Tu cuenta

Iniciar sesión Registro

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *
Captcha *
Reload Captcha

Buscar

Redes y RSS

Facebook Twitter

 RSS

Suscripción e-mail

Recibe el Boletín Diario del Portal

E-mail:

Traducir

Política de cookies

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar la navegación de sus usuarios y obtener información estadística. Saber más

Acepto

Emanciparnos de la emancipación

Hemos pasado hace pocos días por una huelga feminista y me gustaría poder aportar algunas reflexiones a los planteamientos de esta. Yo he hecho huelga, porque considero que todo lo que sea frenar este sistema productivo mortífero en el que vivimos, respirar por un día más allá del trabajo asalariado que ahoga la vida, salir a la calle para juntarnos con quien tiene disponibilidad para vivir, es positivo. Considero positivo parar, salir a la calle con nuestros niños, nuestros familiares, parejas, amigos y amigas, mostrar que nos cuidamos juntas, desprivatizar la vida y los cuidados.

Me preocupa la desvalorización de los cuidados y del ámbito doméstico, que se diga que el único problema es el reparto del trabajo a casa1; considero que es una anomalía histórica el hecho de que los cuidados estén privatizados en el familia nuclear; considero un despropósito que las asuman mujeres u hombres encerrados en casa, que las asuman funcionarias estatales (ley de dependencia), así como profesionales plegados a las demandas del mercado de las necesidades que este propio sistema impone (lo que nos provee con una mano nos lo desprovee por la otra).

No estoy de acuerdo con la mayoría de planteamientos de la huelga. Por un lado algunos los entiendo, por el contexto histórico y cultural en el que nos encontramos en el occidente capitalista, y cada vez más en todos los estados y territorios integrados en el orden mundial actual. En este contexto a las mujeres sólo nos queda llorar, porque en el marco de la modernidad capitalista nunca podremos alcanzar la igualdad2, y paradójicamente ésta se considera el bien más preciado por el que luchar. Se considera que si fuéramos iguales habría menos violencia contra las mujeres y que lograríamos sociedades más justas. Pero esta premisa no se puede demostrar, pues los países paladines de la igualdad (típicamente los países nórdicos) no son ejemplo de nada en este sentido3. La mayoría de feminismos derivan de este hecho la conclusión de que la dominación de género debe ser algo más antiguo y primordial, si es que con todos los esfuerzos que se hacen por la igualdad, ésta no se elimina4.

Y si el problema de todo ello fuera la manera de mirar el problema?

En las sociedades pre-modernas no existía la igualdad, existía la equidad. Todas las culturas y sociedades del mundo han hecho distinciones por razón de sexo (en tareas, en rituales, en espacios ...) pero esto no implica per se una desigualdad, una opresión hacia las mujeres. En primer lugar, porque las esferas asociadas a los hombres y las esferas asociadas a las mujeres tenían un valor similar, ya que el ámbito público no estaba tan sobrevalorado como ahora, que parece que si las cosas no pasan públicamente, tanto en la esfera de la política pública como en las redes "sociales", la televisión, etc., directamente no existen. Las esferas de ambos sexos eran complementarias y sinérgicas, y aunque ligeramente jerárquicas, no constituían la desaparición del ámbito femenino y la dominación absoluta de las mujeres, entre otros motivos porque hombres y mujeres estaban juntos en la lucha por la vida, existía la comunidad, los vínculos, que protegían de las violencias y de la sensación de separación y exterioridad que existe ahora, pre- condición para el abuso de poder, la cosificación, el individualismo y el explotación5.

Así las cosas me pregunto: ¿cómo podríamos luchar de manera que nuestro discurso y en la medida de lo posible, nuestra praxis, no reprodujeran el sistema dominante y al mismo tiempo teniendo en cuenta que no nos podemos sustraer utópicamente de él?

Podríamos subvertir las bases modernas que le han dado fundamento al feminismo, construyendo unas relaciones entre sexos más libres y autónomas (el principal problema del modelo pre-moderno era quizás la falta de elección consciente, la adjudicación automática de un rol, que si bien podía proveer seguridad e identidad también podía constreñir excesivamente). Podríamos resituar la cuestión de la mujer en un marco histórico de relaciones entre sexos?

Así como con la cuestión nacional catalana muchas nos hemos sumado de manera crítica y constructiva, para intentar hacer del proceso algo más afín a nuestros planteamientos, aunque las tendencias predominantes sean otras, como podríamos hacer lo mismo con las tendencias predominantes dentro del feminismo6?

Si nos consideramos de alguna manera colonizadas por el sistema capitalista y moderno actual (a nivel de instituciones, de valores, de voluntades, de expectativas, de perjuicios ...) no deberíamos hacer un poco de autocrítica de las bases del feminismo moderno y pensar en un «feminismo» (o como le queramos llamar) que se adapte más a nuestra visión del mundo?

Ha habido discursos más marginales y minoritarios el 8 de marzo y más allá, pero con la tendencia global éstos quedan atrapados en formas concretas de entender la problemática de género de acuerdo con la evolución capitalista que, en muchos otros frentes, combatimos y cuestionamos desde la raíz. Los feminismos y las ciencias sociales siempre ponen el énfasis en los espacios de prestigio masculino y proyectan las ideologías y valores capitalistas en su análisis de esta sociedad y de otras.

He encontrado en el feminismo decolonial algunas ideas respecto la herramienta de la huelga feminista que me parecen interesantes y que, salvando distancias, nos pueden inspirar:

Los métodos de lucha, no son cualquier cosa. Ellos dicen mucho sobre las bases en las que se asienta un movimiento social. Los métodos son prescriptivos de mundos: los regulan. De allí que la decisión de tomar el paro de actividades como método habla del tipo de narrativa y comprensión del mundo a la que adherimos.

La idea de paro reedita una imaginería excluyente de las experiencias de trabajo y de organización de lo común que no encajan con la noción de empleo asalariado y ascenso social que señala el ideario de progreso capitalista.

Estos modelos de organización comunal y de vida en relación son los que históricamente han resistido de manera radical al capitalismo y a la expansión del orden moderno-colonial. Que no los reconozcamos como formas de resistencia válidas más acordes a nuestra experiencia histórica es porque nosotras mismas encajamos más de lo que creemos y de lo que nos gustaría admitir con el sistema mundo moderno y el modelo económico de explotación capitalista.

Un puñado de mujeres privilegiadas definen la política feminista [en América Latina]. Vale decir, que esta hegemonía se asienta y es productiva a la subalternización de los mundos que le exceden condenando a invisibilidad las apuestas y las metodologías de resistencia de millones de mujeres indígenas, afrodescendientes, campesinas y populares que cada día enfrentan la violencia sistemática del sistema moderno colonial capitalista de género.

Sigue quedando fuera de nuestra imaginería, nuestra creatividad, nuestros deseos de mundo, nuestras formas del hacer, aquellas ontologías y modelos de gestión de lo común y de la reproducción de la vida que no se han subsumido tan fácilmente a la razón occidental moderna, ni al feminismo que le hace complicidad.

No hay representatividad legítima en la ausencia, y mucho menos en la imposición de un único modelo de comprensión, porque un discurso general sobre posibles preocupaciones comunes impide precisamente que éstas sean finalmente develadas7.

Como decía, no estoy de acuerdo con la mayoría de planteamientos de la huelga, ni tampoco con algunos argumentos que se esgrimen desde varios sectores feministas, pues los considero falaces o directamente falsos8. Creo que a veces el movimiento se alimenta de experiencias traumáticas concretas que se hacen extensibles al resto de la humanidad, victimizando a todo el colectivo de mujeres. En cuanto a la feminización de la pobreza, tal vez debería hablarse de empobrecimiento de la feminidad. Cuando se dice que ser mujer es la principal causa de pobreza se está repitiendo la diatriba progresista y occidentalocéntrica de las Naciones Unidas. Decir que las mujeres están más afectadas por la pobreza en el marco capitalista y desde el punto de vista capitalista no significa que sean pobres por el hecho de ser mujeres, como se suelta torpemente a menudo. No se pueden mirar los problemas de hombres y mujeres por separado, sólo la cooperación horizontal puede liberar a las comunidades concretas de la explotación vertical, que es la única causa verdadera de la pobreza9.

Las reclamas constantes de derechos se me hacen indigeribles. Derechos que nos debe otorgar el poder, el papá Estado, para salvarnos de los malvados hombres que nos rodean. Que la lucha contra la violencia de género ya sea un «pacto de Estado» debería hacernos desconfiar.

En lugar de aspirar a encontrar la justicia proporcionada por el Estado, como los derechos legales, que constituyen una preocupación importante del feminismo dominante, el movimiento de mujeres kurdas llegó a la conclusión de que el camino hacia la liberación requiere de una crítica fundamental al sistema. (...) De hecho, esperar cualquier cambio significativo de los propios mecanismos que perpetúan una cultura de la violación y de violencia contra las mujeres, como es el Estado, sería como recurrir al liberalismo con pretensiones feministas y democráticas. (....) deberíamos preguntarnos qué clase de feminismos acepta este sistema y cuáles no10.

Además, muchas reivindicaciones que se hacen son irrevindicables, pues nadie las puede otorgar («Exigimos ser protagonistas de nuestras vidas ...»). Se piden más y más leyes y más recursos para paliar la violencia, pero lo cierto es que cada vez hay más violencia (porque más casos se definen como violencia y también porque se denuncian más). Al mismo tiempo, se ignoran infinitud de violencias contra los niños, los ancianos, las personas de diferentes etnias, para visualizar sólo la violencia contra las mujeres, sobre todo en el terreno de las relaciones afectivas. En este sentido, la insistencia en que los males los tenemos «dentro de casa», las «cargas», las violencias, las desigualdades, se ha puesto en primer plano, cegandonos respecto a problemas urgentes, y, más que politizando lo personal, personalizando lo político11. Lo cierto es que en el último siglo hemos pasado de la revolución social a la insurrección personal, y de ella a la lucha interpersonal.

Temo que la huelga (aceptada por los sindicatos de toda clase y condición, por la patronal y soportada por los gobiernos de todos los colores) sea un simple reajuste, un simple perfeccionamiento del capitalismo moderno, una capa de barniz femenino al sistema12. Por cada mujer que alcanza un puesto de poder hay miles que se quedan "hacia atrás". Por cada mujer que se convierte en «macho» para alcanzar puestos de poder en la neutralidad ciudadana capitalista, mueren miles, desaparecen en el anonimato por ser simples mujeres que sustentan la vida13. El Estado ve una nueva posibilidad de regular y controlar más y más la vida de la gente y de engordar con los impuestos de las personas las bolsas de los amigos de turno que se apuntan a las tendencias políticas del momento. El mercado ve una forma de avivar más y más la competencia entre iguales, fomentar las aspiraciones de medrar en su paradigma .....Se promociona la parcialidad, se enmascara la desigualdad, se pinta con una gruesa brocha lila a las mujeres de toda clase y condición. Pero mujeres hay de toda condición, así como hombres: amantes de la libertad, sinceras, cobardes, mentirosas, madres y malas madres, poderosas y sin poder. Se tritura aún más a la clase trabajadora, ya que el «feminismo» se ha politizado y polarizado de tal manera que es un tema extremadamente polémico que divide no sólo a los hombres y a las mujeres sino también a las mujeres, y eso es lo que interesa más en el marco actual: que cada uno luche por su pequeña parcela, como si fuera la más importante14.

Corremos el riesgo de sustituir el discurso de clase social por el discurso de género, y ver a las mujeres como nuevo proletariado del siglo XXI, y que el patriarcado sea la raíz de todos los males como antiguamente lo había sido el Estado burgués. La construcción del Estado burgués bebía de la premisa de que «el hombre es un lobo para el hombre». La construcción del Estado feminista bebe de la premisa «El hombre es un lobo para la mujer». La solución es sólo politizar a las mujeres, empoderar a las mujeres para la igualdad de participación política y laboral? No es esto dar por supuesto que es allí, en la esfera política publica, donde tiene interés real estar, y depreciar por tanto, otros espacios de politización informales o domésticos?
¿Qué significa para las mujeres «militar»? Es o debe ser lo mismo que para los hombres? Todo esto no se cuestiona en esta huelga. Se da por supuesto, por tanto, el marco actual, no se generan nuevos imaginarios.

El feminismo kurdo expone también algunas críticas al feminismo occidental que sería bueno poner de manifiesto:

La mirada del movimiento de liberación kurdo sobre la liberación de las mujeres es de una naturaleza comunalista explícita. En lugar de rechazar a los hombres o deconstruir los roles de género hasta el infinito, trata las condiciones que están detrás de los conceptos actuales del ser mujer como un fenómeno sociológico y trata de redefinir esos conceptos formulando un nuevo contrato social. Critica el análisis que hace el feminismo dominante del sexismo, pues mira exclusivamente en términos de género, así como su incapacidad de generar un cambio social más amplio al limitar la lucha al marco del orden preexistente. Una de las mayores tragedias del feminismo es haber caído en la trampa del liberalismo. Bajo la bandera de la liberación, el individualismo extremo y el consumismo se propagan como emancipación y empoderamiento, planteando obstáculos muy evidentes para la acción colectiva. Por supuesto que las libertades individuales son fundamentales para la democracia, pero la incapacidad de movilizarse desde abajo requiere una autocrítica urgente del feminismo15.

Parece ser que con la huelga de este año el impacto de la movilización feminista ha sido un éxito político y mediático. Pero cabe preguntarse: ¿si el año pasado en Barcelona se manifestaron 7000 personas, es sólo por el trabajo desde abajo de las organizadoras, que este año han sido cerca de 200.000? Más allá de la cortina de euforia, creo que el «tsunami feminista» de masas cae en sus presupuestos, demandas y contenidos en el más burdo feminismo liberal. Su potencia transformadora, por lo tanto, es muy cuestionable. Está transformando o reforzando el orden establecido? La difusión de los grandes medios de comunicación y la apropiación del discurso feminista por parte del poder no hace muy buena espina. Si esto es la libertad puede que, como decía Emma Goldman, haya llegado el momento de emanciparnos a nosotras mismas de la emancipación16?

Laia Vidal

NOTAS

1 Dice un amigo haciendo una reflexión sobre los planteamientos de este 8 de marzo: «De aquí a unos años, si no hacemos nada por evitarlo, cada vez habrá menos tareas de las que llaman “reproductivas”, no realizadas ni por hombres (que ya lo hacen hoy en la mayor parte de los casos que se dan, ya que la figura horrenda del ama de casa ya se ha desmantelado y sólo quedan restos de aquello) ni por mujeres. No por nada la natalidad viene cayendo en picado casi de manera constante desde hace casi 40 años. Además, la condena al trabajo asalariado, primero impuesta a los hombres, y luego a las mujeres, está produciendo generaciones en cadena que sólo saben vivir para trabajar (encima hoy en trabajos que poco o nada sirven fuera del trabajo, en la gran industria de los servicios y en el funcionariado, en su mayor parte), y cada vez saben hacer menos cosas para llevar adelante su propia vida (desde una tortilla de patatas, criar a los hijos (ahí están los miles de libros sobre crianza), cultivar unos tomates, hacer pan, organizar y ser parte activa de fiestas populares, fabricar cualquier objeto de uso cotidiano, levantar un muro o tejer una prenda de vestir, entre otras miles de cosas) de manera independiente al orden constituido y dependiente con los iguales. Pero parece que esto no son problemas por los que haya que luchar.. El problema es el reparto desigual en las tareas del hogar...»

2 Ivan Illich en El género vernáculo explicaba: «Al reflexionar, veo ahora que una economía industrial sin una jerarquía sexista es tan inconcebible como una sociedad preindustrial sin género, es decir, sin una clara división entre lo que hacen, dicen y ven hombres y mujeres. Ambos son sueños de opio, sin importar el sexo de quien los sueña. Pero la reducción del nexo monetario, es decir, de la producción y la dependencia de mercancías, no está en el reino de la fantasía. Tal repliegue, es cierto, significa la renuncia a las expectativas y los hábitos cotidianos hoy considerados "naturales al hombre". Mucha gente, incluyendo algunos que saben que dar marcha atrás es la alternativa necesaria al horror, considera imposible esta opción, pero un número rápidamente en aumento de gentes experimentadas, junto con un creciente número de expertos (algunos convencidos y otros oportunistas) coinciden en que es la decisión más sabia. La subsistencia que se basa en una desconexión progresiva del nexo monetario parece ser hoy una condición de supervivencia.»

3 De hecho se habla de la «paradoja nórdica». https://elpais.com/elpais/2017/03/05/eps/1488668739_148866.html. En un sentido más amplio la crítica película La Teoría Sueca del amor tampoco deja en muy buen lugar a las sociedades nórdicas a nivel humano.

4 Lucia González Mendiondo pone en entredicho esta premisa de «a más igualdad, menos violencia» en su tesis doctoral La construcción del discurso contra la violencia de género como verdad social. Implicaciones preventivo-educativas y claves para una propuesta alternativa desde la educación de los sexos. «Hoy en día la igualdad social entre los sexos, aunque siga siendo una aspiración, es más cercana que nunca. Pese a ello, el conflicto en las relaciones de pareja sigue existiendo. La prevalencia de la violencia en las parejas adolescentes y jóvenes que han crecido en un marco social mucho más igualitario puede considerarse, como se hace desde la perspectiva de género, como signo de la existencia de un orden simbólico que reproduce la dominación masculina, concluyéndose, de este modo, que la prevención de todas las formas de violencia de género comienza por la complicada y eterna tarea de educar en la igualdad. O, por el contrario y como se mantiene en estas páginas, puede servirnos como evidencia de que la interiorización de los valores patriarcales no es argumento suficiente para explicar la diferencia entre los sexos, tampoco cuando esta se torna desigual y violenta, y buscar nuevas maneras de abordarla».

(....) «Existe la necesidad de abandonar el enfrentamiento entre los sexos como marco explicativo de las relaciones de pareja también cuando éstas se tornan conflictivas y violentas, en tanto que este planteamiento complica la relación entre los sexos, puesto que no busca el entendimiento entre ambos, que parte de la aceptación de las diferencias, sino la superación de tales diferencias reformuladas como desigualdades. (...)El criterio de igualdad que se impone en lo público resulta tramposo en lo privado y lo íntimo y acaba por contrariar a hombres y mujeres ante la imposibilidad de ser iguales y ser sexos».

5 En este sentido Rita Laura Salgado en su libro La guerra contra las mujeres diferencia entre el patriarcado de baja intensidad pre moderno y el patriarcado de alta intensidad actual. La definición de patriarcado de alta intensidad corresponde más al concepto de neopatriarcado, entendiendo que el patriarcado ha sido un invento de las élites de poder para dividir y enfrentar el pueblo, enfrentando a las comunidades desde dentro. La autora explica: «si el eslogan moderno es “diferentes, pero iguales” (que al final es una ficción, porque en la estructura binaria eso es imposible, no hay lugar para el otro, el otro es una función del uno), en el mundo tribal el eslogan sería “desiguales, pero diferentes”, el mundo es francamente plural... La modernidad tiene un discurso igualitario que enmascara la desigualdad... En el mundo tribal, hombres y mujers son dos naturalezas diferentes. No existe el postulado de un equivalente universal, de un ser humano universal, con todos los problemas que pueden derivarse de allí. No son jerárquicamente iguales, pero en esa desigualdad los dos son plenos en su ser, en su diferencia, en lo que son. Y tienen su mundo propio. Entonces, son desiguales, pero en un mundo plural. Decir “desiguales, pero diferentes”, es una alerta, un desafío.

6 Dilar Drik, activista e investigadora kurda propone, en un sentido similar en Feminismo y movimiento de liberación kurdo: «si conceptos como hombre y mujer, por muy socialmente construidos que sean, parece que van a durar todavía un tiempo, ¿no deberíamos quizá plantear nuevos términos de existencia y dotarlos de una base liberadora? Si es posible reimaginar conceptos de identidad como el de nación, disociándolo de sus implicaciones étnicas e intentando generar una unidad basada en principios, es decir, una unidad de pensamiento, formada de sujetos políticos y no objetos al servicio del Estado (que es la idea que se defiende en la multicultural Rojava, la “nación democrática” como articula Öcalan), ¿podemos crear también una nueva identidad de mujer libre basada en la autonomía y la libertad, para conformar un nuevo sentido de comunidad sin jerarquías ni dominación? (...)Y, sin embargo, al criticar la fijación del feminismo con el género, el movimiento de mujeres kurdas también reconoce la necesidad urgente de prestar atención a opresiones concretas».

Algunas reflexiones sobre metodologías feministas

8 El ejemplo repetido hasta la saciedad es el de la brecha salarial, que se desmonta fácilmente aquí.

9 El libro de reciente aparición Juntas contra el sexismo y la opresión concluye: «La mayoría de feminismos actualmente se quedan en una antítesis a lo que supuestamente ha sido la historia de las relaciones entre sexos, invirtiendo roles y sonriendole a la dominación. El antisexismo se quiere situar en una síntesis, ir un paso más allá expresando: "juntas, las personas", en equidad y reciprocidad, sacando lo mejor de cada uno sin encasillarnos en roles, un nuevo ser humano que integre las cualidades " femeninas "y" masculinas "sin perder la conexión con nuestro ser que es también sexuado, con las connotaciones biológicas y sociales que esto puede implicar pero sin hacer de esto una excusa para oprimir ni dominar nadie.»

10 Dilar Dirik, idid.

11 Desde la comisión organitzadora 8 de Mazo se ha expresado orgullosamente después de la huelga :"Hemos puesto al machismo y la desigualdad en todas las casas, en toda la sociedad, y nadie puede quedarse indiferente después de este día".

12 Aquí se dice: «El feminismo pretende embutir a la mujer en los procesos más bestiales y definitorios del capitalismo, quiere igualdad salarial y prerrogativas legales que obliguen a su empoderamiento capitalista, quiere añadir más y más tareas domésticas al engranaje económico, de las que el Estado y la empresa se lucren a través de impuestos y regulaciones; y a la vez, quiere combatir un tal neoliberalismo que, lejos de definirse como categoría central de su discurso, queda nada más pincelado como algo así como la dominancia internacional de una élite empresarial. No sólo se yerra al identificar al enemigo de los pueblos libres del mundo, que es el poder del Estado, la imposición normativa, el ejército, las armas, la coerción, la imposición homogénea de la moralidad del buen ciudadano a la inconmesurable amalgama de diferentes subjetividades individuales repartidas por el mundo y por el tiempo; no sólo se señala al ultracapitalismo moderno, sino que además las peticiones que se recogen con ánimo supuestamente de liberar a la mujer trabajan directamente en mejorar las condiciones de explotación de ese mismo neoliberalismo demoníaco.

13 Alessandra Bocchetti en Lo que quiere una mujer dice: "Según los criterios de la justicia social, las mujeres deben ser iguales y estar al mismo nivel respecto a los hombres. Según esto, el hombre sería para la mujer como una meta a la que llegar y al mismo tiempo un límite que no se puede traspasar. La mujer no puede aspirar a más o a menos, ni pensar en algo diferente o mejor. Se dice que deben estar en las instituciones; puede que lo quieran, puede que no; no se habla de deseos. La igualdad y la paridad son criterios matadores, no dejan que la mujer se represente a sí misma de una manera independiente, teniendo ambiciones autónomas ".

14 Si las feministas anarquistas de otros tiempos levantaran la cabeza...«¿Feminismo? ¡Jamás! ¡Humanismo siempre! Propagar un feminismo es fomentar un masculinismo, es crear una lucha inmoral y absurda entre los dos sexos, que ninguna ley natural toleraría». (Federica Montseny).

«Yo no soy feminista; nunca lo fui y muchas veces he hecho ya esta declaración. No obstante, empieza a preocuparme el feminismo, porque empieza a manifestarse en la mujer un sentimiento de preocupación de su significación social y está muy expuesto que sufra desviaciones lamentables.(…)El feminismo implica masculinismo y lo único que faltaba, en el actual caos social, es que la mujer, al querer reivindicar sus derechos, se colocara enfrente del hombre, en actitud hostil, y que éste se mofara y hasta se preparara a combatirla en éste, su resurgimiento social. (Antonia Maymon.)

15 Dilar Dirik, ibid.

16 En el artículo La tragedia de la emancipación de la mujer: «¡Libertad e igualdad para la mujer! Qué esperanzas y aspiraciones despertaron estas palabras cuando se pronunciaron por alguna de las más nobles y valientes almas de aquellos días (...) Mi esperanza se encamina igualmente hacia ese objetivo, aunque mantengo que la emancipación de la mujer, como se interpreta y se pone en práctica en la actualidad, ha fracasado en conseguir ese gran fin. Ahora la mujer debe hacer frente a la necesidad de emanciparse a sí misma de la emancipación si realmente desea ser libre».

Submit to DeliciousSubmit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to StumbleuponSubmit to TechnoratiSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn
1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 0.00 (0 Votes)

Comentarios

  • No se han encontrado comentarios
Por favor, acceda con sus datos para poder comentar