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Abstracción y dominación: algunas reflexiones sobre la Filosofía

En las sociedades occidentales, la preferencia por las disciplinas intelectuales frente a lo práctico es lo generalizado, tanto es así que el mundo en el que vivimos ha hecho de la intelectualidad una autoridad que puede estar totalmente ajena a lo concreto, mientras que las prácticas deben estar al servicio de o, al menos, en consonancia con un constructo intelectual. Esto tiene sus consecuencias inmediatas sobre el ámbito académico y el arte pero también tiene consecuencias, quizá menos obvias pero nefastas, sobre el anarquismo y los movimientos obreros de carácter anarcosindicalistas.

Así, dentro del ámbito académico, una de las disciplinas que más ha juzgado hechos concretos en base a abstracciones, imponiendo una autoridad intelectual y ajena a la realidad de los oprimidos, ha sido la filosofía. Los filósofos, la mayoría aristócratas o burgueses y hombres, construyen conceptos como Bien, Virtud, Universalidad, Humanidad… abstrayéndolos de la realidad en la que viven, justificándola y reforzándola. La vida de la mayoría de estos filósofos, a pesar de ciertas “penurias” que afectan a todos los seres humanos, está exenta de las penalidades materiales de las clases más bajas. Es innegable que, pese a que algunos de estos filósofos pueden haber sido censurados o incluso perseguidos por desavenencias intelectuales con el poder, ninguno soportaba el peso de la dominación como los/as obreros/as: los oprimidos por la familia, por el patrón, por el Estado…y, en muchos casos, por los filósofos mismos que proporcionan al poder el aparato conceptual que justifica su dominación.

Aunque muchos nos hayan intentado hacer creer que los conceptos abstractos caen del cielo o son alcanzados mediante la pura razón incontaminada de lo exterior, como vemos son fruto de las vivencias y están inevitablemente unidos al sistema que quieren legitimar. El problema viene cuando se extrapola estos conceptos a la realidad distinta e ignorada de los oprimidos, juzgándola en base al constructo intelectual nunca desinteresado. Con esto se intenta, en definitiva, hacer del obrero un hombre dócil para el poder ya que debe tener los mismos valores que los poderosos.

Esto lleva, por ejemplo, a que alguien como Kant, profesor univeritario, nos ilumine defendiendo que, como lo virtuoso es, entre otras cosas, no robar, no es necesario tener las necesidades cubiertas para ser virtuoso, pero ayuda. También lleva a imponer un concepto de justicia como objetiva por responder ésta a una especie de ley natural sobrehumana, caída del cielo e incuestionable, estando el Estado ahí para ejercerla. Del mismo modo, nos lleva a definiciones de humanidad restrictivas basadas en una supuesta racionalidad objetiva que nos lleva a unos valores objetivos, excluyendo a elementos “antisociales”, “apolíticos”… Detrás de esto se esconde una defensa de la propiedad privada, una condena a su ataque y una definición del “hombre bueno” como el dócil: una defensa, en definitiva, al Estado y el Capital que utiliza la abstracción como argumento de autoridad para imponerse.

Esta estructura de pensamiento jerárquica nos hace comprender mejor por qué casi todos los filósofos han estipulado el Estado como necesario, a pesar de valorarlo algunos en términos positivos y otros en términos negativos. El pensamiento jerárquico nos lleva a dos escenarios posibles: o bien es necesario un Estado que, dado su ejercicio de la racionalidad, interprete y ejerza las leyes inmutables habiendo así una jerarquía de tipo intelectual entre los capacitados porque pueden conocer por sí mismos el Bien y los que son guiados al Bien por ellos, o bien es necesario un Estado impositivo ante la incapacidad de convivir generalizada siendo ésta una jerarquía de ostentación de poder. Las jerarquías intelectuales, tecnológicas, científicas… han sido consideradas como utopías dado su carácter “positivo” ya que nos han vendido que dirigirse hacia el concepto abstracto de Bien es dirigirse hacia el bien de todos.

La estructuras horizontales, el comunismo libertaro como utopía… no son pensados y, cuando se hace en algún momento, se descarta automáticamente por irreal: no van a renunciar tan facilmente a sus privilegios de clase. Del mismo modo, se deslegitima la lucha mediante la acción directa dictaminando qué procedimientos son adecuados y cuáles no en base a la “convivencia”, la “virtud” y mil excusas más, por supuesto los adecuados son los que siguen estando dentro del sistema que pretenden mantener. Con esto, a los anarquistas se nos cierra la puerta de la Sacra Academia y de su santa legitimidad, pero ni la queremos ni la necesitamos: no estamos dispuestos a que nuestras reflexiones entren en esa red de clientelismo que es la Universidad y sean vaciadas de contenido.

Nuestra propuesta es una propuesta de lucha, no es un texto muerto que diseccionar. Sus términos colonizan nuestro lenguaje, por eso deben ser repensados, reconceptualizados. No hablamos en favor del relativismo absoluto, al contrario, defendemos la contrastación de los conceptos con la realidad, la construcción de los mismos mediante la práctica, la filosofía como ejercicio crítico con el poder y con la propia filosofía. La justicia burguesa es injusta porque crea y defiende desigualdades, la violencia no siempre es física y el ataque contra lo que nos violenta, contra lo que nos domina, quizá pueda ser el mejor Bien que hacemos, la libertad no es una capacidad de decidir abstracta sino la capacidad no violentada de decidir concretamente sobre su vida, el ser humano se define por la comunidad y no por potencialidades que jerarquizan…

Terminemos con la dominación de nuestra mente: que comience la revolución.

http://www.grupoheliogabalo.org/abstraccion-y-dominacion-algunas-reflexiones-sobre-la-filosofia/
Grupo Anarquista Heliogábalo
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