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Cemento: el Material más Destructivo en la Tierra. Tres Países Cementados (II/II)- The Guardian

Segunda parte del articulo de Jonathan Watts para la Semana del Cemento publicada en The Guardian. En él descubriremos la aplicación práctica de lo que es una de las mayores cafradas de la historia en tres alegres ejemplos, los países de Japón, China y Brasil.

Al Igual que en España o USA, el exceso de oferta y la sobrecarga por demanda pública de cemento tiran de todos los precios hacia arriba. Pero cuando se revisan los valores por ejemplo en periodos de crisis, desaparece la demanda, incrementando el problema. Hace 50 años estas empresas con comportamiento depredador hubiesen quebrado. Hoy día el exceso de oferta es absorbido por los bancos, los cuales empaquetan sus pérdidas y hacen que las compren los estados, los famosos Rescates. Después estos activos van a parar por miles a los fondos buitre que iniciará otra rueda de especulación. Sin mencionar la demencial burbuja creada por los distintos bancos centrales por medios de las Expansiones Cuantitativas.

Ahora se entiende por qué a la economía china se le llama gigante con los pies de barro. A parte de sostener la industria mundial, se han hipoteca en cemento y les ocurrirá tarde o temprano lo mismo que le ha ocurrido a todas aquellas economías que han basado su éxito en un producto especulativo. Cuando vi por primera vez las ciudades fantasma chinas pensé que realmente se preparaban para algo en secreto, para un guerra, para desplazar poblaciones... Después de lo leído estoy seguro de que son tan salvajes como el resto: las constructoras se han aprovechado de los fondos estatales.

Salud! PHkl/tctca

________________

Traducción tarcoteca - Concrete: the most destructive material on Earth - The Guardian 25.2.2019 por Jonathan Watts, AQUI Primera Parte

El caso de Japón

Un ejemplo clásico del uso excesivo del hormigón es Japón, que durante la segunda mitad del siglo XX abrazó con entusiasmo este material para reconstruir el país y la economía. Tanto que el Gobierno llegó a ser conocido como doken kokka (estado de construcción).

Al principio, era un material barato para reconstruir ciudades devastadas por las bombas incendiarias y las ojivas nucleares de la Segunda Guerra Mundial. Luego proporcionó las bases para un nuevo modelo súper rápido de desarrollo económico: nuevas vías férreas para los trenes-bala Shinkansen, nuevos puentes y túneles para autopistas elevadas, nuevas pistas para aeropuertos, nuevos estadios para los Juegos Olímpicos de 1964 y la Exposición de Osaka, y nuevos ayuntamientos, colegios e instalaciones deportivas.

Esto mantuvo a la economía cabalgando en tasas de crecimiento cercanas a los dos dígitos hasta fines de la década de 1980, asegurando que el empleo se mantuviera alto y dándo al partido demócrata liberal en el poder un bastion para mantenerlo. Los pesos pesados políticos de la era, hombres como Kakuei Tanaka, Yasuhiro Nakasone y Noboru Takeshita, fueron juzgados por su capacidad para llevar proyectos importantes a sus ciudades de origen. Los grandes sobornos eran la norma. Los gángsteres de la Yakuza, que sirvieron como intermediarios y ejecutores, también obtuvieron su parte. Las licitaciones casi monopolizadas por las seis grandes empresas constructoras (Shimizu, Taisei, Kajima, Takenaka, Obayashi y Kumagai) se aseguraron de que los contratos fueran lo suficientemente lucrativos como para proporcionar fuertes sobornos a los políticos. El doken kokka propiamente una estafa a escala nacional.

Pero solo hay una cantidad de cemento que puede ser usado sin arruinar el medio ambiente. Los cada vez menores rendimientos se hicieron evidentes ya en la década de 1990, cuando incluso los políticos más creativos lucharon para justificar los paquetes de estímulo del gobierno. Este fue un período de puentes extraordinariamente costosos a regiones escasamente habitadas, caminos de varios carriles entre pequeñas comunidades rurales, cementaciones de las pocas riberas naturales que quedaban y vertidos de volúmenes de cemento cada vez mayores de muros marinos que se suponía que protegían el 40% de las Costas japonesas.

En su libro Perros y demonios, el autor y residente japonés desde hace mucho tiempo, Alex Kerr, lamenta la cementación de las orillas de los ríos y laderas en nombre de la prevención de inundaciones y aludes de lodo. Los proyectos de construcción subsidiados por el gobierno fuera de control, dijo a un entrevistador, "han causado daños incalculables en montañas, ríos, arroyos, lagos, humedales, en todas partes, y continúan a un ritmo acelerado. Esa es la realidad del Japón moderno, y los números son asombrosos ".

Dijo que la cantidad de hormigón por metro cuadrado en Japón es 30 veces mayor que en Estados Unidos, y que el volumen es casi exactamente el mismo. "Así que estamos hablando de un país del tamaño de California que tiene la misma cantidad de cemento [que todo Estados Unidos]. Multiplique los centros comerciales y la expansión urbana de Estados Unidos por 30 para tener una idea de lo que está sucediendo en Japón ".

Tradicionalistas y ecologistas quedaron horrorizados, e ignorados. La cementación de Japón era contraria a los ideales estéticos clásicos de armonía con la naturaleza y una apreciación de "mujo" (impermanencia), pero era comprensible dado el temor siempre presente a terremotos y tsunamis en una de las naciones más activas sísmicamente del mundo. Todos sabían que las riveras de ríos y costas grises eran feas, pero a nadie le importaba mientras pudieran evitar que sus casas se inundaran.

Esta supuesta protección hizo que el devastador terremoto y tsunami de 2011 fuese aún más impactante. Inmensos muros construidos durante décadas quedaron arrasados en minutos. Unas 16.000 personas murieron, un millón de edificios fueron destruidos o dañados, calles de ciudades bloqueadas con barcos varados y las aguas de los puertos se llenaron con coches a la deriva. Fukushima fue una historia aún más alarmante, donde la oleada del océano envolvió las defensas exteriores de la planta nuclear de Fukushima Daiichi y causó un desastre nuclear de nivel 7 [derretimiento del reactor de fisión, previo a una explosión].

Por un momento, parecía que este desastre mostraría al rey desnudo a Japón, cuando la locura de la arrogancia humana se puso en evidencia ante el poder de la naturaleza. Pero el lobby del hormigón era demasiado poderoso. El Partido Liberal Democrático volvió al poder un año después con la promesa de gastar 200 billones de yenes, unas 1,5 billones de libras, en obras públicas en la siguiente década, equivalente al 40% de la producción económica de Japón.

A las mismas constructoras se les volvió a pedir que contuviesen el mar, esta vez con barreras más altas y gruesas. Su valor es puesto en duda. Los ingenieros afirman que estos muros de hormigón de 12 metros detendrán o al menos frenarán futuros tsunamis, pero los locales ya han escuchado tales promesas antes. El área que protegen estas defensas también es de menor valor humano ahora que la tierra ha sido en gran parte despoblada y llenadas de campos de arroz y piscifactorías. Los ambientalistas dicen que los bosques de manglares podrían proporcionar un amortiguador mucho más barato. Es revelador que incluso muchos habitantes locales damnificados por el tsunamis odian el hormigón que se interpone entre ellos y el océano.

"Se siente como si estuviéramos en la cárcel, a pesar de que no hemos hecho nada malo", dijo a Reuters Atsushi Fujita,un pescador de ostras. "Ya no podemos ver el mar", dijo el fotógrafo nacido en Tokio, Tadashi Ono, quien tomó algunas de las imágenes más impactantes de estas nuevas estructuras masivas. Las describió como un abandono de la historia y la cultura japonesas. "Nuestra riqueza como civilización se debe a nuestro contacto con el océano", dijo. “Japón siempre ha vivido con el mar, y nosotros estábamos protegidos por el mar. Y ahora el gobierno japonés ha decidido echar el cierre al mar ".

Economía, Cemento y Crisis

Había algo inevitable. En todo el mundo, el cemento se ha convertido en sinónimo de desarrollo. En teoría, el objetivo laudable del progreso humano se mide por una serie de indicadores económicos y sociales, la esperanza de vida, la mortalidad infantil, la alfabetización... Pero para los líderes políticos, la medida más importante de largo es el producto interior bruto. Y nada fortalece más la economía de un país que el cemento.

Eso es cierto para todos los países en algún momento. Durante sus primeras etapas de desarrollo, los peso pesado de los proyectos de construcción son beneficiosos como cuando un boxeador desarrolla su músculo. Pero para las economías ya maduras, es tan perjudicial como para un atleta de edad avanzada se inyecta cada vez más esteroides para lograr un efecto aún menor. Durante la crisis financiera asiática de 1997-98, los asesores económicos keynesianos dijeron al gobierno japonés que la mejor manera de estimular el crecimiento del PIB era cavar un agujeros en el suelo y llenarlos. Preferiblemente con cemento. Cuanto más grande el agujero, mejor. Esto implica ganancias y empleos. Por supuesto, es mucho más fácil movilizar a una nación para que haga algo que mejore la vida de la gente, de cualquier manera, es probable que el cemento sea parte del acuerdo. Esta fue la idea detrás del New Deal de Roosevelt en la década de 1930, que se celebra en los EEUU como un proyecto nacional que contra las recesiones, pero también podría describirse como el mayor ejercicio de vertido de concreto hasta ese momento. La presa Hoover solo requirió 3.3 mill de yardas cúbicas, unos 230 millones de metros cúbicos, un récord mundial por aquel entonces. Las empresas de construcción afirmaron que duraría más que la civilización humana.

China, la superpotencia cementera del siglo XXI

Pero esto es nimio comparado con lo que está sucediendo ahora en China, la superpotencia cementera del siglo XXI, y la mejor ilustración de cómo el material transforma una cultura (una civilización entrelazada con la naturaleza) en una economía (una unidad de producción obsesionada por las estadísticas del PIB). El extraordinariamente rápido ascenso de Beijing de nación en desarrollo a superpotencia en espera ha requerido montañas de cemento, playas de arena y lagos de agua. La velocidad a la que se mezclan estos materiales es quizás la estadística más sorprendente de la era moderna: desde 2003, China ha vertido más cemento cada tres años que Estados Unidos en todo el siglo XX.

Hoy, China usa casi la mitad del cemento mundial. El sector de la propiedad –carreteras, puentes, ferrocarriles, desarrollo urbano y otros proyectos de acero y hormigón–  representó una tercera parte de la expansión económica del país en 2017. Cada ciudad grande tiene un modelo a escala del plan de desarrollo urbanístico que debe actualizarse constantemente a medida que los pequeños modelos de plástico se transforman en mega centros comerciales, complejos de viviendas y torres de hormigón.

Pero, al igual que EEUU, Japón, Corea del Sur y los demás países que se "desarrollaron" antes, China está llegando al punto en el que simplemente verter el cemento hace más daño que bien. Centros comerciales fantasma, ciudades medio vacías y estadios sin estrenar son un signo alarmante de gasto inútil. Tome el nuevo y enorme aeropuerto de Luliang, que abrió sus puertas con apenas cinco vuelos al día, o el estadio Olympic Bird's Nest, tan infrautilizado que ahora es más un monumento que un centro deportivo. Aunque el adagio "construye y la gente vendrá" ha demostrado ser cierto en el pasado, el gobierno chino está preocupado. Después de que la Oficina Nacional de Estadísticas encontrara 450 kilómetros cuadrados de espacio residencial sin vender en 2015, el presidente del país, Xi Jinping, decretó la "aniquilación" del desarrollo del exceso.

Las estructuras vacías y desmoronadas no son solo una monstruosidad, sino que drena la economía y es un desperdicio de tierras productivas. Cada vez más la construcción requiere de más fábricas de cemento y acero, vomitando cada vez más contaminación y dióxido de carbono. Como señaló el arquitecto paisajista chino Yu Kongjian, también asfixia a los ecosistemas (suelo fértil, arroyos de autolimpieza, manglares resistentes a las tormentas, bosques que previenen las inundaciones) de los cuales dependen en última instancia los seres humanos. Es una amenaza para lo que él llama "eco-seguridad".

Yu ha liderado la carga contra el cemento, arrancándolo siempre que sea posible para restaurar las riberas de los ríos y la vegetación natural. En su influyente libro El arte de la supervivencia [AQUI pdf en], advierte que China se ha alejado peligrosamente de los ideales taoístas de armonía con la naturaleza. "El proceso de urbanización que seguimos hoy es un camino hacia la muerte", ha dicho.

Yu ha sido consultado por funcionarios del gobierno, que son cada vez más conscientes de la fragilidad del actual modelo chino de crecimiento. Pero su alcance para el movimiento es limitado. El impulso inicial de una economía del cemento es siempre seguido por un momento de inercia de la política del cemento.

La Iniciativa 'Belt and Road' y la Geopolítica del Cemento

El presidente ha prometido un cambio de enfoque económico lejos de las industrias pesadas, hacia la producción de alta tecnología con el fin de crear un "país hermoso" y una "civilización ecológica", y el gobierno ahora está tratando de reducir el auge de la mayor explosión constructiva de la historia de la humanidad, pero Xi no puede dejar que el sector de la construcción simplemente se desvanezca, ya que emplea a más de 55 millones de trabajadores, casi como toda la población del Reino Unido.

En cambio, China está haciendo lo que muchas otras naciones han hecho, exportando su estrés ambiental y su exceso de capacidad al extranjero.

El tan anunciado proyecto chino 'Belt and road iniciative' –un proyecto de infraestructuras en el extranjero mucho más grande que el Plan Marshall. Promete un despilfarro en carreteras en Kazajistán, al menos 15 presas en África, ferrocarriles en Brasil y puertos en Pakistán, Grecia y Sri Lanka. Para abastecer este y otros proyectos, China National Building Material, el mayor productor de cemento del país, ha anunciado planes para construir 100 fábricas de cemento en 50 países.

El Caso de Brasil

El auge del cemento vendrá acompañado, casi seguro, de mayor actividad criminal. Además de ser el vehículo principal para la construcción nacional, la industria de la construcción también es el mayor canal para sobornos y mordidas. En muchos países la correlación es tal que la gente lo ve como un índice: cuanto más cemento, más corrupción.

Según la ONG Transparencia Internacional, la construcción es el negocio más sucio del mundo, mucho más propenso a los sobornos que la minería, los bienes raíces, la energía o el mercado de armas. Ningún país es inmune, pero en los últimos años, Brasil ha revelado más claramente la escala de soborno en la industria. [caso Odebretch].

Como en otras partes, la locura por el cemento en la nación más grande de Sudamérica comenzó de manera suficientemente benigna como un medio de desarrollo social, hasta que luego se transformó en una necesidad económica y finalmente se convirtió en una herramienta para la conveniencia política y la codicia individual. El progreso entre estas etapas fue impresionantemente rápido. El primer gran proyecto nacional a fines de la década de 1950 fue la construcción de una nueva capital, Brasilia, en una meseta casi deshabitada en el interior. Un millón de metros cúbicos de concreto se vertieron en el sitio de las tierras altas en solo 41 meses para cubrir el suelo y erigir nuevos edificios para ministerios y hogares.

A esto le siguió una nueva carretera a través de la selva amazónica, la TransAmazonia, y luego, desde 1970, la central hidroeléctrica más grande de Sudamérica, Itaipu, en la frontera del río Paraná con Paraguay, que es casi cuatro veces más grande que la Presa Hoover. Los operadores brasileños se jactan de verter 12,3 mill de metros cúbicos de cemento, que serían suficientes para llenar 210 estadios de Maracanã. Este fue un récord mundial hasta que la presa de las Tres Gargantas de China ahogó el Yangtze con 27,2 mill de metros cúbicos.

Con los militares en el poder, la prensa censurada y sin poder judicial independiente, no había forma de saber cuánto del presupuesto fue desviado por los generales y contratistas. Pero el problema de corrupción se ha vuelto muy evidente desde 1985 en la era posterior a la dictadura, con prácticamente ningún partido ni político sin mancha.

Durante muchos años, el caso más famoso fue el de Paulo Maluf, gobernador de São Paulo, que había dirigido la ciudad durante la construcción de la gigantesca autopista elevada conocida como Minhocão, que significa Gran Gusano. Además de robar crédito de este proyecto, que se inauguró en 1969, también extrajo $ 1000 mill de las obras públicas en solo cuatro años, parte del cual se rastrea hasta cuentas secretas en las Islas Vírgenes Británicas. Aunque buscado por la Interpol, Maluf evadió la justicia durante décadas y fue elegido para varios cargos públicos de alto nivel. Esto se produjo gracias a un alto grado de cinismo público encapsulado por las frases más comúnmente utilizadas sobre él: "Roba, pero hace las cosas", lo que podría describir gran parte de la industria global del cemento.

Pero su reputación como el hombre más corrupto de Brasil se ha visto ensombrecida en los últimos cinco años por Operacion Car Wash, una investigación sobre una vasta red de manipulación de licitaciones y lavado de dinero. Las constructoras gigantes, en particular Odebrecht, Andrade Gutierrez y Camargo Corrêa, estaban en el centro de este extenso esquema mafioso, en el que políticos, burócratas e intermediarios recibieron por lo menos $ 2 mil millones en sobornos a cambio de contratos inflados de refinerías de petróleo, de la presa de Belo Monte, de la Copa del Mundo de 2014, de los Juegos Olímpicos de 2016 y de docenas de otros proyectos de infraestructura en toda la región. Los fiscales dijeron que solo Odebrecht había pagado sobornos a 415 políticos y 26 partidos políticos.

Como resultado de estas revelaciones, un gobierno cayó, un ex presidente de Brasil [Lula da Silva] y el vicepresidente de Ecuador se encuentran en prisión, el presidente de Perú se vio obligado a renunciar y docenas de otros políticos y ejecutivos fueron encarcelados. El escándalo de corrupción también llegó a Europa y África. El Departamento de Justicia de los Estados Unidos lo llamó "el caso de soborno extranjero más grande de la historia". Fue tan enorme que cuando Maluf fue finalmente arrestado en 2017, nadie pestañeó.

Dicha corrupción no es solo un robo de ingresos fiscales, es una motivación para los delitos ambientales: miles de millones de toneladas de CO2 bombeadas a la atmósfera para proyectos de dudoso valor social y, a menudo, impulsados, como en el caso de Belo Monte, contra la oposición. de residentes locales afectados y con profunda preocupación entre las autoridades de licencias ambientales.

Aunque los peligros son cada vez más evidentes, este patrón continúa repitiéndose. India e Indonesia acaban de entrar en su fase de desarrollo altamente concreta. Durante los próximos 40 años, se espera que la superficie construida recientemente en el mundo se duplique. Algo de eso traerá beneficios para la salud. El científico ambiental Vaclav Smil estima que la sustitución de pisos de barro con concreto en las casas más pobres del mundo podría reducir las enfermedades parasitarias en casi un 80%. Pero cada carretilla de hormigón también acerca al mundo al colapso ecológico.

Chatham House predice que la urbanización, el crecimiento de la población y el desarrollo económico impulsarán la producción mundial de cemento de 4 a 5 mil millones de toneladas al año. Si los países en desarrollo expanden su infraestructura a los niveles globales promedio actuales, el sector de la construcción emitirá 470 gigatoneladas de dióxido de carbono para el año 2050, según la Comisión Global de Economía y Clima.

Esto viola el acuerdo de París sobre el cambio climático, según el cual todos los gobiernos del mundo acordaron que las emisiones anuales de carbono de la industria del cemento deberían disminuir en al menos un 16% para 2030 si el mundo ha de alcanzar el objetivo de mantenerse dentro del rango de 1.5 a 2 ° C de el calentamiento También pone un peso aplastante en los ecosistemas que son esenciales para el bienestar humano.

¿Soluciones?

Los peligros son reconocidos. Un informe del año pasado realizado por Chatham House exige un replanteamiento en la forma en que se produce el cemento. [Atención, retaila de medidas biocidas!] Para reducir las emisiones, urge un mayor uso de las energías renovables en la producción, una mayor eficiencia energética, más sustitutos para el escoria y, lo más importante, la adopción generalizada de la tecnología de captura y almacenamiento de carbono. Aunque esto es costoso y aún no se ha implementado en la industria en Una escala comercial.

Los arquitectos creen que la respuesta es hacer que los edificios sean más delgados y, cuando sea posible, utilizar otros materiales, como la madera laminada en cruz. Es hora de salir de la "edad del cemento" y dejar de pensar principalmente en cómo se verá un edificio, dijo Anthony Thistleton.

"El cemento es hermoso y versátil pero, desafortunadamente, cumple todos los requisitos en términos de degradación ambiental", dijo a Architects Journal. "Tenemos la responsabilidad de pensar en todos los materiales que estamos utilizando y en su impacto más amplio".

Pero muchos ingenieros argumentan que no hay alternativa viable. El acero, el asfalto y las placas de yeso consumen más energía que el cemento. Los bosques del mundo ya se están agotando a un ritmo alarmante, incluso sin un aumento en la demanda adicional de madera.

Phil Purnell, profesor de materiales y estructuras en la Universidad de Leeds, dijo que era improbable que el mundo alcanzara un "Pico del Cemento".

"Sus materias primas son virtualmente ilimitadas y su demanda continuará mientras construyamos carreteras, puentes y cualquier otra cosa que necesite cimientos", dijo. "Para casi cualquier medida, es el que menos energía consume de todos los materiales".

En cambio, apunta al mantenamiento de las estructuras existentes y a mejorar su conservación, y cuando no sea posible mejorar su reciclaje. Actualmente, la mayor parte del cemento va a vertederos o se tritura y se reutiliza como agregado. Esto podría hacerse de manera más eficiente, dijo Purnell, si las losas estuvieran incrustadas con etiquetas de identificación que permitieran que el material se ajustara la demanda. Sus colegas de la Universidad de Leeds también están explorando alternativas al cemento Portland. Las diferentes mezclas pueden reducir la huella de carbono de un aglutinante hasta en dos tercios, dicen.

Podría decirse que aún más importante es un cambio de mentalidad que se aleja de un modelo de desarrollo que reemplaza paisajes vivos con entornos construidos y culturas basadas en la naturaleza con economías basadas en datos. Eso requiere enfrentar las estructuras de poder que se han construido sobre concreto y reconocer que la fertilidad es una base más confiable para el crecimiento que la solidez.

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Para saber más

///Guardian concrete week | Cities | The Guardian feb-mar 2019

What you can do to reduce the destructive impact of concrete - The Guardian 2.3.2019

Fuente - https://tarcoteca.blogspot.com/2019/03/cemento-el-material-mas-destructivo-en_11.html 11.3.2017

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