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Emilio Sánchez Del Peso lleva más de 50 días de huelga de hambre en la cárcel de A Lama contra las torturas y malos tratos

Cuando ya llevaba 45 días en huelga de hambre, hoy ya lleva 52, Emilio ya estaba en 54 kilos, 19 menos que el 14 de agosto cuando comenzó esta acción. Sus facultades físicas han mermado muchísimo y ya le cuesta mucho más sonreír. Se marea constantemente, lleva semanas que no sale casi de la cama, tiene arcadas cada poco sin poder vomitar nada, pierde la memoria, le cuesta incluso hablar, el color de piel se le ha oscurecido y ya no tiene esa vitalidad, que como a cualquier joven sano y deportista, le caracteriza.

Algunos compañeros del búnker le piden que lo deje y, a la vez lo animan y solicitan que lo trasladen al hospital realizando un ayuno semanal, y es que ni tan siquiera lo han llevado a enfermería ya que evidenciaría, una vez más, el fracaso de la institución penitenciaria en cuanto a la salvaguarda de la integridad física de los internos que “acoge”.

Seguramente si pidiera que le den algún permiso o que lo progresen a 2º grado seria tratado de otra manera, pero no, él pide que se acaben los malos tratos, que se supriman todas las clases de torturas, que se respeten los derechos humanos y la legalidad vigente y no se puede permitir esa clase de denuncia, la denuncia contra todo un sistema que crea más violencia de la que pretende suprimir.

Por fin le empiezan a entregar las decenas de cartas solidarias que tenían amontonadas en sus escritorios, palabras que le dan fuerza, imágenes que le empujan a seguir; sin embargo, echa en falta cartas de lxs compas, palabras y pensamientos de los demás rebeldes que están encerrados… ¡¡va!! seguramente esas nunca se las darán no sea que se extienda el virus de la autoorganización, lo importante es que este aislado.

Durante todo este mes y medio de denuncia, con su salud como única arma, ningún funcionario le ha preguntado por qué hace esto, sólo la coacción para que deje la protesta. El director fue a verlo y pretendía hacerlo a traves de los gruesos cristales de los locutorios para no escuchar, cara a cara, al testigo y víctima de su culpabilidad, como así sucedió.

La connivencia de los servicios sanitarios con los tratos degradantes la evidencia la propia situación, ¿cómo, profesionales sanitarios, pueden dejar en una celda de aislamiento a una persona en su estado?

Uno de los carceleros que le han ayudado a llegar a la comunicación pide a su visita que le haga cambiar de opinión, que está preocupado, liberándose así de un poco de culpa en su colaboración con la barbarie.

Emilio, como tantxs otrxs, vuelve a mostrarnos la máxima expresión de crueldad en nuestra sociedad y, como otrxs tantxs, nos recuerda eso olvidado en nuestras vidas, la dignidad…

CARTA DE EMILIO

¡¡¡Compañerxs!!!

Con ánimos y fuerzas os escribo tras recibir vuestro apoyo y vuestro espíritu de rebeldía, de lucha contra este sistema opresor y juntxs enseñar la oscura y sombría vida detrás de los muros. Expreso con asco y rabia que apoyo todo lo que hagáis para que la verdad no sea silenciada, que vuestros gritos de guerra no sean en vano. El sistema odia a lxs luchadorxs, saben lo que podemos hacer, no hay nada que la voluntad humana no pueda conseguir; como comprobó el “che”, de los pueblos más oprimidos nacen las revoluciones más grandes, hay que enseñar a la sociedad que cobarde, consciente con su silencio despreciable, ha creado este mundo lleno de cárceles, lleno de destrucción y muerte, y es que el problema no somos nosotrxs, son “ellos” creando crueles sistemas penitenciarios, son crueles pero no hipócritas, es lo que son sus leyes y no lo esconden.

Intento calmar mi odio ante este sistema, no me extraña que este modelo de país se hunda, si esta sociedad ciega, asquerosamente material, egoísta e inhumana lo consiente, lo permite. Guerra , hambre, destrucción, más cárceles, mientras la sociedad calla y hace de ciego, que no quiere ver lo que acontece en sus cárceles. ¿Que importa? Un perro menos ladrará.

Continúo expresando mi amargura desde la cárcel, he aprendido una cosa muy distinta a lo que intentan inculcarte a palos los esbirros del sistema, que el problema no se encuentra en nosotrxs, sino en la sociedad que “vosotros” edificasteis y que habrá que cambiar mediante la lucha, aunque sea la lucha armada, que es lo único que entienden..

El alegato final que tengo claro constituye un reto a la sociedad, y de paso una acusación descarnada, mientras seguís golpeándonos no son gemidos lo que escucháis, sino ¡¡¡gritos de guerra desde vuestras cárceles de mierda!!!

Sabiendo que hay muchxs a los que no os silencian y que luchamos, mi lucha cobra mucho sentido y fuerza.

COMPAÑERXS, FUERZA Y LUCHA

 Emilio Sanchez del Peso “el rockero”, desde los muros de la cárcel

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