, Octavio Alberola, Juan Jimeno y Vicente Llansola.

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