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Sobre el anarquismo, como yo lo entiendo

Creo que bajo el término “anarquismo” se comprenden, al menos, tres cosas diferenciables, aunque compatibles entre sí.

En primer lugar, “anarquismo” puede significar un conjunto de tesis acerca del orden socio-político, conjunto de tesis caracterizado, primordialmente, por el objetivo de alcanzar un orden social libre de toda autoridad política, de toda explotación económica y de toda metafísica religiosa. Esto es el anarquismo entendido como doctrina social y como práctica política revolucionaria. Llamaré “acratismo” a este primer aspecto del anarquismo, aspecto que se resume en el famoso apotegma Ni dios, ni patrón, ni Estado.

En segundo lugar, “anarquismo” también puede significar una ética de la igualdad y la libertad. En este sentido, se hace referencia a una moral práctica, a un criterio de comportamiento hacia los otros, aquí y ahora, que bien resume el apotegma: ni víctimas, ni verdugos. A este segundo aspecto del anarquismo le llamaré “ética anarquista”.

Finalmente, en tercer lugar, “anarquismo” también puede hacer referencia a una filosofía de la existencia centrada en la realización plena y singular de la individualidad, libre de todo dogma teórico, moral, religioso, científico, etc. Esta filosofía de la existencia puede resumirse en el también famoso apotegma de Max Stirner: He fundado mi causa en nada. Tradicionalmente se ha llamado “anarquismo individualista” a esto, pero este giro ha llevado a muchas equivocaciones y malentendidos. Por ello, yo prefiero denominar “anarquismo existencial” a este tercer aspecto del término.

Aunque estos tres aspectos puedan (pero no necesariamente) conjugarse en una misma persona, creo que analíticamente, y bajo el riesgo de resultar simplón, la distinción es útil, pues se puede ser ácrata sin ser existencialmente anarquista y viceversa; y se puede ostentar una ética anarquista sin creer en la posibilidad de concreción del ideal ácrata; en fin, se puede ser cada una de esas tres cosas de manera separada o se puede reunir dos o los tres aspectos. Pero estimo que el sentido existencial del anarquismo es el más profundo, porque, aunque es empíricamente posible (y hasta frecuente) ser ácrata u ostentar una ética anarquista sin asumir un anarquismo existencial, el anarquismo existencial es la base más sólida para derivar ulteriormente tanto el anarquismo político (acratismo) como la ética anarquista.

Ahora bien, ¿el anarquismo es una doctrina, o es la negación de toda doctrina?

Eso depende de qué signifiquemos con “doctrina”. Indudablemente, los anarquistas tienen algunas ideas en común (esenciales, digamos) que los define como tales, pues toda definición incluye alguna nota específica que excluye a sus contrarias; si no, no define, no distingue. Y si hay un ejemplo donde esta condición de exclusión definicional se ve claramente es en la noción de anarquismo (an-arquismo, sin gobierno, sin autoridad, sin mando). Quiero decir: no es casual que la noción de an-arquismo se presente de modo negativo, es decir, no por lo que es, sino por lo que no es. Lo que el anarquismo excluye es el autoritarismo, y por ende, todo dogmatismo, forma intelectual de autoritarismo (cerrazón a los argumentos). Si se le quiere llamar “doctrina” al acratismo, está bien, llámeselo así; incluso muchos lo asumen como si fuera un dogma religioso (¡!). Pero en todo caso, el anarquismo es algo más profundo que el sencillo acratismo (es decir: anarquismo es algo más que el hermoso ideal de una sociedad sin Estado ni explotados). El anarquismo es un modo de ser, de existir, y nunca es un dogma. Ya Proudhon escribía a Marx en los siguientes términos: “Busquemos juntos, si usted quiere, las leyes de la sociedad, el modo como se realizan esas leyes, el progreso según el cual llegamos a descubrirlas; pero, ¡por Dios! después de haber demolido todos los dogmatismos a priori, no caigamos en la contradicción de su compatriota Martín Lutero, el cual, después de haber derrocado a la teología católica, se puso de inmediato, con grandes esfuerzos de excomuniones y de anatemas, a fundar una teología protestante”.

Entonces, creo que la principal función de la educación anarquista consiste en formar personas no dogmáticas, libre-pensantes, críticas, desconfiadas de la autoridad, preguntonas, cuestionadoras, incluso humoristas, no militantes repetidores de eslóganes. Es decir: la educación anarquista, en el sentido existencial del término, no equivale a difundir dogmáticamente el ideario ácrata. Tal vez los anarquistas que se preocupen más por el aspecto ácrata del anarquismo que por su aspecto existencial sientan que esto que digo es poco en relación a sus ideales de transformación radical y rápida de la sociedad. A ellos les respondo que formar anarquistas, en este sentido existencial, es condición fundamental para que el ideario ácrata pueda luego, eventualmente, prender de manera sensata y no como dogma de fanático o como moda de esnob.

Anibal D´Auria

Charla de reflexión presentada en el Ateneo Anarquista de Constitución, Buenos Aires.

Fuente: http://acracia.org/anarquismo-lo-entiendo/

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