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[Argentina] Interrumpir el espectáculo

El 18 de diciembre del 2017, 4 días después del primer intento del gobierno macrista (junto con un amplio sector del peronismo) de efectivizar legalmente la reforma previsional que afectaba a jubiladxs y pensionadxs del Estado, se volvió a citar a los “representantes del pueblo” para debatir y concretar, de una vez por todas, el ajuste al sector no productivo de la sociedad. Así es, el recorte de presupuesto, la quita de poder adquisitivo, la posibilidad de que los individuos puedan comprar lo que necesitan para vivir, puede ser quitada y legalmente justificada. Para lograr esto, se habla en nombre de la “imposibilidad de recortar en otro lado”, culpando a la “herencia pasada” del kirchnerismo, y apelando a la “comprensión y cooperación” frente a estas medidas. “En el futuro -nos dicen- las cosas van a mejorar, pero ahora, en este momento, necesitamos de su sacrificio”.

La jornada del 14 ya había dejado muchxs detenidxs, altos costes de destrucción pública y un claro mensaje político: el ajuste y la flexibilización se iban a aplicar tarde o temprano, y sin importar los costos. Esta firmeza a la hora de reprimir a su propio pueblo es una de las lógicas más básicas del capitalismo. Al ser un sistema que se basa en la ganancia y el beneficio de los empresarios, éstos, para invertir sus capitales, les exigen a los distintos Gobiernos que, a través de los aparatos estatales, abaraten los costos de mano de obra (flexibilización laboral) bajo el pretexto de la “competitividad de mercado” (puaj), y por otro lado, que sepan mantener “la paz social”, es decir, que sepan reprimir a lxs proletarixs revoltosxs que se dan cuenta y se rebelan frente a la estafa a la que están siendo sometidxs. Así podemos ver cómo el Estado es el mediador de las contradicciones entre los capitalistas (hoy en día llamados emprendedores y empresarios), y lxs explotadxs.

La cita del 18 estaba fijada para las 14hs. En respuesta, las organizaciones sindicales, barriales, políticas e individualidades, se presentaron a las 12hs para mostrar la disconformidad frente a la reforma. Nuevamente, el Congreso se encontraba vallado y militarizado, no ya por la gendarmería en colaboración con la PFA, la PSA y la Prefectura como sucedió el 14, sino que esta vez, la encargada de resguardar el edificio histórico fue solamente la PFA y la Policía de la Ciudad, bajo el mando de Horacio Rodríguez Larreta. ¿Por qué esta vez solamente la PFA era la encargada? En mi opinión, se debió a que durante el 14, la Gendarmería fue la fuerza que más perjudicada se vio a nivel imagen, ya que los medios pudieron capturar muchísimas fotos y filmaciones de los efectivos de verde oliva disparando balas de goma y arrojando bombas de gas lacrimógeno sin ningún remordimiento, así como también reprimiendo con palos y escudos. A ninguna fuerza de seguridad le conviene perder su imagen de autoridad respetada, por una imagen de autoridad odiosa. Si a estas imágenes se le suma el hecho de la desaparición de Santiago Maldonado, es entendible que los gobernantes hayan decidido guardar, aunque sea por un ratito, a los mulos de Gendarmería. Otra hipótesis que se me ocurre, es que para el 18 también se esperaba una amplia movilización por parte de la población, y se decidió desplegar solamente a la PFA y a la Policía de la Ciudad para que éstas fuesen  atacadas y sobrepasadas (como efectivamente sucedió por momentos) por lxs revoltosxs, buscando victimizarla y así criminalizar la protesta social. De hecho, los enfrentamientos se terminaron cuando se supo que la Gendarmería estaba dirigiéndose hacia el Congreso.

El debate, como la vez anterior, comenzaría  a las 14hs, y como era debido, a la misma hora, una parte de lxs explotadxs dieron inicio a los enfrentamientos. Muchxs se vieron escandalizadxs por esto, pero ¿acaso podría ser de otra forma? Si la jornada del jueves 14 había dejado un saldo de 22 detenidxs (de lxs cuales 3, entre ellos el compañero anarquista Diego, se encuentran presxs y rehenes del Estado bajo la excusa de “prisión preventiva”), 15 efectivos policiales heridos, y un costo en destrozos de $14.000.000 [1], y a pesar de esto, el gobierno sigue insistiendo con una reforma que, claramente, el pueblo no desea, nos será fácil ver que el interés del pueblo no importa en absoluto, y que por más protesta que haya, sea pacífica o violenta, la reforma se va a aprobar sí o sí. El hecho de que se convoque al congreso a “debatir” la reforma es una mera formalidad y una mascarada de la democracia capitalista para que creamos en su neutralidad como organizador de la sociedad. La realidad es bien distinta. Dentro de este sistema no hay, no hubo, ni habrá debate alguno. La reforma fue aprobada desde el primer día que Macri asumió la presidencia, porque, más allá de que tenga o no mayoría en el Congreso, la política funciona a fuerza de intereses y Poder, y no mediante el diálogo y el intercambio de opiniones. El único lenguaje que maneja el Estado/Capital, es el de la economía, el de la cuantificación y la cosificación. Es sabido que, bajo la amenaza de no recibir presupuesto para sus provincias (evidenciando la falsedad del Federalismo de la república Argentina), los diputados opositores o al menos no alineados a Cambiemos, mareados por la altura de sus asientos en el Congreso, y corrompidos por el putrefacto hedor del Poder que los empuja a “cuidar su quinta”, cedieron y cederán siempre. Por eso festejamos y celebramos todos los enfrentamientos y momentos que interrumpan y desenmascaren el espectáculo capitalista.

En los noticieros, como era de esperarse, los pulcros y cómodos sirvientes del Poder no cesaron de profesar los valores “democráticos” y “civilizados” a los que todxs debemos de atenernos, defenestrando a lxs revoltosxs y los disturbios. ¿Qué otra cosa podíamos esperar de estos parlanchines? Ya sabemos que su trabajo consiste en reproducir constantemente y por todos lados la ideología democrática de las clases dominantes para seguir sumiéndonos en la ignorancia, la confusión y la apatía, empujándonos a odiar a lxs que tenemos al lado, y a amar a los que tenemos arriba. Hemos podido ver hasta qué punto los medios de desinformación masivos cumplen un rol policial y de dominación cuando les facilitan las filmaciones a las fuerzas de seguridad para que éstas capturen y juzguen a lxs proletarixs revoltosxs (Sebastián Romero del PSTU es el ejemplo más claro). Es por esto que no deberíamos de permitir que los medios filmen a lxs compañerxs, o en su defecto, cubrirnos la cara para no poder ser identificadxs a través de las filmaciones.

Lo que no deja de sorprendernos, son todos los ciudadanxs laburantes que se ven afectados por la reforma, e incluso los militantes de partidos de izquierda, organizaciones sociales y ciertxs anarquistas, que dicen luchar por el fin de la explotación, pero que no pueden dejar de lado los procederes democráticos, sosteniendo así los mismos argumentos del Poder. A éstos les preguntamos: ¿qué otro lenguaje creen que se podría haber utilizado en un sistema que, con bellas palabras dice: “somos democráticos”, pero que en lo concreto blinda militarmente el Congreso Nacional para resguardar a los “representantes del pueblo”, encargados de discutir leyes que van en contra de los intereses del mismo pueblo al que dicen representar y defender? ¿Quiénes son estos personajes que se creen lo suficientemente sabios como para decidir y ejecutar la supuesta “voluntad del pueblo”? “Fueron elegidos democráticamente” dirán lxs más inocentes, pero ¿no es acaso ese su aspecto más siniestro? Efectivamente fueron elegidos por la gran mayoría de los votantes, es cierto. Pero seríamos ilusos si creyéramos que eso los hace objetivamente buenos o calificados para gobernar en nombre del “bien común”. Siendo esta democracia un juego de mayorías, y dado que a la mayoría se la alcanza a través de los medios masivos de (des)comunicación, y sumado a que esos medios masivos de (des)comunicación les pertenecen a los mismos que se postulan para ser gobernadores, o a propietarios que se verían beneficiados por determinadas políticas, tomarla como un juego limpio en donde ganan los “buenos” sería un suicidio. La condición fundamental del diálogo es la reciprocidad, es decir la igualdad de condiciones. Actualmente, la igualdad de condiciones es inexistente. De hecho, este mundo se basa en relaciones sociales que promueven la desigualdad. Sin embargo, la cosa es aún peor. El mayor problema es que el espectáculo capitalista lo camufla como si fuese todo lo contrario, como si viviéramos en un mundo en el cual todxs somos ciudadanxs libres que queremos, por libre elección, vivir de esta manera. Lo cierto es que nos educan y nos modelan desde el nacimiento para desear ese tipo de vida. La democracia capitalista y sus ganadores, se imponen día a día, en la televisión, en internet, en los diarios, en las escuelas, en las cárceles, en los manicomios, en las calles con la policía y las cámaras.  Y es por esto compañerxs, que el 14 y el 18 no había nada que hablar. Allí había que hacer presencia y llevar el arma histórica del proletariado: la Acción Directa. Escupirles en la cara sus mentiras y demostrarles que tenemos memoria, que no nos van a engañar con sus formalidades democráticas, que aún seguimos furiosos por las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, y que estamos hartos de que otros manejen nuestras vidas cada vez más precarias, sea que se llamen peronistas, macristas o de izquierdas. Como decía Bakunin, debemos desatar las malas pasiones [2].

Ahora, pasando a los enfrentamientos, los mismos fueron increíbles. Quedó evidenciada la potencialidad de lucha que tienen lxs explotadxs cuando se enojan y dicen basta. Se pudieron observar muchísimos videos en los cuales la policía se ve sobrepasada, obligándolos a correr  y retroceder para salvar su pellejo. La lluvia de piedras era constante, y los cánticos de “que se vayan todos”, “unidad de los trabajadores” y “el pueblo unido, jamás será vencido” se hicieron escuchar, trayendo memorias del argentinazo del 2001. Las cámaras de televisión mostraban y despotricaban sin parar contra esa “violencia irracional” que una parte “aislada” de lxs manifestantes estaban ejerciendo, pero para quienes estuvimos allí, se pudo experimentar que dentro de esa vorágine de rabia y destrucción había un sentimiento de fiesta y solidaridad, una diversidad que sería casi imposible de encontrar en los eventos homogeneizados que en sus diferentes variantes nos presenta el Estado/Capital. Había gordxs, flacxs, blancxs, negrxs, villerxs, chetxs, rubixs, inmigrantes, morochxs, pendejxs, jovatxs, anarquistas, pordioserxs, sindicalistas, laburantes, zurdxs, obrerxs, maestrxs, heteros, homos, lesbis, etc., colaborando y unidxs frente al enemigo. Obviamente hubo discusiones, y debates dentro de lxs mismxs manifestantes, como la que se dio entre unxs luchadorxs que querían destruir una camioneta con antena de la TV Pública, y otrxs que disuadían y les pedían que dejasen retirar a la camioneta pacíficamente, pero estos sí que fueron debates reales, entre iguales, ya que a la hora de la revuelta, en el momento en el cual el enfrentamiento de clase se hace real, todos los estereotipos y los roles sociales que el Estado/Capital nos quiere imponer, se caen y nos evidencia la realidad: estamos todxs en la misma, somos todxs explotadxs. Y he allí donde reside la verdadera belleza de la revuelta y la lucha. La misma nos pertenece a todxs, siendo esa la razón por la cual, como anarquistas, nos oponemos a lxs dirigentes y a lxs líderes, porque nadie, absolutamente nadie, puede personificar o conocer en su totalidad los verdaderos alcances de la solidaridad revolucionaria. La misma debe ser descubierta y experimentada por el cuerpo de cada unx de lxs individuos, reconociéndose, a través de la diversidad y la diferencia, en lxs otrxs. Allí no hubo líderes, y es por eso que tanto se escandalizaron los medios, los gobernantes y los dirigentes en general, porque no había nadie a quien culpar, no había una cabeza que cortar y en la cual centrarse para criminalizar. Debemos comprender esta idea: Una hidra de mil cabezas es mucho más difícil de eliminar.

Aún quedan dos años más de gobierno macrista, y obviamente ya están preparando su reelección para el 2019. Incluso, si observamos a nivel geopolítico, la derecha, después del populismo capitalista, vuelve a cernirse sobre Latinoamérica y el mundo. El panorama no es muy esperanzador, pero como siempre, las opciones son dos: resignarse a la miseria o luchar. Las revueltas del 14 y el 18 fueron una pequeña muestra del potencial que tienen lxs explotadxs cuando se desembarazan de las divisiones políticas y mercantiles, y luchan contra el enemigo de clase. Es hora de que dicha unión y organización se traslade desde los enfrentamientos en fechas y monumentos históricos, hacia adentro, es decir hacia los barrios y las calles, buscando crear redes de solidaridad y apoyo proletarias contra el Poder que se cierne sobre todxs nosotrxs. Debemos poder generar que las revueltas y la lucha sea un proyecto de profundización de una ética organizativa anti-autoritaria. La lucha no se hace solamente desde las barricadas (aunque sí es una de sus expresiones más bellas), sino que también se hace desde la auto-organización. Esa es la verdadera arma que tenemos como explotadxs frente a los Gobernantes que se encargan de enajenarnos, sacándonos la capacidad de organizarnos nuestra propia vida. Es la auto-organización, una que apunte a desmantelar las instituciones burguesas de dominación y a generar relaciones comunistas anti-autoritarias entre lxs explotadxs, la que va a darles pesadillas a los reyes del mundo.

Fran Fridom

https://periodicogatonegro.wordpress.com/2018/03/20/interrumpir-el-espectaculo-2/

Fuentes

[1] https://www.infobae.com/politica/2017/12/19/reparar-los-destrozos-en-el-centro-porteno-costara-23-millones-de-pesos/

[2] Libro Conversaciones con Bakunin, de Arthur Lehning, editorial Anagrama, 1978, traducción de Enrique Hegewicz. (P.249).

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