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Periódico El RebeldeEl primero de mayo es una fecha que desde sus inicios y con el transcurso de los años se ha consolidado como un día de ritualidad obrera. Por acuerdo de la II Internacional allá en Europa y a raíz de un hecho trágico en Estados Unidos, trabajadores y trabajadoras de todo el mundo viven este día como una fecha propia. Es cierto, ya no hay columnas inmensas de obreros que paralizaban su trabajo para ir al mitin a participar de la reafirmación simbólica de su clase. Hoy en Chile hay más banderas que trabajadores en las calles. Pero algo queda, algo.

Cuatro anarquistas asesinados (mas uno muerto tras un “sospechoso” suicidio) en un falso juicio dieron origen a este día. Eso pocos lo recuerdan o lo quieren recordar. Hay otros también que, haciendo eco del mismo olvido prefieren hablar del “día del trabajo” en lugar del “día del trabajador”. Después de todo –nos dirán los empresarios y sus defensores-, no es bueno que el empleado se identifique como miembro de una clase (la trabajadora): se pone muy revoltoso. Es mejor que tome conciencia de que sin trabajo no hay pan. Que sin ser un buen operario, un buen esclavo, no hay derecho a la ascendencia social.

Otros dirán que el 1º de mayo es un fetiche mas dentro del trasnochado intento por cambiar el mundo, parte además de un análisis clasista de la sociedad que está superado. En parte es cierto, ya la lucha no es entre un burgués gordinflón con sombrero de copa y una masa temeraria de descamisados proletarios, las cosas son mucho más complejas. Sin embargo, hay mucho que no ha sido transformado ni por el tiempo ni por aquellos social revolucionarios que se han trepado hasta los círculos del poder ejecutivo. La vida depende del trabajo, del salario. Y mientras esa realidad permanezca incólume –aunque se le disfrace- la violencia y la lucha entre quien entrega el servicio generador de riqueza (el trabajador) y quien posee el control sobre la industria productora, seguirá en pie.

Por eso el 1º de mayo sigue siendo actual. Porque este día nació como promesa de rebelión contra la explotación salarial. Nos acusarán de fetichistas ¡y qué! –gritaremos nosotros: ¿No es acaso una aspiración anárquica ser artífices de nuestra individual identidad? ¿No podemos escoger que ropa usar, que plato probar, con que fecha sentirme alegre, rebelde?

Y bueno, llegamos al 1º de mayo en Chile. En el afán de no repetir las mismas cosas de siempre, nos gustaría introducir una temática que no ha sido trabajada (1). Después de todo la idea es construir colectivamente un aporte, no un recuento. En este sentido hemos tomado como principal novedad, entre otros detalles, la participación de los anarquistas de la Argentina en el 1º de mayo de esta región. Antes de llegar al preciso día quisiéramos, para entender el escenario que cobijó el evento, dar una breve mirada al estado de las luchas sociales, así como a la situación orgánica de los anarquistas locales –sus principales gestores-.

La cuestión social y el movimiento obrero al despuntar del siglo XX

El siglo XIX se marchó dejando tras de sí un escalofriante escenario. Arreciaba en Chile lo que se ha dado en llamar “la cuestión social”, lo que en resumidas cuentas es la serie de problemas derivados del proceso de transición de una economía generalmente agraria a una predominantemente urbana e industrial (2). Esquemáticamente, el fenómeno relata la emigración de innumerables multitudes de campesinos –jóvenes en su mayoría- hacía los centros económicos ubicados en puertos, industrias y enclaves mineros. Las ciudades no fueron capaces de resistir la irrupción de las masas en vías de proletarización, lo cual conllevó a que éstos fueran obligados a vivir hacinados, provocándose así (entre otras cosas) que Chile fuera el país con mayor tasa de mortalidad infantil del continente (3).

Las clases laboriosas estaban condenadas a padecer los embistes del capitalismo. No existían leyes que les protegieran en el trabajo, en muchas partes se pagaba con fichas y no con dinero, la educación era privilegio de pocos. Estaban solos, el Estado no les favorecía y al contrario, les reprimía cada vez que la protesta se convertía en peligro para el empresariado (1890, 1903, 1905, 1906, 1907, etc.). La Iglesia alguna vez intentó ayudar, pero su influencia era mínima, el nivel de desprestigio de su obra era tal que no pocas veces se les expulsó de reuniones obreras. No sin cierta razón, muchos trabajadores veían en su obra mero asistencialismo y defensa del orden. Después de todo, los altos prelados estaban íntimamente ligados –por familia y por otras redes- a las elites del país.

¿Qué hacer? Los trabajadores (los artesanos primero y los obreros después) apostaron por organizarse: fundaron sociedades mutuales, centros de educación popular, cooperativas de consumo, mas tarde sociedades de resistencia y sindicatos. Algunos, en unión con otras clases, intentaron fundar un partido popular, así nació en 1887 el Partido Democrático. Otros, que también pasaron por esa experiencia, vieron que el PD caía en los mismos vicios de los otros partidos burgueses existentes y por lo mismo lo abandonaron. De esa disidencia aparecieron los socialistas por un lado y varios anarquistas por otro. Los unos apostaban por un partido clasista y los otros por la acción directa, por la presión de la orgánica sindical y la protesta antes que por el “infructuoso y corrompido circo electoral”.

Los primeros grupos anarquistas de la región chilena

Los primeros años del anarquismo organizado en Chile confunden a sus hombres y mujeres con los defensores de otras perspectivas obreristas (4). El tránsito desde y hacia el Partido Democrático o a las agrupaciones socialistas era constante, lo que concitó críticas y polémicas virulentas. Aun así, ya en 1899 se consolidaba en Santiago una tendencia de claro cariz anarquista (5). Es evidente que habían conceptos confusos, pero había otros (como el internacionalismo y la acción directa) que parecían homogenizar el abigarrado mundo ácrata de la capital. No obstante y a pesar de lo complejo que es siempre encerrar en límites cronológicos los eventos, se ha convenido en ver a los años 1898-1902 como testigos de la explosión orgánica de los anarquistas en Chile. Durante esas jornadas una gran cantidad de periódicos de orientación libertaria empiezan a ser editados en Santiago, Valparaíso y no pasarán muchos años para que la Idea tenga sus voceros en otros varios confines del territorio. Un siglo nuevo se iniciaba y con él los anarquistas se situaban y formaban al fragor de las luchas sociales y bajo el amparo de las esperanzas de redención social. La primera editorial de El Rebelde en noviembre de 1898 nos confirma las expectativas puestas por no pocos hombres y mujeres hacia el anarquismo:

Esta doctrina, que a despecho de sus enemigos se abre camino en todas partes, iluminando con la antorcha de la razón i la filosofía los mas apartados rincones del mundo, combatirá en Chile, como en el Japón i hasta en la China, la tiranía i la explotación, operando la gran evolución cuyo periodo elejido se desarrollará en el escenario universal el siglo XX.
¡¡¡Siglo rojo!!! Siglo de sangre i de exterminio!, siglo de revolución i muerte! EL REBELDE nace al calor de tu alborada, con la pluma en la mano i la tea revolucionaria en la otra, saludando al mundo pensador, a los oprimidos i explotados, a quienes traerá su redención.
” (6)

Naturalmente, estas palabras se granjearon la enemistad de la represión y no pasaría mucho tiempo para que Magno Espinosa, coordinador del periódico, fuese arrestado por subversión (7). Se podría decir que ese fue el bautizo del anarquismo chileno. El bautizo a palos de un hijo no deseado, de un engendro negador de la patria.

A El Rebelde (1898-1899), heredero en parte de La Tromba (1898), se le sumará pronto La Campaña (1899-1902), La Ajitación (1899-1903), El Àcrata (1900-1901), El Siglo XX (1901), y La Luz (1901-1903). Por otro lado, en el mundo sindical los primeros años de la nueva centuria ven aparecer y multiplicarse a las sociedades de resistencia, organismos sindicales de claro cariz anárquico. Las sociedades de resistencia apostaban por la lucha directa contra los patrones. Había que evitar la intromisión de politiqueros y presionar mediante la huelga para acabar con las mil y una injusticias sociales.

En resumidas cuentas con el cambio de siglo los anarquistas se introducían en el escenario sindical y cultural de los trabajadores de Chile. Se inauguraba la época de “esplendor” de la Idea en este país, que empezaría a decaer –por varios factores- a finales de la década del 20. Tiempos estos (1898-1927) en donde las organizaciones sindicales de orientación anarquista, según Peter DeShazo, fueron el principal motor de las huelgas y de la lucha social de estas tierras (8).

Influencia de los revolucionarios argentinos en los primeros anarquistas de Chile.

El origen del movimiento anarquista en Chile fue asistido importantemente por sus pares de la región argentina. Es cierto que las ideas pudieron –y de hecho lo hicieron- introducirse también por otras rutas, pero la lectura de fuentes nos indica que el contacto Santiago – Buenos Aires fue trascendental en la formación de los primeros grupos y periódicos anarquistas locales. En estos años formativos, no solo prensa y material doctrinario llegó a Chile desde el otro lado de Los Andes, también hubo –por ejemplo- dos visitas del abogado y reconocido libertario Pietro Gori (9).

Bastante prensa de orientación libertaria llegó a manos de jóvenes activistas de la causa obrera en Chile. Uno de esos libelos fue La Protesta Humana, principal periódico anarquista de Buenos Aires, aunque se tiene noticia también de la llegada de El Rebelde, Ciencia Social, El Derecho a la Vida, La Aurora, El Amigo del Pueblo, La Vanguardia, La Voz de la Mujer, Los Tiempos Nuevos, El Obrero Panadero y otros (10). Por otro lado existió conexión epistolar entre Alejandro Escobar (en esos días destacado ácrata local) con Juan Busto, fundador del partido socialista argentino y con José Ingenieros y Leopoldo Lugones que por entonces dirigían La Montaña, periódico socialista revolucionario bonaerense (11).

A partir de 1898 la comunicación con la prensa obrera de la Argentina se hace mas fluida y por ejemplo, el grupo anarquista chileno Rebelión (coordinado por Magno Espinosa) pide ayuda a sus pares de La Protesta Humana para que se le enviaran periódicos y folletos subversivos (12). A través de las cartas e informaciones publicadas tanto en los medios santiaguinos como en las páginas del periódico argentino se puede distinguir una clara relación entre ambas partes. Son numerosos los escritos (artículos, poemas, saludos) de anarquistas chilenos que son publicados en Buenos Aires (13).

El 1º de mayo en Santiago

El socialismo libertario llama por primera vez a la clase obrera de Chile a conmemorar el 1º de Mayo, fecha gloriosa en que se verificó el mas importante movimiento obrero; y día en que el proletariado de todos los países pisotea las fronteras –que la burguesía trata de oponerles como una barrera insalvable de odios y rencores patrióticos- para darse un abrazo con sus hermanos de todo el mundo y cobijarse bajo la bandera del socialismo, que tan nobles ideales entraña y que ha de traernos nuestra completa emancipación social.” (14)

Así versó la primera invitación registrada en la prensa obrera para conmemorar la fecha en Chile. Era el año 1899. Ahora bien, es de imaginar que noticias de los sucesos de Chicago ya existían en Chile y no solo en la capital. Después de todo la prensa libertaria y revolucionaria no era muy respetuosa de los límites fronterizos y si bien solo en 1898 aparece El Rebelde como espacio de contacto, intercambio y difusión de literatura anarquista oriunda de otros países, es casi un hecho que periódicos y folletos revolucionarios hayan sido consumidos por obreros chilenos –de forma individual- mucho antes de esos años. Sin ir mas lejos, el periódico mutualista El Obrero de Santiago ya en 1890 informaba en sus páginas sobre la huelga general del 1º de mayo en Barcelona, mostrándose en el articulo bastante conocimiento respecto de la “fecha memorable” que recordaba a los mártires de Chicago. La misma noticia hace suponer que a manos de algún miembro de El Obrero llegaba El Productor, reconocido periódico anarquista barcelonés. Y todo esto una década antes de que se conmemorara la fecha en Chile (15).

El esfuerzo por dar a conocer el 1º de mayo en Chile era una preocupación para algunos trabajadores de la capital, y en ese intento, los anarquistas demostraron tener mayor dedicación. Quizás traer a colación aquel día no era una inquietud exclusiva de los ácratas, pues de ser así difícilmente se entendería la extensiva acogida que el evento encontró entre los reformistas del partido Democrático, del efímero partido obrero Francisco Bilbao y de las sociedades mutuales de la capital, pero el hecho de que El Rebelde haya sido el primero en invitar a conmemorar la fecha con tanta consagración es decidor.

El primero de mayo fue concebido como una fecha revolucionaria. Venganza, reivindicación y esperanzas de una sociedad más justa se mesclaban en los artículos que le rendían homenaje. Su conmemoración en cierta forma era también una manera de protestar contra las injusticias que afectaban a los obreros chilenos. Por ello desde el principio la fecha fue vista como una amenaza para el orden existente. De hecho, un año antes, en 1898, la iniciativa de conmemorar la jornada junto a los trabajadores de Santiago había fracasado por la acción represiva del Estado. En una carta del grupo Rebelión a La Protesta Humana quedó consignado el fracaso momentáneo de 1898:

La Confederación Obrera que aquí existe, es una Asociación compuesta de dos delegados de cada una de las sociedades gremiales existentes en Santiago, y el elemento revolucionario que se ha introducido en esa federación trabajó hasta que se consiguió que ésta acordara celebrar el 1º de Mayo; pero eso que llaman gobierno no pudo permanecer impasible ante el gran movimiento obrero que por primera vez iba a operarse en Chile y echó mano de sus esbirros para que frustraran la celebración de esa fecha.

Primeramente el gobierno, por medio de sus agentes, sobornó a algunos de los que habían dado sus votos para la celebración proyectada y les hizo declarar públicamente que no querían hacer causa común con los socialistas y anarquistas de Buenos Aires y Europa. No obstante, los que a toda costa queríamos celebrar el 1º de Mayo invitamos a una reunión a los obreros, la que fue numerosísima, acordando celebrar un meeting y un banquete para tal fiesta, quedando nombrada una comisión de cinco compañeros para hacer los trabajos preparatorios.

Una noche, como seis días antes que debíamos tener la ultima reunión, agentes de la policía tomaron presos a los miembros de esta comisión junto con otros compañeros, pasándolos al juzgado del crimen por “desorden”, siendo condenados a 20 pesos y medio de culpa cada uno.

De esta manera la burguesía chilena, que parece no ir en zaga a la de otros países, ha ahogado el primer movimiento del proletariado en la república de Chile.

Pero no importa; estamos dispuestos a trabajar con ahínco hasta que nuestros esfuerzos sean condenados con la Revolución Social.
” (16)

Al parecer la fecha anunciada tardó un par de años en masificarse, aunque ya desde 1902 en adelante aquel día ha sido conmemorado abierta o clandestinamente hasta la actualidad y no solo en Santiago sino en otras partes del país. Los reformistas del partido demócrata y las incipientes organizaciones socialistas también se hicieron participes del evento. Aunque estos últimos recibieron temprano la advertencia de los anarquistas locales: el primero de mayo es para la lucha, no es para celebrar (17). Manuel Montenegro, uno de los colaboradores “chilenos” de La Protesta Humana, criticó duramente un banquete organizado por los seguidores criollos del marxismo en 1902. Desde las páginas de La Agitación les dedicaba estas no muy simpáticas palabras:

Estaba reservado a nuestros socialistas científicos tergiversar el significado de los hechos tan solo para darse bombo y exhibirse como redentores entre quienes ignoran la historia ¡Redentores de cartón!” (18).

Ahora bien, hemos dicho que por iniciativa anarquista se conmemoró por vez primera el día del trabajador en Chile. Pero este breve escrito sostiene además que el contacto con los anarquistas argentinos fue vital para esa primera oportunidad. Evidentemente, el 1º de mayo se hubiere terminado conmemorando sin anarquistas y sin contacto con los argentinos pero, creemos, bastante más tarde. Esta idea la sostenemos a partir de varias situaciones que si bien no pueden ser tenidas como únicas explicaciones, sí dan pistas a favor de lo que intentamos destacar:

1) en la Argentina el 1º de mayo ya se conmemoraba en 1890 (19).

2) las publicaciones anarquistas argentinas llevaban tiempo destacando la fecha en sus páginas.

3) la principal ruta de alimentación teórica –mediante cartas, visitas, folletos y periódicos- de los revolucionarios socialistas de Santiago provenía del país trasandino (20).

4) la información vertida en el primer escrito (registrado) local que recuerda el 1º de mayo es muy similar a la que aparece en La Protesta Humana del 1º de mayo de 1899 (21).

5) La Protesta Humana tenía comunicación y canje constante con personajes como Olea y Montenegro, y con Magno Espinosa, director de El Rebelde.

6) los anarquistas locales envían una carta contándole a los argentinos como “les fue” en la primera conmemoración del 1º de mayo en Chile, en donde ellos invitaron a los trabajadores capitalinos al evento (22).

Nos parece importante destacar además que esta fluida comunicación revolucionaria con la Argentina, que ya hemos señalado, se dio en un contexto de tensión fronteriza entre los gobiernos de Chile y la Argentina. El ambiente era proclive a la guerra: aparte de adquirir más buques y acorazados, ambos estados implantaron el servicio militar obligatorio (1900-1901). La reacción del movimiento obrero revolucionario (al contrario de muchos obreros organizados en mutuales e influenciados por el Partido Democrático) fue, con matices, contraria al conflicto y proclive al internacionalismo obrero (23).

Por último, consideramos importante consignar que el 1º de mayo era un día de rebeldía, y no lo decimos a manera de poesía. Desde sus inicios la invitación llamaba a paralizar las faenas para ir a los mítines públicos. Naturalmente para la burguesía y el Estado dicho gesto era una huelga porque si, una huelga sin sentido. Pero como pronto dejar de trabajar durante ese día se hizo una realidad, la patronal se vio obligada en muchos casos a dar libre esa jornada. De ahí a los banquetes de fraternidad entre patronos y mutualistas un paso: un verdadero sacrilegio para los anarquistas.

A pesar de todo, la idea del 1º de mayo como protesta se mantuvo, por lo menos hasta que en 1925 el Gobierno decretó aquel día como feriado legal, castrándolo en el acto de su sentido revolucionario (24). Lo cual no puede separarse del proceso general de cooptación del movimiento obrero revolucionario mediante la sindicalización legal. Pero eso es otra historia.

Así llegamos hasta el fin de este pequeño esbozo de la primera conmemoración pública en Chile del 1º de mayo. Había fe en un destino mejor, el día no era de descanso: era de lucha. Los anarquistas de la región chilena y gracias al contacto con los revolucionarios argentinos, aceleraron la llegada al país del evento.

Con que asco hoy por hoy comunistas, socialistas y la derecha toda olvidan el protagonismo ácrata de la fecha y de su recuerdo. Aun así, a pesar de esa omisión malintencionada y del efecto de la seducción del Estado de Bienestar, hasta nuestros días el 1º de mayo conserva ese ethos de rebeldía que lo vio nacer. De no ser así no se explicaría el tremendo despliegue policial y represivo que año a año rodea la fecha. Santiago en 1899 dio el primer paso y pronto los más recónditos confines del Estado de Chile se sumaron a ésta: la jornada internacionalista por excelencia…

“Unámonos los trabajadores de Chile y sigamos la obra empezada por las victimas del 1º de Mayo.

Borremos la frontera y démonos con nuestros hermanos un abrazo fraternal y juntos luchemos por nuestra causa que en todo el mundo es la misma.

¡Viva el 1º de Mayo!
¡Viva la Revolución Social!”(25)

En Santiago. Víctor M Muñoz

Notas

1. Luís Vitale y otros autores señalan que el 1º de mayo se conmemoró por vez primera el año 1899 en Chile. Lo cual es hasta cierto punto verosímil. Mas, consideramos que “nombrar” el dato, como el citado Vitale y otros lo hacen, no sirve para conocer la forma en que se logró conmemorar el evento. Por otra parte, Mario Garcés y Pedro Milos dedican un trabajito al 1º de mayo que si bien posee bastantes datos señala que la fecha comenzó a ser recordad en 1903. Luís Vitale, Contribución a una historia del anarquismo en América Latina, Ed. Instituto de Investigación de Movimientos Sociales “Pedro Vuskovic”, Santiago 1998, p 26; Milos Pedro y Garcés Mario, Los sucesos de Chicago y el primero de Mayo en Chile, ECO, 1989

2. Castel, Robert, La metamorfosis de la cuestión social, Paidós, Buenos Aires, 1997; Garcés D. Mario, Crisis social y motines populares en el 1900, LOM, Santiago, 2003; Grez T. Sergio (Recopilación y estudio crítico), La “Cuestión Social” en Chile. Ideas, debates y precursores, DIBAM, Santiago, 1995

3. Salazar, Gabriel, Labradores, peones y proletarios. Formación y crisis de la sociedad popular chilena del siglo XIX, LOM, Santiago, 2000; Pinto, Julio, “De proyectos y desarraigos: la sociedad latinoamericana frente a la experiencia de la modernidad (1780-1914)”, en Contribuciones Científicas y Tecnológicas, Área Ciencias sociales N° 130, USACH, 2000. Versión electrónica en http://www.vrid.usach.cl/pub/Julio%20Pinto.pdf

4. Grez T. Sergio, Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de “la Idea” en Chile, 1893-1915, LOM, Santiago, 2007

5. Por esta oportunidad, omitiremos la interesante duda que nos plantea el periódico anarquista El Oprimido que apareció en Valparaíso en 1893. Un estudio meticuloso de los ejemplares de ese libelo nos entregará datos importantes sobre los primeros ácratas de la región chilena. Nos parece interesante plantear el asunto, puesto que es necesario complejizar esa inevitable tendencia que se tiene en la historia de amarrar asuntos e ideas a años específicos. Un ejercicio arbitrario y por lo mismo artificial. Es una herramienta claro, y la usamos, pero queda hecha la advertencia en cuanto a sus límites: ordena, no explica.

6. “El Rebelde”, El Rebelde (Santiago de Chile), 20 de noviembre de 1898

7. Grez, Sergio, op. cit., p. 44

8. DeShazo, Peter, Trabajadores urbanos y sindicatos en Chile: 1902-1927, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Santiago, 2007

9. “Gori”, La Campaña (Santiago), Nº 3, 1ª quincena de octubre de 1899 y “El doctor Pedro Gori y sus difamadores”, El Àcrata (Santiago), 15-30/5/1901. Para una desarrollada visión de la visita de Pietro Gori a Chile, así como una interesante biografía del mismo, revisar “Pietro Gori: Biografía de un “Tribuno Libertario” y su paso por Chile (1899 y 1901)”, Santiago, 2009, (Inédito), de Eduardo Godoy Sepúlveda, (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.). Agradezco el acceso al documento preliminar y los comentarios a este escrito.

10. “El patriotismo argentino”, La Democracia (Santiago), 11/11/1900

11. Escobar Alejandro, “Chile a fines del siglo XIX”, “Inquietudes políticas y gremiales a principios de siglo”, “La agitación gremial en Santiago, Antofagasta e Iquique”, “La organización política de la clase obrera a comienzos de siglo” y “El movimiento intelectual y la educación socialista” en Revista Mapocho, Nº 58, Santiago, 2005

12. “El grupo rebelión” (aviso), La Protesta Humana (Buenos Aires, Argentina), 12 de junio de 1898

13. Baste citar de ejemplos a las ediciones de La Protesta Humana (Buenos Aires, Argentina) de los días 15 de enero, 18 de febrero, 12 de junio, 7 de agosto y 9 de septiembre de 1898; 7 y 14 de enero, 12 de febrero, 3 y 17 de septiembre, 1 de octubre, 10 y 24 de diciembre de 1899; 22 de junio de 1901, etc.

14. “El 1º de Mayo”, El Rebelde (Santiago de Chile), 1 de mayo de 1899

15. “El Productor y la huelga del 1º de Mayo”, El Obrero (Santiago de Chile), 30 de agosto de 1890

16. “Movimiento Social. Chile”, La Protesta Humana (Buenos Aires, Argentina), 12 de junio de 1898

17. A pesar de que los anarquistas generalmente pusieron mas énfasis en ver al 1º de mayo como día de luto y de lucha y no como una “fiesta”, es necesario señalar que la idea del 1º de mayo como festejo no está ausente de los escritos ácratas. Después de todo también era un día de promesa, de proyección, de alegría. Aunque tampoco fueron ajenos a las “comidas de celebración” –sobretodo en los primeros años- siempre atacaron la “profanación” del día, en tanto socialistas y reformistas fueron acusados de desvirtuar el verdadero origen y sentido de la jornada. Con ello complejizamos el dual análisis de Eric Hobsbawm para quien donde existía mas influencia anarquista entre los obreros, la jornada contaba con un carácter luctuoso, sombrío, de mártires. Mientras que con la ausencia de estos, el 1º de mayo era inevitablemente una “fiesta obrera”. Hobsbawm, Eric, Gente poco corriente. Resistencia, rebelión y jazz, Crítica, Barcelona, 1999, p. 139 y 146

18. “¡Esos socialistas!”, La Ajitación (Santiago de Chile), 24 de mayo de 1902

19. Abad de Santillán, Diego, La FORA. Ideología y trayectoria del movimiento obrero revolucionario en la Argentina, Libros de Anarres-Utopia Libertaria, Buenos Aires, 2005, p. 55

20. Massardo, Jaime, La formación del imaginario político de Luís Emilio Recabarren. Contribución al estudio critico de la cultura política de las clases subalternas de la sociedad chilena, LOM, Santiago, 2008, p. 89

21. También hay citas-ejemplo textuales, como las palabras de Spies “Tiempo habrá en que nuestro silencio será mas poderoso que las voces que hoy estranguláis”. Compárese “El 1º de Mayo”, El Rebelde (Santiago de Chile) del 1 de mayo de 1899 con “1º de Mayo”, La Protesta Humana (Buenos Aires, Argentina), 1 de mayo de 1898. Desde luego hay que matizar la exclusividad de la influencia de La Protesta Humana, con el aporte también probable de los otros periódicos de orientación revolucionaria que llegaban a Chile.

22. “Movimiento Social. Chile”, La Protesta Humana (Buenos Aires, Argentina), 12 de junio de 1898

23. Revisar nuestro trabajo “¡Nuestra patria es el Mundo! El Internacionalismo obrero contra la cuasi-guerra chileno-argentina de 1898-1902”, Santiago, 2007, Inédito.

24. “El 1º de mayo dejó de ser, al menos en Chile, un día de protesta por los mártires caídos en Chicago…” en “Alrededor del 1º de mayo”, El Surco (Iquique, Chile), 1º de mayo de 1926

25. “El 1º de Mayo”, El Rebelde (Santiago de Chile), 1 de mayo de 1899

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