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Dictadores fascistas: Hitler y Mussolini

Los Dictadores han existido desde que el hombre se ha organizado en grupos sociales. Son los que se creen y se ponen por la fuerza por encima de cualquier escala jerárquica y crean alrededor de ellos un aura de absolutismo y completo dominio. Con frecuencia imponen sus ideas a los que han dominado y eliminan cualquier idea disidente con el régimen impuesto. Los dictadores raras veces abandonan el poder que han adquirido por la fuerza. Podemos encontrar dictadores y absolutistas en los reinos medievales o en los caciques. Incluso tenemos lamentables ejemplos de dictaduras unipersonales en el comunismo (Stalin, Castro...) que han tenido y tienen lamentables consecuencias para el pueblo como para la imagen del comunismo. En resumen, cualquier dictadura de tipo fascista impone unas ideas al pueblo y lo subyuga bajo el poder del terror y la represalia policial.

Aquí hablaremos de dos dictadores fascistas de la época del siglo XX, los cuales han marcado profundamente el curso de la historia en Europa y el mundo, y desgranamos un poco la extraña ideología que los sustentan.

ADOLF HITLER (1889-1945)

Hitler nació en Braunau-am-Inn (Alta Austria) y murió en Berlín. Estudió con pobres resultados en las escuelas de Fischlham y Steyr. Se dedicó también de manera infructuosa a la pintura y enfrascado en esa faceta, marchó a Viena en 1907, siendo denegado en dos ocasiones su acceso a la Academia de Bellas Artes. Durante esos años (1907-08), fue mantenido por su madre gracias a una pequeña pensión, pero al morir ésta en 1908, tuvo que hacer frente a la vida sólo. Extremadamente ambicioso, aunque sin talento, siguió creyendo en su faceta artística. En ocasiones se vio obligado a trabajar como aprendiz de albañil, pero, compartiendo la repugnancia de la clase media alemana hacia la clase obrera, prefirió trabajar como pintor de postales baratas. En 1913 se marchó a Munich y sobrevivió austeramente como pintor de carteles comerciales. Por todo ello, su carácter quedó profundamente marcado por un permanente sentimiento de frustración personal. Este resentimiento veía su válvula de escape en el odio a los judíos (“influyentes en el mundo del arte”), a los “seres infrahumanos” (elementos no germánicos del imperio) y a los “hinchados” burgueses capitalistas.

Durante la I Guerra Mundial, fue reclutado por el ejercito y, tras servir en el frente occidental con el rango de cabo y estafeta, fue galardonado con la codiciada cruz de hierro de primera clase. En 1918, cuando se produjo la derrota, se encontraba convaleciente por gases tóxicos en un hospital. Volvió a Munich donde se ganó la vida como político en la República de Weimar, a la orden de oficiales que trataban de oponerse a la creciente marea izquierdista. Surgieron numerosos partidos políticos en aquella época en Alemania y Hitler fue el miembro número siete del Partido de los Trabajadores Alemanes, más tarde conocido como  el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes. Fue cuando Hitler se convirtió en un orador de esquinas y cervecerías, atrayendo para sí la opinión de los oyentes.

Alemania, tras la guerra, debía pagar como pago de las reparaciones a los Aliado la cifra de 132.000.000.000 marcos de oro. El reich (estado) no se hallaba en condiciones de efectuar un primer pago, y era imposible pedir un préstamo a cualquier país. La inflación monetaria fue enorme (con un claro ejemplo: si la inflación era en 1918 de 0,63 marcos, en noviembre de 1923 era de más de 200 millones). Poco a poco, y con distintas tendencias hacia los Aliados, la situación económica se fue nivelando y arreglando hacia finales de 1923. Sin embargo, los años de bonanza económica se vieron truncadas con el crack bursátil del 29, y hacia 1931, Alemania estaba abocada hacia una bancarrota nacional. En las elecciones del 14 de septiembre  de 1930, tanto los comunistas como los nazis obtuvieron gran número de votos. Éstos aumentaron su participación en el Reichstag de 12 a 107 puestos, por lo que se convirtió en el partido más importante después del socialdemócrata. Brüning, canciller por coalición de los partidos de centro, dimitió con su gabinete en 1932 al ver que no contaba con el apoyo popular. Franz von Papen, miembro de extrema derecha del partido de centro, le sucedió.

Tras las elecciones del 14 de julio de 1932, y después de fortísimos enfrentamientos callejeros entre nazis y comunistas, los de Hitler doblaron los votos populares, obteniendo 230 puestos en el Reichstag (el 37% del total). Inmediatamente, exigieron que Hitler, como jefe del partido más numeroso, asumiera la cancillería. El 13 de agosto se le ofrecieron a Hitler y a algunos de los más destacados cargos del partido nazi carteras en un gabinete de coalición presidido por Von Papen. Hitler se negó a tomar nada que no fuese el poder ejecutivo absoluto. Esta propuesta fue inmediatamente rechazada por el anciano presidente. En septiembre de ese mismo año, el gobierno Hindenburg-Papen-Schleicher, que gobernaba el país tras las elecciones, retiró a Alemania de la conferencia de desarme y realizó una política pro-militarista.

Durante todos estos años, Hitler había desarrollado sus ideas racistas y ultranacionalistas que había plasmado en su libro, Mein Kampf (Mi Lucha). Había impuesto un sistema de terror con sus actos violentos. Los nazis se habían aliado con dos grupos paramilitares: las SA y las SS. Además, recibían la financiación de banqueros y grandes empresarios, que pensaban que el nacionalsocialismo sería útil para librarse de las reivindicaciones de la clase obrera.

El 30 de enero de 1933 Hitler accedió a la cancillería. Disolvió el Reichstag con el permiso del presidente Hindenburg y convocó nuevas elecciones el 1 de febrero. Durante las siguientes semanas, los nazis realizaron una fuerte campaña propagandística y recurrieron a la fuerza para disolver las concentraciones y manifestaciones de los partidos contrarios. El 27 de febrero, el Reichstag desapareció bajo un pavoroso incendio, que fue achacado a los comunistas por Hitler y los suyos. Los nazis se dedicaron a crear una ola de histeria anticomunista en todo el país. Gracias a todo ello, los nazis se hicieron con el poder, consiguiendo 288 escaños, es decir, el 44% de los votos. Coaligados con el 8% de la representación nacionalista, dieron al partido la mayoría en el Reichstag. A partir de aquí Hitler trato de conseguir que se le concedieran poderes totalitarios. Aprobó el Reichstag cinco artículos que autorizaban por cuatro años la dictadura de Hitler, permitiéndole editar leyes y tratados a espaldas de la constitución y sin el apoyo del Reichstag o del presidente. Antes de finales de julio fueron disueltos todos los partidos salvo el nacionalsocialista. Centralizaron el gobierno, aboliendo el federalismo, prohibiendo las huelgas, persiguiendo a los judíos, apresando a los líderes de la oposición e impusieron restricciones a la iglesia. El 21 de octubre  de 1933, Alemania abandonó la Sociedad de Naciones (predecesora de la actual ONU). El gobierno alemán declaró asimismo su intención de aumentar el ejercito.

En junio de ese mismo año, elementos del régimen nazi eran sospechosos de conspirar para derrocarlo. Hitler ordenó unas purgas en las cuales fueron fusilados varios dirigentes. El 25 de julio, unos partidistas nazis asesinaron al canciller austriaco. Los asesinos lograron huir gracias a la acción del embajador alemán. Sin embargo, Mussolini afirmó que defendería la independencia de Austria a toda costa; por lo que Hitler repudió la acción de su diplomático.

El presidente Hindenburg muere en agosto de 1934. Eliminado el último obstáculo hacia el poder supremo, Hitler se proclama führer (guía) del pueblo alemán. Rápidamente, el y los suyos trabajan para transformar la república de Weimar en un estado totalitario.

El resto de la historia de este individuo pertenece a la historia del mundo. Sus acciones fueron la causa de la 2ª Guerra Mundial. Sin embargo, analizaremos algunos aspectos importantes de su política:

El partido nazi controlaba totalmente la sociedad alemana. La propaganda, a cargo de Goebels, se dedicaba a ensalzar la figura del führer y creaba y un culto alrededor de su persona. Por otro lado, la policía secreta o Gestapo, se encargaba de eliminar cualquier muestra de oposición al régimen nazi.

Los judíos eran considerados la fuente de todos los males del país y por ello fueron duramente perseguidos y eliminados de manera sistemática. Los trabajadores de los territorios ocupados eran obligados a trabajar en interminables jornadas laborales en precarias condiciones para sustentar al ejercito alemán durante la guerra.

La política de Hitler consideraba a Alemania la creadora de la cultura humana y la nación que debería regir el destino del resto de los países del mundo. Se lanzó a una política de corte imperialista, que desencadenó la 2ª Guerra Mundial (tras la invasión de Polonia). Los estados europeos temían a Hitler y por ello no lo frenaron diplomáticamente (por ejemplo, su intervención en la guerra civil española).

El orden nazi que trataban de imponer en Europa primero y en el resto del mundo después, consistía en un gran espacio alemán, donde  las razas inferiores y las decadentes democracias sirvieran al pueblo alemán.

La obra sublime de Hitler fue el horror de Auschwitz, símbolo de la intolerancia, el absolutismo y el racismo nazi. Los judíos, entre otras razas consideradas inferiores a la aria, fueron perseguidos y torturados. En 1941, Hitler declaró la aniquilación de todos los judíos de Europa (la Solución Final). Se crearon los campos de concentración bajo el control de las SS, en donde se encerraba a todo aquel peligroso para el régimen: socialistas, comunistas, liberales; y a todo sector de población no deseable: homosexuales, deficientes mentales... En los campos se asesinaba rápidamente a grandes cantidades de prisioneros. La cifra de judíos asesinados en los campos de concentración se estima de 4.800.000 a 6.500.000. Les siguen los gitanos con una cifra aproximada de 400.000 muertos.

Hitler se suicida en un búnker de un tiro en la cabeza en abril de 1945, cuando las tropas soviéticas irrumpían en la ciudad. Sus restos fueron quemados por los miembros de su guardia de las SS.

BENITO MUSSOLINI (1883-1945)

Mussolini tiene en su haber el triste mérito de ser el creador del fascismo. Nació en Dovia di Predappio, aldea de la Romaña. Su padre era herrero y su madre maestra.  A los diez años de edad, Mussolini ingresa interno en el Colegio de Salesianos de Faenza y, posteriormente, en la Normal de Forlimpopoli. De allí lo expulsan por su carácter rebelde y violento tras agredir a un compañero. A partir de 1901 ejerce como maestro, pero tratando de huir del servicio militar deserta a Suiza. Es detenido hasta en once ocasiones por realizar propaganda socialista. Después de ser expulsado del país, regresa a Italia, en donde es obligado a realizar el servicio militar hasta 1906. Posteriormente, trabaja como maestro y destaca en la faceta de agitador sindicalista en la prensa local. En Trento dirige un periódico de corte socialista (Avvenire), pero disconforme con su política pro-austriaca, ingresa en la redacción de Popolo. Expulsado de Trento, realiza en Forli el papel de secretario de la federación socialista. Una campaña contra la guerra de Libia le valen cinco meses de cárcel. Sin embargo, en los albores de la I Guerra Mundial, se deshace de su antimilitarismo y se decanta por la participación italiana en el conflicto al lado de las democracias. Por ellos, rompe con el socialismo antiintervencionista y funda Il Popolo d’Italia, portavoz del anticomunismo y organiza los fasci d’azione rivoluzionaria. Al entra Italia en la guerra, se alista y combate hasta que es herido en 1917, cuando vuelve al Popolo con sus campañas anticomunistas.

Entre 1920 y 1922 se fue dibujando la crisis del estado italiano. Crecía la impopularidad el gobierno. Mussolini había creado en 1919 los Fasci italiani di combatimento y se encargó de estructura el fascismo y erigirse como líder del nuevo movimiento. En 1921, de una escisión del partido socialista se crea el partido comunista. El gobierno dimitió y fue sustituido por Ivanhoe Bonomi, que debía hacer frente a la marea creciente del fascismo de Mussolini. Los intentos de éste de hacerse con el poder de la península por la fuerza dieron resultados. En octubre de 1922 se llevó a cabo la marcha sobre Roma. El rey no quiso imponer el estado de sitio que le pedía Facta, el sucesor de Bonomi, y encargó a Mussolini la creación de un nuevo gobierno. Con una nueva ley electoral, los fascistas se hicieron con le poder en el parlamento italiano, lo que fue denunciado por el dirigente socialista Giacomo Matteotti, que fue secuestrado y asesinado por personas afines al fascismo.

El nuevo estado de Mussolini firmó un tratado de neutralidad con España y concertó pactos de amistad y arbitraje con Alemania y otros países centroeuropeos. El régimen fascista aprobó una nueva constitución, otorgó el cargo de Duce (jefe del gobierno) a Mussolini e implantó la censura de prensa. Asimismo, se firmaron los Pactos de Letrán, que restauraban el poder temporal de los papas, con lo que el régimen captó muchos adeptos entre los católicos.

La política exterior de Mussolini era una política imperialista y colonial, mientras que era de amistad con Alemania desde que Hitler alcanzase el poder en 1933. Sin embargo, esta cambió cuando Austria fue objetivo de Alemania, pues temía el Duce  tener demasiado cerca de los alemanes. Mussolini invadió Etiopía en 1936, en contra de la opinión mundial y la Sociedad de Naciones impuso sanciones económicas a Italia. El 1 de junio de 1936, se establecía el imperio italiano oriental, que comprendía Etiopía, Eritrea y Somalia italiana. Víctor Manuel III asumía el cargo de emperador.

El acercamiento definitivo de Italia y Alemania se llevó a cabo durante la guerra civil española (1936-39), donde ambos países apoyaron el bando sublevado contra la República Española.

Posteriormente, durante los prolegómenos de la 2ª Guerra Mundial, las relaciones de los dos estados totalitarios se estrechó y se creó el denominado Eje Berlín-Roma. Italia se retiró de la Sociedad de Naciones, y Mussolini anunció un importante rearme de las tropas italianas. Italia también siguió, al ejemplo nazi, una serie de medidas restrictivas contra los judíos.

Mussolini realizó un régimen autárquico y emprendió grandes obras civiles (desecación de pantanos, construcción de carreteras) con el fin de mantener el paro bajo mínimos pero con el coste de la definitiva ruina del país. Durante la guerra civil española, envió a mas de 100.000 soldados al bando nacionalista de Franco. Sin embargo, Italia no fue tan fuerte en la guerra como lo fue Alemania y las ofensivas que emprendió tuvieron, en muchas ocasiones resultados no deseados. Por ello se convierte en un instrumento de la Alemania nazi, cuando no en un obstáculo. En febrero de 1943, desmoronado su imperio, realiza una drástica purga en su gabinete y en el partido, con la intención de afianzar su poder.

A finales de la guerra, Roma es bombardeada por los Aliados y viendo perdida la guerra, Mussolini es repudiado por el Gran Consejo fascista. El rey despide a Mussolini y se pone al frente del ejercito. Los alemanes reaccionan creando un gobierno fascista al norte dirigido por Mussolini. Loa Aliados entran en Roma  en junio de 1944 y el rey traslada la autoridad a su hijo Humberto y el gobierno a una representación antifascista. El 29 de abril de 1945 se rinden los ejércitos alemanes. Un día antes, Mussolini había sido ejecutado por los partisanos cuando huía a Suiza. 

NACIONALSOCIALISMO

El nacionalsocialismo es un sistema político de corte nacionalista y totalitario, con una permanente búsqueda megalómana de convertir al país en un imperio y la rendición de todos los demás países a la gloria y al poder del nacionalsocialismo o nazismo. La ideología se basa en la del partido nazi alemán, en nombre del cual, Hitler asumió el poder absoluto de Alemania. Los orígenes sociopolíticos de esta tendencia se encuentran en una aristocracia de tradición autoritaria y militarista, al engrandecimiento excesivo del nacionalismo alemán (que consideraba al pueblo germano por encima del resto de las razas) y a la industrialización de Alemania, cercada en su avance por el colonialismo británico y francés.

La depresión del 29 y el desempleo que conllevó, además de la reacción de los estratos medios de la sociedad alemana, la burguesía y el ejercito al auge de los partidos de izquierda fueron la causa de la subida al poder de los nazis. Desesperados por la situación económica y humillados por el papel al que Alemania había quedado reducida tras la I Guerra Mundial, muchos alemanes abrazaron la nueva ideología. A todos cuantos querían escucharles, los nazis señalaban como la causa de sus males a las débiles instituciones democráticas, a la prosperidad de la población judía y al tratado de Versalles, que reducía a Alemania económica y militarmente.

El nacionalsocialismo alemán se sustentó en algunos mitos decimonónicos, como el de la razón suprema del estado, que fue puesto por encima de cualquier derecho personal. Las obras claves de esta ideología fueron Der Mythus des 20. Jahrhundertd (El Mito del Siglo XX) de Rosenberg y Mein Kampf (Mi Lucha) de Hitler. En estas obras se argüía que era deber del estado hacerse cargo absoluto de las manifestaciones sociales, educativas, económicas, religiosas y personales del individuo e insistían en la participación activa del pueblo en la vida política. Según ellas, la raza aria era la suprema manifestación del estado alemán, destinado a regir los destinos del mundo. Al frente de todo ello, como conservado de la integridad del estado, se encontraba el führer, cuya clarividencia, casi sobrenatural, conduciría al pueblo alemán a las más altas glorias.

El nazismo alemán disolvió todos los partidos salvo el nazi y las organizaciones sindicales fueron sustituidas por un solo sindicato estatal. Las iglesias quedaron sometidas a un riguroso control y se intentaron borrar cualquier influencia judía de la Biblia, que fue reescrita de acuerdo con las ideas racistas alemanas. Se instauró una nueva religión que pretendía revivir a los antiguos dioses teutónicos y restaurar los rituales paganos. Las escuelas y los medios de comunicación se convirtieron en instrumentos de adoctrinamiento de la propaganda nazi. La Gestapo, o policía secreta, se encargaba de vigilar o reprimir despiadadamente cualquier oposición al régimen.

Estas ideas, sin embargo, no murieron con el fin de la Alemania nazi y actualmente algunos descerebrados continúan ensalzando estas doctrinas como borreguillos de los líderes. Sus actitudes son racistas y violentas. Incomprensiblemente, miembros de la amalgama de razas que hay en España (que somos de todos menos arios) defienden, a menudo sin criterio ni conocimiento, el nazismo y a Hitler. 

FASCISMO

Aunque el régimen alemán nazi es un régimen fascista, describimos aquí las características del régimen de Mussolini. Como el nacionalsocialismo alemán, el fascismo italiano fue consecuencia de la I Guerra Mundial. Se caracteriza el fascismo por una casi patológica oposición al comunismo y a los movimientos de izquierda, aunque su fundamentación ideológica es realmente débil.

Duverger le atribuye las siguientes características:

1.      El fascismo se presenta como una doctrina política que opone al racionalismo y abstracción dominantes en el siglo XIX, con una consideración especial hacia los factores naturales del hombre. Así, la sangre, el suelo, la familia y todo el conjunto de fuerzas naturales son los que delimitan el contorno de los seres humanos; que no pueden ser concebidos en abstracto.

2.      Por una clara influencia de F. Nietzsche y W. Pareto, entre otros autores, el fascismo parte de la desigualdad entre los hombres: las minorías llamadas a mandar y el resto sometido a la obediencia. Los “inferiores” deben aceptar como natural la detentación del mando por minorías selectas.

3.      En virtud de su carácter totalitario y comunitario, el estado abarca toda la vida social, por lo que deben someterse a él todas las libertades políticas y derechos del individuo. La idea quedó sintetizada en la frase de Mussolini: “Todo dentro del Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.”

4.      Su carácter violento, agresivo y revolucionario exalta la acción directa contra los enemigos interiores y exteriores del estado y eleva la guerra a instrumento normal de la acción política.

5.      El fascismo es un régimen personal. Toda la autoridad y poderes del sistema quedan concentradas en la persona del jefe, del dictador, cuya decisión prima sobre todos los demás órganos, que quedan reducidos  a la función asesora y subordinada al jefe.

6.      Consustancial al sistema el la existencia de un partido único, que cuenta con el total apoyo del estado, cuando no está plenamente identificado con él. El partido suele tener un carácter militar y el encuadramiento de sus miembros se hace con criterios de este tipo: uniformidad, instrucción militar, uso de armas y disciplina castrense.

7.      El fascismo es un régimen plesbicitario. Las apelaciones al pueblo mediante plebiscito (Consulta que los poderes públicos someten al voto popular directo para que apruebe o rechace una determinada propuesta sobre soberanía, ciudadanía, poderes excepcionales, etc.) han sido frecuentes en el régimen alemán e italiano. Pero eso no esconde un sistema democrático. Las votaciones o plebiscitos de Italia, por ejemplo, eran las elecciones con candidaturas únicas de miembros del partido.

El fascismo se manifiesta antiliberal y al mismo tiempo antimarxista. Ataca al liberalismo porque lo considera un régimen artificial, juguete de unas oligarquías bajo el que se esconde la verdadera esencia del sistema. Del marxismo repudian la revolución, dictadura del proletariado, la lucha de clases y la interpretación materialista de la historia. Ensalza el valor absoluto del Estado y la nación. Su concepción del estado es totalitaria. Domina la vida del individuo y éste nace para servirlo. Del estado surge la figura del jefe (Duce), a quien corresponde toda decisión suprema.

Como verás, el fascismo trata de crear un individuo aborregado, que no piense por si mismo y que sea capaz de obedecer y dejarse la piel por su jefe y su patria si se le ordena. Los fascistas son animales de manada en tanto que requieren la presencia y el mandamiento de un líder. Totalmente ajeno a la razón, esta ideología no ha muerto, si no que ha logrado sobrevivir y mucha gente la respeta y sigue hoy día, esperando que llegue su duce, führer o caudillo y que les diga que malo es el comunismo, la anarquía, que malos son los burgueses (que son curiosamente los estratos mas favorecidos por él) y como tienen que actuar. Como régimen destructor de la voluntad, libertad y derechos del individuo debe ser aniquilado.        

  Antonio J. Dionisio

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