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Rebeldía y Libertad. Sobre José Domingo Gómez Rojas

Introducción.

“Era un sembrador de sueños”.

Antonio Acevedo Hernández.

Gómez Rojas¿Por donde comenzar? Tal vez sea necesario definir este trabajo. En primer lugar, decir que esta investigación se ha construido como una tarea propiamente historiográfica sería un error, tal como si la denomináramos investigación literaria. Será, desde mi punto, un intento de acercamiento y descubrimiento personal, un camino a recorrer junto a un poeta; de las ideas, mentalidades y alcances sociales de lo que pretendía la juventud, por allá, en los inicios del siglo XX. De allí que sea una contribución de alguien que pretende ser escritor sin serlo e historiador a veces.

¿Un ensayo, se dirá? Una cosa es cierta: no intentaremos probar ni elaborar doctrina alguna. Sin caer en la sensiblería vacía, nuestras premisas se sustentan sobre concepciones personales, que ustedes podrán compartir o no, y que podrán objetar o defender según les plazca. Será entonces una aproximación a un hombre, a un personaje y su obra literaria, con la esperanza de comprender las motivaciones de una juventud radical, de compromisos, expresiva y talentosa, que buscaba nuevos caminos para dar a conocer pensamientos que bullían en las conversaciones y tertulias, en los Ateneos y Centros de Estudios Sociales, en las Organizaciones obreras, Sociedades en Resistencia y la Federación de Estudiantes, una sociedad que comienza a propugnar la Redención Social como una tarea a cumplir. A esta juventud que sueña y que lo demuestra mediante sus acciones comprometidas con los más pobres, con la Justicia -esa que está por sobre las leyes, e incluso, contra las leyes-y con la cultura popular, la invocamos, ¡reivindicándola!.

En estos tiempos, donde los grupos juveniles intentan -como siempre lo han hecho y creemos firmemente, lo van a seguir haciendo-crear su espacio en medio de la frustración y la desesperanza, el egoísmo y la amargura de una sociedad cruel, nos volvemos hacia estas vidas que, en medio del vendaval que supuso el año 1920, construyeron, como diría Gandulfo, valuarte de esa “Generación”, al menos una verdad: “No se pude amar sin odiar; para amar la bondad y la verdad hay que odiar la maldad y la mentira: somos hombres”.

En segundo lugar, intentar un esbozo a una obra artística cualquiera sea ésta, o más aún, poética, no es nada fácil, menos todavía el dedicar algunas palabras a José Domingo Gómez Rojas, a sus Rebeldías Líricas y sus Elegías -entre otras-, un tanto desconocidas incluso para quienes han decidido hacer de la literatura su vida y trabajo, su alimento y pasión. Este autor y su obra, que influyeron notablemente en poetas, escritores y la sociedad en general durante la segunda década del siglo XX debido a su potencia poética, se han mantenido en las sombras, a pesar de que Gómez Rojas se constituyó en pilar fundamental para el desarrollo de una generación literaria marcada por las preocupaciones sociales y políticas, tal vez, una de las más trascendentes de este país. Como decimos, nada fácil, y sin embargo lo intentaremos

Ahora bien, unas preguntas para comenzar: ¿quién fue José Domingo Gómez Rojas? ¿Alguien todavía recuerda a este muchacho delgado y moreno que llamaron El Cristo de los Poetas y que deslumbró con sus líricas a la juventud hasta su muerte, acaecida de forma infame en el año 1920?

Primera aproximación

Por cosa fortuita, tal vez, saltó su nombre nuevamente a nuestra memoria por un hecho y sus implicancias estéticas y arquitectónicas principalmente -digámoslo tal cual. Esta ‘plaza’, más bien que ‘parque’, donde instalarían un super-mega-hiper Papa se llamaba ¡oh, sorpresa! José Domingo Gómez Rojas. Fue entonces que, por una semana, diarios, radios y televisión, repitieron aquel nombre sin saber a ciencia cierta quien era y el porqué, a veces, la vida se vuelve tan irónica como si no le bastara ya con el olvido.

En este punto nos fiaremos de uno que otro dicho popular, como aquél que señala: “Se dice que Chile es un país con muy mala memoria” 1. Antonio Acevedo Hernández, uno de los pioneros del Teatro Social Obrero y amigo de Gómez, nos subraya en sus memorias que eran muy pocas las personas que recordaban al poeta -que para algunos fue un mártir y anarquista, en tanto para otros subversivo y peligroso-luego de que su cuerpo se enfrió en una tumba del Cementerio General y, aún menos, quienes con el paso de los años conocen algo más que un poema llamado “Miserere” que forma parte de una que otra antología literaria chilena, a no ser que, como ya hemos indicado, hayan puesto atención al caso de la santa estatua.

Desde este acercamiento, no parece nada extraño, es más, se podría decir que fue hasta premeditado, que uno de los escritores, poetas e incipiente dramaturgo, que marcó a una generación por su vocación literaria, su ideal social y por su calidez y entereza humana, haya desaparecido casi por completo del recuerdo poético y político chileno. En una que otra revista en forma de artículo-homenaje, renace su ‘personaje’ como escritor mito y mártir, representando a esa idealista juventud humanista, antimilitarista y redencionista, mezcla de radicales, socialistas y anarquistas.

La vida individual y social en “Rebeldías Líricas” y otros escritos.

“Nombres como los de Juan Onofre Chamorro, Joaquín Parrao, Armando Triviño, Voltaire Argandoña, Francisco Noguero, Hortensia Quinio, Juan Francisco Barrera, los españoles Teófilo Dúctil y José Clota, los argentinos José L. Pica y Daniel Antuñao, junto a los escritores José Domingo Gómez Rojas, Manuel Rojas y José Santos González Vera ­entre otros-simbolizaron la generación de recambio que emergió por esa época, pero sobre cuyo acercamiento al anarquismo aún sabemos muy poco” nos señala Sergio Grez en sus conclusiones al libro Los anarquistas y el movimiento obrero 2. Sin estar de acuerdo con algunos postulados del libro en cuestión, creemos pertinente la apreciación, en cuanto a que de la generación mencionada, y de los escritores en particular, se sabe muy poco de su vida como del modo en que se produjo su acercamiento al movimiento libertario y de su filiación a las ideas anarquistas. Por lo tanto nos parece bastante infundada la caracterización que realiza dicho investigador sobre los tres escritores mencionados y su compromiso con las ideas de lo que él denomina mundo ácrata en el capítulo “Los cuadros anarquistas”: “Sólo después de 1910 algunos intelectuales de origen popular o de modestas capas medias como José Domingo Gómez Rojas, Manuel Rojas y José Santos González Vera se comprometieron de manera más o menos durable con el mundo ácrata que intentaba ligar su destino al movimiento obrero” 3. Dentro del mismo tono es la frase en la que identifica las que podrían ser las motivaciones de Gómez Rojas para unirse al movimiento anarquista, por lo tanto nos parecen desdichadas sus palabras al indicar que “También era bondadoso y buscó el perfeccionamiento el joven estudiante y poeta José Domingo Gómez Rojas, de modestísima condición social”, por cuanto las concepciones y sentimiento movilizadores de Gómez hacia el anarquismo se fundaron en más que apreciaciones y una búsqueda de perfeccionamiento ¿moral? o ¿material?.

Siendo este un camino, adentrarse en la vida individual de Gómez significa en muchos aspectos descubrir un individuo de esos que, por su carácter, crean un trabajo muy particular, tanto así que su valor radica en que fue uno de los motores de la pasión por escribir para un grupo de personajes, entre quienes se cuentan Antonio Acevedo Hernández, José Santos González Vera y Manuel Rojas 4 -ambos Premios Nacionales de Literatura- que ­reconocieron en él una persona de convicciones. Es así que, manifestando la profundidad de los versos legados por José Domingo Gómez Rojas, no con la finalidad de mostrar una pleitesía mal avenida ni menos una obligación para con este mártir del ideal anarquista, nos adentramos en su poesía con un ánimo reflexivo para comprender como la vida individual se conecta hasta en las fibras más profundas con la vida social, aprovechando cada poro y grieta, inundándolas con letras libres y conceptos anárquicos.

Y por segunda vez, volvemos a preguntar: ¿quién fue Domingo Gómez Rojas y cuál fue su relación con el pueblo que tanto amó según se cuenta? ¿Gómez o Vásquez? ¿fue, acaso, el Poeta Cohete del pintor Gilbert, el Chumingo de Manuel Rojas, o El Cristo de los Poetas? ¿Fue de esos hombres a los que llaman Aristócratas del espíritu, según decía Lawrence, por las notables características que expresa su carácter? Pues su pobreza material era tanta, que le impedía ser Aristócrata o Burgués, aunque la verdad no le interesara. Es digno de destacar su humor y fina ironía, reflejada en esa exquisita frase que entrega Gómez a Acevedo: “para ser rico, me casaré algún día con una burguesa”. Fue de esos individuos totales que, más allá de lo indescifrable que puedan parecer algunas de sus acciones y de lo enigmática de su personalidad, sostuvo una proposición de individuo con el carácter sensible del artista, el más esencial y coherente que él mismo pudo darse, obedeciendo a los únicos dictados que aceptó: su conciencia y pasión artística.

Algunos aspectos biográficos.

Algunos hechos presentados por Acevedo Hernández y otros, señalan que el poeta nació en el año de 1896, el 4 de agosto en la calle Teatinos, pleno centro de la ciudad de Santiago de Chile, hijo de Lucinda Rojas del Campo y del ebanista Germán Gómez Guzmán. Lucinda queda viuda y debe afrontar las dificultades propias de la pobreza a cargo de sus hijos. Además de José Domingo, se cuentan Manuel y Antonio, muerto el primero en 1916, lo que provocó gran pesar en el vate, marcando de forma imborrable su lírica. En el año de 1908, entra a Humanidades en el liceo Luís Barros Borgoño. Luego, a los dieciséis años, dado su interés por la poesía, publica su libro más popular y de tono más radical, llamado Rebeldías Líricas. En este mismo año, 1913, viaja allende Los Andes para estudiar a los escritores argentinos. Este viaje lo comparte con el anarquista de origen español Ángel Fernández. Su interés por distintos aspectos culturales lo lleva a investigar la literatura americana, las expresiones plásticas y la crítica artística, publicando más adelante algunos artículos de lo mismo en periódicos, por ser Las últimas noticias. Además también se dedica a aprender inglés, demostrando manejarlo de forma adecuada. ¿Será que esto le sirvió para leer y escribir sobre Oscar Wilde?

De lo anterior se puede extraer implícitamente que sus primeros pasos, aquellos de infancia, de sus impúberes miradas, andanzas, juegos y estudios, y más pronto, en la adolescencia, sus primeros amores y amistades, fueron en los suburbios y barrios populares donde se entremezclaban diversos personajes, tan peculiares y típicos del ambiente obrero capitalino, en calles como Esperanza y Romero, Av. Matta y San Diego, Victoria y Cóndor. Todo esto en un ambiente de pobreza material. Tal vez sea preciso recordar que decir pobreza a inicios del siglo pasado significaba el tormento del hambre más terrible -si es que esto existe-, la crueldad insufrible del frío que helaba hasta la fibra más íntima del ser humano. Caracterizaban el ambiente, los conventillos, trabajos rudos, mujeres de burdel o de gran prole -que cuidaban como podían a sus pequeños-y de hombres de días curtidos al sol o al hielo del viento congelante, y que más de alguno, en su pillería o astucia propia, pasaban en la taberna de turno, la más acogedora que pudiesen encontrar 5.

Pero siendo este su mundo, su cotidiano, ¿cómo es que llega a desarrollar un espíritu sensible al arte, a la cultura y a las preocupaciones de tipo social en general? Esta pregunta no tiene como manifestación ningún prejuicio, sólo reflexiona en torno a las motivaciones, esa “chispa” de ciertos seres dotados de carácter especial que nos entregan lo mejor de sí.

De partida, dentro de algunos aspectos biográficos destacables, para algunas y algunos puede parecer un tanto extraño, pensando en el fin de su vida acusado de subversivo, pero sus primeros versos fueron escritos en revistas cristiano-protestantes, con un claro tinte religioso. Por ejemplo, el poema “La Biblia”, en la revista de la Liga Episcopal de la Costa del Pacífico, contiene un claro mensaje en contra del catolicismo reinante. Sus letras están dedicadas a la poesía divina, a la Biblia y a la defensa del espíritu cristiano, pero emancipado de la tutela de la Iglesia Católica Apostólica y Romana 6. Sin embargo, sus creaciones a poco andar se transformaron al aunar el espíritu cristiano con las ideas que emanaban de los escritores que gustaba leer y de la observación de la dura vida que llevaba su familia y los trabajadores con quienes se relaciona, ya en su adolescencia, y muy pronto en las clases nocturnas que realizaba a los obreros y que a su vez compatibilizaba con los estudios universitarios. Antonio Acevedo Hernández, en el prólogo al libro Elegías relata como el poeta conocía el “suburbio” 7, tanto así que este decía “El suburbio se levantará alguna vez”, con esa seguridad que tiene el que da por sentada una verdad.

Así también, era apenas un joven y de su pluma emanaban versos como ríos subterráneos, tormentas de palabras capaces de derribar al espíritu hipócrita que impregnaba su época caudillesca y levantar nuevos mundos donde se mezclaban aquél límpido manantial de la justicia y la dureza de la realidad, sin dejar de lado, aunque en menor medida, el poema amoroso. No sin causa su obra más importante llevó por título Rebeldías Líricas, imagen que retrata la indocilidad propia y el espíritu literario subversivo de quien se proyectaba como uno de los grandes poetas del siglo XX en Chile señalado esto por sus propios contemporáneos. Fue entonces cuando fusionó en perfecta armonía su talento literario con el compromiso social y educacional emanado de su propia vida en la pobreza, de su lucha constante por la superación moral, intelectual y material de quienes le rodeaban y del perfeccionamiento de su propia vida.

Para formar un cuadro social más complejo, recurrimos a una información entregada por dos historiadores de se refieren a los hechos desde puntos opuestos: Sergio Grez y Mario Góngora. El primero refiere que “el universo libertario capitalino convergía en torno a ciertas instancias como la ya mencionada Sociedad de Resistencia de Oficios Varios o el Centro de Estudios Sociales “Francisco Ferrer”, creado en 1912, donde se destacaban el poeta popular Francisco Pezoa y algunos jóvenes intelectuales como los literatos Manuel Rojas, José Santos González Vera y José Domingo Gómez Rojas” 8. Esta es útil por razón de que nos muestra cuan arraigado estaba el poeta a los círculos obreros que influenciaron por medio de las charlas, estudios, conversaciones y amistades, en las imágenes que el escritor tenía de la sociedad y que retrata en alguno de sus poemas. No por nada, así mismo se nos indica que “La manifestación del Día de los Trabajadores [1° de mayo de 1913] fue impresionante. Junto a las sociedades de resistencia desfilaron las instituciones anarquistas “Los Parias”, el Centro de Propaganda Ácrata, el Centro de Propaganda Social Cabrero y la agrupación de Valparaíso del recientemente fundado Partido Obrero Socialista. Los 15.000 asistentes ovacionaron a los oradores, especialmente al oven poeta ácrata José Domingo Gómez Rojas, representante de La Batalla santiaguina, que pronunció una arenga lírica” 9. Ahora bien, no nos explicamos porqué entonces recurre Grez al “artificio” de la confusión.

Con respecto a la “maduración ideológica” de los anarquistas de principios del siglo XX, S. Grez pone de relieve su flexibilidad para participar de causas comunes junto con radicales y masones en protestas anti-clericales y anti-religiosas, como por ejemplo en “las manifestaciones callejeras en contra de la visita del Internuncio papal Monseñor Sibila en 1913, y en las conferencias de la feminista y librepensadora española Belén de Zárraga durante sus dos visitas a Chile (en 1913 y 1915), aunque -como se advirtiera desde las páginas de La Batalla-esos actos no cambiaban en nada la situación del pueblo, no tenían nada en común con el anarquismo y la participación en ellos de los libertarios (considerada como más aceptable en las conferencias de Belén de Zárraga), debía efectuarse teniendo ‘el cuidado y la suficiente táctica de deslindar posiciones de manera que jamás pudiera confundírseles con los que, [como los radicales] por puro sectarismo político o religioso arman esas bullangas de un jacobinismo teatral”. A pesar de esta apreciación, la visita de Belén fue aplaudida por algunos libertarios 10 .

En el caso de la manifestación realizada por los estudiantes en Valparaíso el 25 de agosto de 1913, en contra de Sibila, se vio a José Domingo “respondiendo a las voces que pedían escuchar su palabra, subió a la tribuna y arengó a los estudiantes y al pueblo por su actitud cobarde de permitir que todavía se estuvieran ocupando de un individuo ‘que ya debían haberlo hecho marcharse a su guarida’, agregando que no era digno hacer manifestaciones en contra de una sola persona, ‘cuando debían hacerlo por todos los monseñores de levita’ que eran la ruina de los pueblos. Aunque Gómez Rojas fue interrumpido por los organizadores del acto, el objetivo de agitación ya estaba cumplido ya que numerosas personas se unieron a los anarquistas que marcharon hacia otra plaza para organizar su meeting alternativo que terminó con el joven vate declamando un poema de su libro Rebeldías Líricas” 11. A pesar de esto, frente a ciertos hechos que marcan la vida de Gómez, Grez desliza algunas apreciaciones situándolas en letras de otros, como es el caso de un pie de página importantísimo en el que señala: “Sobre José Domingo Gómez Rojas y su militancia ácrata no desprovista de ciertas contradicciones -como su cristianismo protestante y su posterior pertenencia simultánea a la Juventud Radical y a la anarcosindicalista I. W. W.-véase a Fabio Moraga y Carlos Vega Delgado. José Domingo Gómez Rojas. Vida y obra. Pta. Arenas, Edit. Arelí, 1997” 12. En esta coloca en entredicho las actuaciones que tenía Gómez Rojas en el mundo popular y libertario, con lo cual no estamos de acuerdo, como así mismo tiende a ver al anarquismo de principios del siglo XX como una fase previa de lo que después serían las maduras y desarrolladas ideologías izquierdistas de tinte marxista: insistimos que el pensamiento anarquista latinoamericano tomó parte del debate en torno al papel central que ejercía -ejerce-el cristianismo en todo ámbito, por cuanto se distingue del marxismo en sus apreciaciones más realistas del desarrollo social, cultural, político y económico. Sólo por detallar aún más su activa participación obrerista que S. Grez parece desconocer: José Domingo también fue nombrado federado honorario por los militantes de la Federación Obrera de Chile (FOCh), de orientación socialista, asambleas a las cuales también asistió en alguna ocasión y por lo cual, bajo la mirada anterior, ¿también lo deberíamos llamar socialista?

Mario Góngora, por su parte, en su libro Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX, bajo el alero de sus tesis principal, desarrolla un sub­capítulo dedicado a La rebeldía juvenil universitaria y la generación del año ’20. En este capítulo pasa a considerar a la juventud agrupada bajo la tendencia anarquista de la FECh como humanista y “antibélica, hasta el escándalo”, haciéndose eco de las demandas sociales. Señala que hasta 1910, el anarquismo de Chile se basaba principalmente en el venido desde Europa, lo que cambiaría al adoptar una proposición más auténtica luego, alcanzando su más alta expresión criolla con la generación del ’20, germen del cual se hace parte Gómez. Esto lleva a Mario Góngora a considerar como conclusión la importancia de este grupo “que tuvo un rol capital en la tipología intelectual y en las concepciones políticas y sociales chilenas” 13. Teniendo en consideración que Góngora fue uno de los intelectuales más importantes de la derecha conservadora chilena, es sugerente su observación de un proceso que incluso los historiadores de tinte marxista en algunos casos dejaron de lado. Utilizando como fuente a Carlos Vicuña, le da un giro de tuerca a este, rodeando de un misticismo a esta generación del ’20, provocando la necesidad de una relectura a la forma de actuar de esta juventud. De Gómez Rojas menciona su relación con el caso de los subversivos y su trágica muerte. Así también recalca las influencias literarias de la generación que va de los clásicos marxistas hasta Bakunin y Kropotkin, pasando por los antibelicistas y humanistas.

Prosiguiendo con la pequeña reseña biográfica de José Domingo, en el año de 1913, conoce al dramaturgo Antonio Acevedo Hernández, que más tarde se convertirá, bajo el impulso del poeta, en uno de los grandes de la escena teatral chilena. Acevedo Hernández, en su libro Memorias de un autor teatral nos relata con gran detalle la situación, bastante casual por lo demás, ocurrida en un asiento de Av. Matta con Av. San Diego, muy cerca del Café de Los Inmortales, lugar de reunión de Gonzalez, Rojas, Gómez, Acevedo, Pancho Pezoa -poeta anarquista-y otros. En este punto debemos realizar una aparente desviación, pero que nos ayudará más adelante: cosa notoria, el Café de Los Inmortales es un nombre tomado del lugar donde se juntaban Florencio Sánchez y otros. Por este motivo, a inicios de la segunda década del siglo XX encontramos este mismo nombre en la costa atlántica. Muchos de los que se reunían en estas tertulias eran poetas y escritores anarquistas, imagen que fue tomada por Gómez, Rojas, González Vera, Pancho Pezoa, para hacer llamar a su lugar de la forma conocida posteriormente. Son estas influencias y pequeños datos en la vida cotidiana, los que mejor reflejan las concepciones artísticas y políticas de esta generación.

En estos años, según lo que nos relata el dramaturgo Acevedo, Gómez ya era más que conocido por su fluida pluma, sus apasionados discursos y sus amistades, entre los que se contaban numerosos obreros de tendencia anarquista, por ejemplo algunos zapateros y militantes de Sociedades en Resistencia y asociados a organizaciones como la Casa del Pueblo: Manuel Silva y Augusto Pinto.

Su gran capacidad de estudio, lectura y espíritu humanista, guía sus intereses hacia las carreras de Derecho y de Pedagogía en Castellano, en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Aquí continúa desarrollando sus capacidades y sus estudios de los escritores americanos, además de aprender francés con la finalidad de leer los Códigos legales en su idioma original y tal vez, algún otro autor europeo. Es en esta época también donde, según consta en la Edición preparada por A. Sabella (1940) para Editorial Ercilla, se presenta al Concurso Teatral que organizara entonces el “Club de Señoras“, utilizando el pseudónimo de “Esteban” y ganando el tercer premio con su obra La Gioconda.

Según nos consta, en la primera Revista del Los Diez, se le menciona como Daniel Vásquez, en cuanto “Los Diez han solicitado colaboración de las siguientes persona”. De este tiempo, es también su nombramiento de redactor en la revista “Selva Lírica”, publicación del Grupo de Los Diez, al cual pertenecían escritores como Augusto D’Halmar (Thompson), Pedro Prado, y algunos cercanos al poeta, como por ejemplo, el artista plástico Julio Ortiz de Zárate y Ernesto Guzmán. Este hecho consagrará a Gómez Rojas como un escritor de alto vuelo, reconociendo sus conocimientos de literatura y artes, pues debemos tener en cuenta que el “Grupo” constituía uno de los referentes intelectuales más importantes, una verdadera vanguardia artística del criollo movimiento literario. Su trabajo como redactor rinde frutos al promover una sección dentro de la revista con el nombre de “Los poetas nuevos”, motivando un especial interés por los nuevos personajes. De sus manuscritos es posible rescatar el hecho de que Gómez era asiduo visitante de exposiciones literarias y plásticas, de allí que no sorprenda que en junio de 1916 asista a la inauguración de la Exposición de los Diez, donde muestran sus trabajos Pedro Prado, Magallanes Moure y Alberto Ried. De este periodo es su encuentro con otros poetas, por ejemplo, Pablo de Rocka.

Durante sus estudios universitarios, participa activamente del trabajo organizativo en la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh), junto a otras grandes personalidades de la época, siendo parte del Centro de Estudiantes de Pedagogía del Instituto Pedagógico y en la Primera Convención de Estudiantes. Paralelamente participa en la Primera Junta Regional de la International Workers of the World (I. W. W.), de la cual es vocal y delegado por la provincia de Valparaíso, según consta en algunos documentos y lo que le vale ser considerado como militante anarquista en el “Proceso a los subversivos”. Además, Armando Triviño, figura señera del anarcosindicalismo chileno, lo señala como compañero 14 en una carta. Actúa también en la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional (AOAN: 1918 a 1920).

Esta eterna discusión en torno al distanciamiento del ideario y la práctica política de Gómez, se ve recargada con la afirmación de Carlos Vicuña Fuentes que le niega rotundamente cualquier actuación dentro de la federación anarco-sindicalista, por el contrario, lo tacha de leninista, tratándolo de una manera bastante dura. Llama, sin embargo, poderosamente la atención el gran conocimiento personal que tiene Vicuña del poeta. Ahora bien, en otros pasajes deja entrever un cierto aprecio por las conductas hacia la madre y la trascendencia que tuvo su muerte para las organizaciones obreras, aplacando con esto su posicionamiento. De Gómez dice:

“Pero en aquella época su fantasía poética, y la lectura de obras tendenciosas lo apartaron de un estudio tesonero. Escribió muchas poesías líricas, llenas de sentimientos y de exaltación irreflexiva, aunque de escasa originalidad y de ninguna profundidad. Tenía entonces sólo 17 años. La revolución rusa acabó de exaltarlo. Se hizo un devoto de Lenin, cuyo ideario predicaba en discursos de una audacia y de un aplomo increíbles. Su ignorancia era profunda, pero el éxito oratorio lo hizo adquirir una extraordinaria fe en sí mismo: no sabía historia, ni ciencias, ni filosofía, pero discutía de todo con una verba inagotable, enamorado del eco de su palabra siempre armoniosa, aunque a menudo vacía […] Como todo imaginativo, era perezoso y se pasaba las horas muertas charlando en el club de la Federación. A este hábito titánico debió su caída fortuita en manos de Astorquiza. Este, cuando supo que entre los nuevos detenidos estaba José Domingo Gómez Rojas, recordó que en el folleto azul figuraba este nombre como “secretario de notas” de uno de los congresos locales. La vanidad había llevado a Gómez Rojas a aceptar ese puesto que jamás su pereza le había permitido desempeñar. En realidad nunca había puesto los pies en un local de la I. W. W.” 15

Lo anterior, constituye un interesante contrapunto en la medida que aleja a Gómez de la clásica figura del personaje mártir y lo humaniza, sin embargo, la descripción no parece concordar con lo que sus más cercanos participan de él. Desde esta orilla, la personalidad de Gómez se convierte en una abismo insondable, misterioso y confuso, incluso para la gente que lo conocía.

Y para rematar, participa en el Centro de la Juventud Radical, como secretario. Este punto es destacado por algunos investigadores para sostener que Gómez Rojas en realidad fue una figura poco definida en el plano político, alejada del anarquismo. A esto último respondemos con la lectura y análisis tanto literario como político de su trabajo de forma más detallada en el próximo capítulo 16 .

Todo lo que se ha relatado hasta aquí, sucede mientras tenía 24 años y escribía, estudiaba y trabajaba en la Municipalidad de Santiago como secretario y en el Liceo Nocturno Federico Hansen como profesor, para así ayudar a mantener a su familia.

Finalmente, su muerte ocurrió en septiembre del año 1920, en la Casa de Orates, luego de su paso por la cárcel, pues había caído preso el 25 de julio, un par de días después del “Asalto a la Casa de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile” por parte de manifestantes nacionalistas, alentados por el espíritu guerrerista que se avivaba dadas las noticias de una supuesta guerra contra Bolivia y Perú, y la negativa de la FECh de involucrarse en esta mentira. “El estudiante poeta falleció el 29 de septiembre de 1920, a las diez y media de la mañana, en la Casa de Orates, a donde había sido llevado el día antes, en calidad de reo, por orden de Astorquiza. Su muerte produjo un estremecimiento general […] La Corte de Apelaciones esa misma tarde, viendo el cuarto recurso de libertad provisional interpuesto a favor de Rigoberto Soto Rengifo, revocando el auto de Astorquiza, se la concedió bajo fianza. Astorquiza, inquieto, volvió un momento a su despacho, hizo llamar a Pedro Gandulfo y le exigió que solicitase él también, su libertad provisional, que le concedió sin más trámite”, según nos cuenta Carlos Vicuña Fuentes. Y agrega, “Los obreros y los estudiantes acordaron hacer funerales grandiosos a Gómez Rojas. Velaron su cadáver en el salón destrozado de la Federación de Estudiantes, cubierto de flores y coronas. Durante casi un día entero estuvo allí y fue visitado por muchos millares de personas. El primero de octubre, cerca del mediodía, lo llevaron a pie desde allí mismo hasta el Cementerio General […] Todo Santiago parecía presenciar el desfile fúnebre, formado por no menos de sesenta mil personas. Doscientas mil almas se habían movilizado ese día. Un paro general permitió a todo el elemento obrero concurrir con sus estandartes rojos y sus insignias revolucionarias […] Más de veinte oradores hicieron uso de la palabra […]” 17. Este hecho transfiguró a José Domingo en el personaje mártir de la unidad obrero -estudiantil de la generación del año ’20 que esta y que los partidos y organizaciones izquierdista necesitaban, alcanzando una categoría de mito que muy malamente rescató la esencia de su pensamiento, como de la influencia que el anarquismo tuvo en su vida. Se constituyó en un emblema, por cerca de unos veinte años, del Frente Popular y de la izquierda institucional, cayendo definitivamente en el olvido luego del ’40, al ya no ser necesario por cuanto esta ya habían formando sus propios “militantes” artistas.

Lo que hemos presentado hasta aquí, no es más que una recopilación de algunos hechos y circunstancias que marcaron la vida del poeta, sin querer con ello elevar su nombre al Parnaso obrerista. Lo que sí nos deja en claro es que el carácter, vida y obra de José Domingo se caracteriza por su ironía frente a la realidad, el arte e incluso sus propios amigos. Veremos entonces que es el sarcasmo lo que lo conduce a inventar al tuberculoso, atormentado y doloroso Daniel Vásquez.

¿Fue Gómez Rojas o Daniel Vásquez?

Desde el dogmatismo que afirma que el arte políticamente comprometido y social, sólo tiene un fin, tal vez sea lógico preguntarse acaso fue el poeta de la revolución o el del amor y de las líricas místicas-románticas en que se encuentran mezclados Dios, Luzbel, las Musas del Parnaso y sus Elegías. Nos podemos encontrar con aquella posición que sustentan Luís Délano y Edmundo Palacios en su libro Antología de la Poesía Social de Chile, la cual señala que “[…] el artista […] puede adoptar dos actitudes vitales básicas contradictorias: o rechazar o aceptar lo viejo, o luchar por lo nuevo o repudiarlo. Entre ambos puntos extremos hay infinidad de matices y combinaciones aleatorias. Una actitud es abrir los ojos antee l mundo social e interesarse y participar en el proceso que se desarrolla ante su vista, criticando, guiando, augurando. La otra actitud es volcarse sobre sí mismo, desmenuzando sólo su intimidad o sus menguadas relaciones particulares con el mundo externo, desinteresado de todo su pequeño universo personal de sentimientos, intereses y reacciones, que cree independiente y único; o bien intentar la huída fuera del tiempo y del espacio presentes tras la alucinación de alguna esencia” 18. Lo más trágico de esta opción es que trata de dar un argumento histórico a este análisis literario, creyendo con ello demostrar que una y otra mirada son incompatibles, o, paralelo a ello, elevar a un sitial de importancia indiscutida la afirmación político partidaria: “Fue así como sólo la organización de la clase obrera en sus organismos característicos, sindicatos y partidos políticos de vanguardia, había de hacer subir hasta la conciencia de la intelectualidad la protesta, la lucha, y luego el deseo de la transformación de la sociedad, la acción, entrevista en la lucha política […] desde los poetas anarquistas […], hasta Neruda y Barquero, la poesía social recorrió un largo camino y se hizo política; […]” 19 . Sin embargo, aún hay más, en la medida de lograr una distinción merced a la calidad de los poemas, de una que va de lo menor a lo mayor, de lo íntimo a lo real, queriendo con ello caracterizar una evolución positiva desde la poesía -mejor dicho poemas-social a la política. Tal como nos dicen “Se encontrará en la selección que hemos hecho, poemas de tipo político que son oscuros y difíciles […]; no supieron superar el carácter de elite que tiene la labor profesional de un creador en una sociedad clasista” 20 , intentando desmarcar lo autoritario de su explicación mediante la ocultación de cuanto hay de jerárquico en una explicación que puede pasar por didáctica.

Pero también es preciso responder a esto que una expresión no impide o limita la otra, muy por el contrario, la torna sobrecogedora, volviéndola más compleja y humana en el amplio sentido de la palabra. Una poesía que se dice rebelde o revolucionaria debiera promover no sólo el transmitir los sentimientos respecto de la dura vida social, sino también la profundidad y complejidad del alma humana. En estos momentos pienso en aquella frase de Oscar Wilde, escritor que afirmaba: “Una obra de arte es el resultado único de una personalidad única. Su belleza procede del hecho de que su autor es lo que es” 21 .

Estas disyuntivas nos instalan en el problema de la función social, ideológica y estética del arte en general, y de la literatura en particular bajo la influencia de las ideas anarquistas. En el caso de la poesía, siendo más precisos, las problemáticas derivadas de las apreciaciones anteriores son bastante interesantes dependiendo del tipo de poema en el cual pongamos nuestra atención. Algunos, de tinte social, cumplían un rol muy importante, pues permitían su recitación y con ello la transmisión de saberes, actitudes y compromisos de manera tal que las conciencias de los obreros caían en cuenta. Siendo este un tema importante de abordar, lo trataremos con mayor detalle.

Para entrar de lleno en la respuesta a la pregunta ¿Gómez o Vásquez?, diremos que no es nada fácil intentar una apreciación del hombre, del poeta, del revolucionario, del místico y del hijo, todo a la vez, sin dejar algún trocito de lado, esos rincones a los cuales no les entregamos una luz que les permita mostrar lo esencial de la persona. Una personalidad que se debatía en contradicción aparente, y que se hace con ello carne humana y dolor.

Por estas razones, es que pondremos atención a las pistas que nos encaminan a conocer y comprender la corta pero fulminante vida de un hombre que, sabiéndose tal, individuo y pueblo a la vez, tomó a la temprana edad de 16 años la titánica tarea de difundir la palabra rebelde y libre; sin miramientos de ninguna especie, con el impulso y el deseo que la juventud impone a aquellos espíritus nobles que cargan con una cruz íntima que les ha sido entregada, o de forma más precisa, construida por ellos mismos con un claro fin: liberarse por medio de la palabra, construir presente y futuro, una sociedad en la cual, “tal vez la última, viviere una civilización basada en el amor y en el trabajo” 22 .

Debe haber sido en 1916. La vida de Daniel Vásquez, joven poeta y revelación que trae Gómez Rojas ante sus amigos y compañeros escritores, es relatada con gran humor por Manuel Rojas. Este nos dice que, siendo Gómez un poeta reconocido ya por sus compañeros literatos, un día decide presentar los escritos de este desconocido personaje, en una tertulia del mítico Café de Los Inmortales, en la esquina de las calles Av. Matta y Av. San Diego, lugar de reunión del grupo, dado la amabilidad de quienes atendían este local. En la lectura de los poemas de esta verdadera estrella ignorada por el ambiente bohemio y artístico de la época, comienzan las dudas acerca de quién es en realidad: algunos dudan sobre la identidad de este nobel poeta, otros en cambio le creen ciegamente a Chumingo. Este juego de identidades se alargará durante un buen tiempo, tanto así que en la “Pequeña Antología” del Grupo de Los Diez, y en “Selva Lírica” 23, de la cual es editor Gómez, aparece Daniel Vásquez entre los invitados. La sorpresa fue para algunos mayúscula al enterarse de que realmente el personaje pobre y tuberculoso no existía más que en la mente y palabras de Gómez, siendo una creación suya para, según dicen, ocultar de cierta manera la otra vertiente: aquella más romántica. Finalmente, sólo podemos concluir que Gómez era Vásquez y viceversa.

La FECh. El subversivo.

“¿Qué delito lo llevó a la cárcel? Ninguno. Pero era anarquista”.

J. S. González Vera

La Federación de Estudiantes de Chile, que agrupaba a los universitarios a principios del siglo XX, fue organizada en el año 1906 por jóvenes con ideas revolucionarias y libertarias. Tanto así que Carlos Vicuña, abogado, profesor en el Instituto Nacional y la Universidad de Chile, defensor de los procesados por “subversivos”, en su texto, La Tiranía en Chile, califica a la FECh de “una especie de gran sindicato de resistencia […], la cual durante diez y siete años fue el alma sonora y turbulenta que concentraba todos los anhelos públicos de la masa estudiantil” 24 . En esta Federación, los anarquistas tuvieron un rol destacado, constituyendo una generación entre los que encontramos figuras emblemáticas como Gandulfo, Daniel Schweitzer, Alfredo Demaría, los dos últimos presidentes de las organización estudiantil en los años 1920 a 1922. Gómez Rojas, como estudiante de Leyes y Castellano, se involucró en el movimiento universitario que hacía de la “Cuestión Social” banderas de lucha. Luego que el 25 de julio cayera preso por su pertenencia a la I. W. W., algunos levantaron voz de protesta frente a esta condición compartida con sus compañeros wobblies. En una carta redactada por Armando Triviño, este dice: “Entre los estudiantes juzgados en Santiago, están el compañero Domingo Gómez Rojas, por el “crimen” de ser miembro de la I. W. W., y Pedro Gandulfo y Rigoberto Soto, quienes heroicamente defendieron sus oficinas y local el día del asalto” 25. Es muy significativo que tras su muerte, el 29 de septiembre de 1920, el primer número de la Revista Claridad sea dedicado al poeta.

Fuertes son los textos de la portada que, como La primera palabra o ¡Acusamos!, invocan la acción de pueblo y de la vindicación como necesarias en la hora del Terror Blanco de la oligarquía chilena.

Será durante el llamado “Proceso a los subversivo” que la figura política de Gómez Rojas entrará en contradicción según ya lo hemos leído en palabras de S. Grez y otros, que dicen ver en la “flexibilidad” de pensamiento y acción de éste, una inmadurez política y una confusión ideológica. Recorriendo sus manuscritos de la cárcel, encontramos en una carta lo siguiente:

“Correligionarios:

Estoy por orden del juez detenido y estrictamente incomunicado, aun no se por que causa y sin ser declarado reo.

Ruego a Ud. Comunicarle a Don Roberto Parragué o la persona que pueda influir por mí, como ser Don Héctor Arancibia u otros para que interpongan sus influencias a fin de que termine esta penosa y aflictiva situación que me perjudica en mis intereses y en mi honra y prestigio.

Mi domicilio es ahora la “Seccion de Detenidos”

J. D. Gómez Rojas (Secretario del Centro de Propaganda Radical de la 10° Comuna).”

Enviada con las siguientes indicaciones:

“Señor Alberto Labarca

Celula Radical San Diego entre Sargento Aldea y Ñuble

Pte”

O aún más. En esos mismos manuscritos, descubrimos anotaciones referentes a personalidades principales del radicalismo chileno:

> Pedro Aguirre Cerda -me oyó hablar una vez.

Como también le pide al juez que lo deje libre por cuanto él es ciudadano, estudiante de derecho y pedagogía, perteneciente a la juventud radical, todos hechos que “se oponen a las ideas expresadas por las teorías subversivas”. A lo anterior podemos oponer las siguientes consideraciones:

a) sus famosas acciones llamadas mítines relámpagos que desde joven practicó y que lo hicieron famoso.

b) su acercamiento intelectual a personalidades del mundo cultural anarquista, principalmente argentinos y, en el mundo estudiantil, a la generación del ’20 de la FECh. Así también el rescate de ideas expresadas por grandes figuras de las letras a nivel mundial y que fueron lectura favorita de algunos anarco-cristianos como es el caso de F. Santiván en relación a Ibsen. Del escritor europeo anota el 4 de enero de 1916 en su “Diario Íntimo”: No quiero proponer una doctrina ni erigir una moral; quiero solamente recordar lo que observé i sentí en la vida.

c) su obra poética, prosa y diarios íntimos que, desde muy joven nos dejan ver la trascendencia de las ideas libertarias.

d) la amplitud de criterio que manifestaban los anarquistas. J. S. González Vera nos entrega un muy buen dato y que puede contrarrestar eficazmente la imagen que impregnan algunos historiadores sobre Gómez Rojas y los escritores de esa generación. En su artículo, Belén de Zárraga, José Santos nos describe el contexto que se da alrededor de la pensadora que visita a Chile. Cuando el pintor Valdebenito presenta a González Vera a un grupo de compañeros, estos dicen:

“-¿Es de la idea? -No. Es simpatizante. -Eso también es bueno … El joven llega donde quiere. ¡Ya tendrá tiempo de ser un buen camarada! -Así lo espero -respondí, sintiendo un extraño calor en las mejillas.”

Esta idea de la libertad para “llegar donde se quiere” es fundamental y entronca perfectamente con las palabras donde el joven poeta nos dice que no quiere imponer una doctrina ni moral. La libertad para asociarse o no, para participar de movimiento alguno, de grupo, de trabajo, es un principio esencial en la práctica anarquista. Llevado a un extremo simplista: ¿Porqué un anarquista no puede ser abogado? ¿Acaso el anarquismo no apela al máximo desarrollo de las cualidades de la persona? Desde aquí podríamos decir que el punto central de ser abogado no es tanto el aprendizaje de la ley sino el respeto al derecho, con esto estamos diciendo que todo pasa por la ética del ser humano, centro de preocupación de algunos anarquistas, por ejemplo Kropotkin.

Proponiendo una caracterización, la historia del Anarquismo se ha desenvuelto como la vida del ser maldito, aquel a quién es preciso, deseable y conveniente negar desde su raíz misma; pues, incorruptible en sus principios, donde nada desea del poder y de la autoridad, y muy por el contrario, aspira a su negación-destrucción, es peligrosísimo. En este marco, la palabra subversivo se explica casi como un bio-tipo y un ser socio-sicológico, por tratar de intentar una caracterización de aquel -leer por ejemplo el trabajo de Cesare Lombroso. En este caso en particular, lo subversivo de Gómez Rojas, más allá de haber participado en una serie de protestas, meetings 26, organizaciones, etc., es haber hecho presente, bajo la mirada artística, la posibilidad de un nuevo orden social y natural.

En su texto Rebeldías Líricas podemos leer sus impresiones acerca del mundo en el cual vive, tiempo final de una época e inicio de una nueva era. La idea de la “Redención Social” se impregna en sus poemas, evocando un futuro mejor para los hombres y mujeres del siglo en tránsito. Será preciso señalar que junto a la urgencia por saludar a la juventud

Estamos hablando de hechos como: la protesta contra la venida del representante del vaticano; sus meeting relámpagos, que volvían locos a las fuerzas policiales; sus actuaciones en los 1° de mayo, etc. ardorosa, a la mujer y el amor irá el ímpetu con el que denuncia a “Los Explotadores”.

“Y es del explotador tanta su infamia
y tanta la negrura de su sangre,
que de los rayos se manchó la lumbre …
y fue imposible corazón hallarle!”

Y es así como erige una obra poética con fundamentos puestos en los sentimientos más puros del ser humano, combinando la rabia, la esperanza, la ira, el dolor, la fraternidad, la amargura.

“…Yo canto porque siento, yo canto porque lucho,
yo canto porque amo, yo canto porque vibro
y porque se sufrir;
mi canto es para el fuerte, mi canto es optimista
y es para los que creen en la futura aurora
que habrá de redimir.
 
Por todos los que sufren, por todos los que gimen
mis cantos son protestas, y gestas formidables
y ayes de rebelión;
por todos los que esperan, por todos los que piensan,
por todos los que bregan, por todos los que creen
en la gran Redención.”

Notas:

1  Sin desear desviar el tema, Chile se convierte en ‘el país de los dicen’, como construcción de vocabulario refleja muy bien un sentir de poco compromiso con lo que se piensa, dice, afirma y actúa, algo tan alejado a lo que caracterizó a la Generación del ’20.

2 Sergio Grez. Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de “La Idea” en Chile, 1893 -1915. Santiago: LOM Ediciones, 2007, p. 282.

3 Ibid. P. 182. La negrita en nuestra.

4 En una crónica de la revista Babel, Manuel Rojas nos dice de Gómez lo siguiente: “Cuando apareció en el salón de aquel centro de estudios sociales, Chumingo, como le llamaron después sus amigos, produjo asombro: no era frecuente ver por allí individuos que lucieran cuello de pajarita y corbata negra de lazo rosa. Menos común era escuchar a alguien declamar, con la desenvoltura y el énfasis con que lo hizo -desenvoltura y énfasis que le valieron, de parte del pintor Gilbert, el sobrenombre de ‘Poeta cohete’-poesías originales. Nos hicimos amigos. Debió tener, por ese tiempo, dieciséis años; yo era poco mayor: tenía diecisiete”. Así también le dedica un poema escrito en 1912 y publicado en El Chileno en 1915. Con respecto a J. S. González Vera, leer su escrito “Muerte de Gómez Rojas” en Aprendiz de Hombre. Y si nos referimos a Acevedo Hernández, este transcribe en el Prólogo al libro Elegías una conversación con Gómez Rojas: “-¿Viene del campo?-me preguntó.

Del campo, ¡y me han azotado! -¿Y qué piensa hacer? -¡Nada! Qué voy a hacer.

Después de varios segundos de silencio, en que sus ojos horadaban mi pensamiento, le dije: -Tengo esto. Le entregué mi drama. Lo leyó. Su comentario fue preciso.: -Hay que representarlo. Está en él la cuestión social. Vale tanto como cualquiera de los Sánchez, Florencio Sánchez. -¿Quién es Florencio Sánchez? -El gran autor uruguayo. Está bien.

Y desde aquél momento su palabra se dedicó a aconsejarme, a enseñarme.”

5 Para apreciar de mejor manera la vida social de las clases populares, leer, por ejemplo: Hijo de Ladrón de Manuel Rojas o Cuando era muchacho de José Santos González Vera.

6 En una edición que realizó Editorial Ercilla (1940) de su libro Rebeldías Líricas, antologada por Andrés Sabella, se nos transcribe un poema titulado “La Biblia” y en el que escribe: “Libro sagrado que cifra el anhelo / del Ser humano que ansía lo infinito / para buscar el terrenal consuelo”.

7 “Conocedor del suburbio, de las casas donde el amor no es amor, donde los moralistas dicen que muere la vida, la muerte y la probidad, y donde, sin embargo, encuentran virtudes infinitas los Tolstoy, y los Alejandro Dumas (hijo), y los Vidal y Planas, su comprensión se desarrolló infinitamente. ” en A. Acevedo Hernández en el Prólogo de Elegías.

8 S. Grez. Op. Cit., p. 248.

9 Ibid.

10 José S. González Vera participa de una velada donde la librepensadora da una charla. Para más señas se puede leer su artículo “Belén de Sárraga” en Aprendiz de Hombre

11 Ibid. P. 270.

12 Ibid.

13 Mario Góngora. Ensayo histórico. Santiago: Edit. Universitaria, 1986, p. 126.

14 Mario Araya. Los Wobblies. Tesis. U Arcis: 2008. Leer la carta que envía Armando Triviño a la sección estadounidense de la I. W. W.

15 Carlos Vicuña Fuentes. La Tiranía en Chile. pp. 114 -115. La negrita es nuestra.

16 En algunos textos se sostiene su filiación a las filas del Centro de la Juventud Radical como factor de confusión ideológica, sin embargo, debemos mencionar que en esta época los radicales se destacaban por su carácter intrínsecamente anti-clerical y librepensador, lo que el poeta debió rescatar a pesar de sus convicciones cristianas, o mejor dicho, mezclándolas con un cristianismo de raigambre anti-católica. Es necesario seguir estudiando la influencia de la corriente del anarquismo cristiano durante estas décadas, del panteísmo y otras visiones de tinte espiritual en relación a las individualidades y grupos anarquistas de entonces y su producción literaria (Ver: Sergio Grez. Los anarquistas y el movimiento obrero y Fabio Moraga & Carlos Delgado. José Domingo Gómez Rojas. Vida y obra). Por último, podemos mencionar como ejemplo que hasta Manuel Rojas militó en las filas del Partido Socialista, aunque fuese sólo durante una semana, lo cual obviamente no lo hizo ni convirtió en un socialista autoritario.

17 Carlos Vicuña Fuentes. La Tiranía en Chile. Santiago: Editorial LOM, 2002, p. 138 -139.

18 Délano & palacios. Antología de la Poesía Social de Chile. P. 9

19 Ibid. P. 10.

20 Ibid. P. 11.

21 Oscar Wilde. El Alma del hombre bajo el Socialismo. México: Fondo de Cultura Económica, p. 48.

22 Manuel Rojas. La oscura vida radiante. Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1971. P. 445.

23 Según Délano y Palacios en su Antología, “La poesía social recibió el influjo del anarquismo y se formó una verdadera serie de poetas “acráticos”, como los llamaron en Selva Lírica, Segura Castro y Julio Molina Núñez: ‘Entre estos espíritus evolucionadotes, está el poeta ácrata, el poeta rojo, el poeta que levanta el amenazante pabellón de los descontentos sobre las cabezas estremecidas por agitaciones huelguísticas o revolucionarias’ [en Selva Lírica, 1917, pág. 469]”, p. 13.

24 Carlos Vicuña. La Tiranía en Chile. Santiago: LOM ediciones, 2002, p. 85.

25 Armando Triviño. “Carta desde Chile (Especial para The One Big Union Monthly) en Armando Triviño: Wobblie […] texto de Víctor Muñoz.

 

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