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El proyecto político-intelectual del fascismo español

El siguiente texto es una recensión del artículo "Franquismo o fascismo", por Vicenç Navarro. Disponible en: http://blogs.publico.es/dominiopublico/1308/franquismo-o-fascismo/

En dos caras, Vicenç Navarro logra una contundencia y una crítica realmente esclarecedora. Hablando de su vuelta al país en la época de la transición, se sorprende de la tendencia que había en la sociedad española a concebir franquismo y fascismo como términos diferenciables, separados. Y esto es, junto al proceso de transición, la prueba del “éxito de un proyecto político-intelectual promovido por los vencedores de la Guerra Civil”. Este éxito queda tanto más claro a medida que pasan los años. En Salamanca, hemos tenido que esperar hasta el 2017 para que simbología franquista se retirara de la Plaza Mayor, mientras en el resto de la ciudad águilas nos siguen recordando las glorias de “una, grande y libre” nación española.

El objetivo del siguiente escrito no es el de aclarar ni criticar la polémica de terminología de los años 70, iniciada por Juan J. Linz con su tipología de “régimen autoritario”, diferenciable de los regímenes fascistas, la cual reforzaría la distinción que existía por aquellos años entre ambos términos, entre los dos tipos de modelo de gobierno dictatorial (cabe aclarar que esta tradición de diferenciación se reconoce previamente a la obra de Linz; sin embargo, su aporte teórico fue crucial para el final asentamiento de dicha tradición). Los hechos hablan por sí solos, y aunque algunos hayan intentado entremezclar, confundir y manipular los términos, queda claro el carácter que tuvo la dictadura de los “nacionales”. A lo que nos remitiremos, pues, es a especificar la naturaleza de ese “proyecto político-intelectual”, a cómo se articuló y logró calar en las mentes de la “cultura popular y conciencia colectiva” a la que tanto aludirían los referentes de este sistema. No interesa tampoco discutir los preceptos que este proyecto estableció, y sus posibles errores y las objeciones que pueden hacérseles. Lo que interesa es cómo dicho proyecto se ha internalizado en la población española a lo largo de los años: para ello, daremos cuenta del proceso histórico, y remarcaremos su persistencia hasta el día de hoy en algunos fenómenos sociales que hoy puede reconocerse, aunque esto último se hará de manera muy breve y superficial, pues requeriría toda una labor aparte.

Por proyecto intelectual, comprendo que Navarro se refiere al desarrollo teórico y a la confección de textos claramente sesgados que se divulgaron, y que constituyeron la base del sistema educativo; necesariamente, este proyecto procede a mezclarse con el político, pues el franquismo revirtió todo el sistema educativo para que no hubiera recuerdo alguno del pasado republicano. Si bien hasta los textos de aritmética denotaban el adoctrinamiento fascista, pues “en ellos se podía aprender a contar con soldados, batallones, armas o similares”[1], el gran pilar de la propaganda se basó en los manuales de historia. La educación física, sobre la que pueden encontrarse numerosísimos trabajos, fue otro gran eje, pues moldeó los roles de género y reforzó el sistema patriarcal y familiar que caracterizaba al régimen, y que era la base de este. Particularmente interesante resulta la teoría que establecería Wilhelm Reich en su libro “Psicología de masas del fascismo”, aplicado al nazismo, en cuanto a este respecto.

Siguiendo la revisión hecha por Frago[2], reconocemos en la confección del sistema educativo franquista dos períodos. A efectos del trabajo que nos concierne, nos centraremos en la primera etapa, pues en esta es donde se ve con perfecta claridad cómo se volcó el modelo ideológico del franquismo en el sistema educativo. De la segunda etapa educativa, que corresponde al desarrollismo tecnocrático, básteme decir que hablar de ella como un avance es un error burdo de interpretación, o en el mejor de los casos, inocencia e ingenuidad en la formulación de la frase, en la utilización de términos. No fue más que una puesta al día, que el propio sistema impidió durante tantos años con su aislamiento y política de abuso y terror. Aquí hago un pequeño inciso: la segunda etapa del franquismo, y esto en términos generales, no fue un progreso, como muchos gustan de afirmar, diferenciando al primer franquismo “malo, autoritario, anquilosado” del segundo “aperturista, modernizado y tolerante”. Un clérigo miembro del Opus Dei y un excombatiente del bando nacional que luego ocuparía cargos en la Delegación de Propaganda del fascismo español, Fernández de Carvajal y Martín de Riquer respectivamente (no sorprendentemente, el segundo, senador de las Cortes Generales de España durante la “transición democrática”), escribirían del segundo franquismo que “es presentado como el régimen que propició el desarrollo económico, la mejora del nivel de vida, y que potenció una dinámica aperturista y tolerante, tanto en lo político como en lo cultural. A este franquismo […] le atribuyen el éxito del proceso de modernización económica y social de España que hizo posible la restauración de la democracia tras la muerte de Franco” (Frago, 2014); una visión claramente obtusa, carente total de contexto.

Volviendo a los períodos educativos, el primero, que se corresponde con la etapa de la autarquía y del inicio de la apertura, se caracteriza, como habíamos mencionado, por un proceso de borrón y cuenta nueva. El legado republicano fue aniquilado. Hubo un proceso de cambio de legislación radical: “separación de sexos frente a coeducación, imposición del castellano como lengua escolar frente al bilingüismo, concepción jerárquica de la administración educativa y escolar frente a la participativa, confesionalidad católica extrema frente al laicismo, totalitarismo nacionalista”; un proceso de purga (“La lengua de las mariposas” ha captado, con mucha emoción, este fenómeno). Lo que se aplicó, en definitiva, es lo que Frago llama “pedagogía del terror, del miedo y la delación”. Hubo tres disposiciones legales básicas que establecieron los principios del sistema educativo. La primera, de 1938, estableció un bachillerato elitista y selectivo, donde se oficializaba la enseñanza del alemán, el italiano, Historia del Imperio Español e Historia de la Hispanidad. En 1943, se estableció la universidad católica, falangista, patriótica e imperial. Y en 1945, se entregaba la educación primaria a la Iglesia, con la subsidiariedad estatal.

La faceta política de este proyecto ideológico fue muy amplia y claramente totalizante. La faceta intelectual antes explicada se mezclaba e imbricaba en ella. Fue un claro proceso de lo que en ciencia política suele denominarse ingeniería social, por el cual se intentó moldear al ciudadano de acuerdo con una serie de preceptos impuestos por la clase militar y tecnócrata. Haremos un breve resumen de ella, siguiendo el artículo ya citado de José Miguel Delgado Idarreta (2004).

El programa de propaganda instaurado por la dictadura fascista en España se ha denominado “cultura de la represión”, pues se aplicó a todas las esferas de la vida cotidiana. Empezando por las menos típicas, si se quiere, al referirnos a propaganda política, se puede mencionar la arquitectura, donde se aprovechó para hablar de una “política social” como la base de la “reconstrucción de España” (dejemos aquí de lado las condiciones miserables en las que se encontró la clase obrera, sobre todo durante el “primer franquismo” del aislamiento); como habíamos mencionado, se intentó crear el prototipo de mujer, pues ella era la pieza básica del sistema familiar; se invadieron las artes plásticas, como la escultura, la fotografía o la pintura; ni falta hacer hablar de la censura ideológica, la gran aniquilación de aquellos pensadores opuestos al régimen, y del exilio de otros tantos en miras de su propia supervivencia, de la censura de montones de libros, y la implantación forzada de otros tantos.

Pero el gran peso de la propaganda se ciñó a los medios de comunicación y la prensa, el llamado “cuarto poder”. NO-DO (Noticiarios y Documentales; nivel interno), Agencia Efe (para el control de las noticias internacionales); Ley Súñer de 1938, Ley Fraga de 1966; Delegación Nacional de Prensa y Propaganda, Departamento de Documentación y Auscultación; Radio Nacional de España, Cadena del Movimiento. La lista es interminable, y podrían agregarse aún más elementos. Pero aquí lo que interesa no es hacer una revisión histórica del proceso franquista, sino, como ya hemos afirmado, ver cómo se volcaron los preceptos doctrinarios a la población a través de todas estas instituciones y procesos pseudo-legales.

Más allá de las tremendas hipocresías que pueden encontrarse en el pequeño prólogo de la ley Súñer[3], ya mencionada, considero que en éste se entiende perfectamente cuál era ese ideario franquista, y ello de manera muy sucinta y clara. En dicho prólogo, la libertad es entendida como servilismo al Estado. Es libre y digno aquél que sirva a la nación, a la patria, al movimiento; la democracia no es libertad, es un libertinaje que rebaja a la nación a una condición miserable: “Libertad integrada por derechos y deberes que ya nunca podrá desembocar en aquel libertinaje democrático, por virtud del cual pudo discutirse a la Patria y al Estado, atentar contra ellos”. En este sentido, paradójicamente, la libertad se basa en la anulación de sí misma, en la anulación del individuo, supeditado a la comunidad, al interés de la Patria. La prensa “sectaria y antinacional” ha hecho durante años suficientes males al Estado, con su “servidumbre capitalista de las clientelas reaccionarias, o marxistas”, por lo cual ha de despertarse en ella “la idea de servicio al Estado” para “devolver a España su rango de Nación Unida, grande y libre”.

Como afirmábamos, en pocas palabras vemos el gran núcleo de la mentalidad fascista. En estas cortas frases no sólo identificamos el pilar del adoctrinamiento de la prensa: vemos las bases sobra la que funcionó esa ingeniería social, aplicada a cada individuo que formara parte de la “Patria”: nacionalismo extremo, autoritarismo, anticomunismo, anticapitalismo (al menos en sus inicios), conservadurismo, imperialismo. Es por esto por lo que interesa este prólogo, además, evidentemente, de por el hecho de que el control de la forma de administración de la propia propaganda, de los mecanismos por los cuales se distribuye, es la base de la eficacia del moldeo del cuerpo social.

Hemos visto las facetas que ha tomado el “proyecto político-intelectual”. Hemos referido el sistema por el cual se administraba y se imponía al pueblo, y hemos destacado cómo estas doctrinas invadieron absolutamente la cotidianidad de los hombres, sin posibilidad alguna de recibir estímulos que no fueran los permitidos por la élite dominante; en palabras de Navarro, su aspecto totalizante. Esto, aplicado con una fuerza implacable e indiscutible durante la primera etapa de aislamiento, y aún vigente durante su segunda etapa, aunque con una existencia de oposición gradualmente mayor, necesariamente ha tenido que tener una influencia arrolladora en la mentalidad de los españoles contemporáneos al proceso, y seguramente también la haya tenido sobre los “hijos del franquismo”. Toda posibilidad de pensamiento que pudieran tener los ciudadanos fue restringida por completo, y abocada a los preceptos franquistas. La religiosidad, el machismo, el autoritarismo, la militarización, el nacionalismo, y otras tantas tendencias ideológicas que fueron reforzadas por el pasado régimen perduran hasta hoy, y pueden reconocerse, a veces de manera muy visible, y a veces como una forma subrepticia en el fondo de la mentalidad de los individuos. Esta última resulta, a efectos de nuestro trabajo, la más relevante, pues si queremos ver la influencia que ha tenido el fascismo en la mentalidad española hasta la actualidad, no nos interesa tanto el individuo abiertamente movilizado, que constituye minorías dentro del país (aunque cada vez va tomando mayor fuerza), sino el que, ocultamente, por una cuestión de deseabilidad social y de presión histórica, no manifiesta su pensamiento como realmente es. Recordemos que según todas las encuestas realizadas por el Centro de Investigaciones Sociológicas, España es un país de centro izquierda (según la escala de auto-ubicación ideológica). Resultado que, claramente, no se ajusta a la realidad.

Es una imposibilidad, por cuestiones de espacio y tiempo, acceder a esas minucias del comportamiento que dan idea de unos procesos mentales tan insertos en el fondo de la mentalidad de los individuos (esa suma de comportamientos da cuenta, al fin y al cabo, de cómo es la estructura de pensamiento de un individuo); acceder al discurso social, a la comprensión de por qué se dice cierta cosa, y por qué, en muchos casos, se actúa de una manera completamente contradictoria a la explicación dada. Pero sin duda alguna, existen indicios claros de estos mapas mentales. El comportamiento machista es uno de ellos, y es un fenómeno sumamente vigente que rige la visión que se tiene de la mujer, y por ende, del rol que debe ocupar en la sociedad. El nacionalismo es otro (si bien hay que tener en cuenta la tendencia a nivel mundial que está experimentando, que sin duda requiere un factor explicativo que vaya más allá de la perspectiva aquí tomada): el procés catalán ha dado el aliento a que se manifieste claramente. El racismo sigue vigente: el fenómeno de los hogares sociales, como el de Madrid, es aquí importante, no por la gente que lo conforma y se moviliza de acuerdo a sus principios, sino por el grado de apoyo que logra, y el inmovilismo de gran parte de la población en su contra. Los estigmas sociales también son una consecuencia del pasado fascista, pues lo que rige los principios de moralidad, la “norma social”, encuentra su base en el conjunto de veces que la sociedad se ha manifestado en torno a una cuestión (y, por lo tanto, el peso que el adoctrinamiento franquista ha tenido en ellos).

Sin embargo, se ve esperanza. Como indica Vicenç, el fascismo español nunca fue derrotado. Esto es una realidad que nadie puede negar. La nueva estructuración del poder le dio un rol a las antiguas fuerzas franquistas, así como a los nacionalismos del momento, que hasta hoy sigue vigente. Pero la movilización de las nuevas generaciones es cada vez mayor, y los avances del feminismo, de los antifascistas, y de otros tantos grupos reivindicativos, da cuenta de la tendencia cada vez mayor de un sector de la sociedad a erradicar de una vez por todas los legados del pasado. Esa esperanza es la de que la pasión reivindicativa no haga más que dispararse, inundando al pueblo, organizándolo, y encaminándolo a exigir por sus derechos y por el fin de las injusticias que aún lo reprimen.

Juan M. Rojo

[1] Idarreta, J. M. D. (2004). Prensa y propaganda bajo el franquismo. Centros y periferias: prensa, impresos y territorios en el mundo hispánico contemporáneo: homenaje a Jacqueline Covo-Maurice, coor. Nathalie Ludec y Françoise Dubosquet Lairys, 224.

[2] Frago, A. V. (2014). Education during francoism (1936-1975). Educar em Revista, (51), 19-35.

[3] Ministerio del Interior (1938). Boletín Oficial del Estado, núm 549, p. 6915. Recuperado de: https://legishca.edu.umh.es/2016/07/09/1938-04-22-ley-de-prensa/

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